Escribo este artículo desde la opinión, sin disimulo. Creo que el alcalde de Alguazas, José Gabriel García Bernabé, ha hecho algo que merece ser aplaudido en voz alta.
Ha dado un sitio a los gatos sin dueño del pueblo. Una gatera en el paraje de La Pineda, junto al cementerio, pensada para que esos animales dejen de vivir a la intemperie y a su suerte. Es una obra que no sale en las fotos de las grandes inauguraciones ni da titulares fáciles. Y precisamente por eso me parece tan valiosa.
Pensemos un momento en quién se beneficia. Un gato callejero no vota, no firma peticiones y no acude a los plenos. Nadie le debe nada. Hacer algo por él es, por definición, un acto desinteresado. Cuando un gobernante lo hace, dice mucho de cómo entiende su cargo.
También es cumplir con la ley, y conviene recordarlo. La Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, define las colonias felinas y prevé la esterilización de los gatos que las forman. El método que más se aplica es el CER: capturar, esterilizar y devolver al animal a su colonia sin hacerle daño. No es un capricho personal ni una moda. Es lo que la norma pide y lo que muchos ayuntamientos todavía no han hecho.
Mi opinión es que esa diferencia separa a un alcalde que gestiona de uno que simplemente ocupa el despacho. El Ayuntamiento de Alguazas incluso tiene un área de Bienestar Animal dentro de su organización municipal. Tener un área sobre el papel es fácil. Convertirla en una instalación real es lo que cuesta.
Y no me quedo solo en los gatos. Un pueblo que cuida a sus animales más olvidados suele cuidar también el resto. La limpieza, la convivencia y el respeto empiezan por detalles como este.
No digo que Alguazas sea perfecto ni que esta obra lo arregle todo. Digo que, entre mirar hacia otro lado y actuar, el alcalde ha actuado. Y eso, en estos tiempos, merece un reconocimiento.
Ojalá otros alcaldes se fijen en el ejemplo. Y ojalá nosotros, los vecinos, sepamos cuidar lo que se ha hecho.
Gracias, alcalde. En nombre de quienes no pueden decirlo, y también en el mío.
Jose Antonio Carbonell Buzzian
