«Llámame loca, pero TENGO UNA MISIÓN: voy a echar un polvo, pero un polvo en condiciones, un SEÑOR POLVAZO, con el padre de mis hijos.»

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«Llámame loca, pero TENGO UNA MISIÓN: voy a echar un polvo, pero un polvo en condiciones, un SEÑOR POLVAZO, con el padre de mis hijos.»

MAMÁ EN BUSCA DEL POLVO PERDIDO

Jessica Gómez

«Estábamos a 2 de enero y yo aún tenía rodando por la mesa del salón restos de la cena de Nochevieja. Didier y yo teníamos ganas de mambo, así que, rescatando ese poquito de energía que aún palpitaba bajo capas y capas de sueño, nos pusimos al lío.

Pero, claro, si es fácil no tiene gracia. Los niños se habían dormido pronto, sí, pero en los lugares equivocados. Las superficies blandas disponibles en toda la casa se reducían a dos: la cama de la niña, que soporta máximo sesenta kilos, y la litera del niño que no está pensada para dos adultos haciendo flexiones.

Pero no pasaba nada, porque el amor es joven y nosotros estábamos fogosos: así que nos fuimos al suelo. Y descubrí una verdad horripilante: que el amor es joven, pero mis rodillas se ve que no.

¡¿En qué momento, por favor, en qué momento de mi vida me he convertido en una SEÑORA a quien le sale UN DERRAME EN LA RODILLA POR ECHAR UN POLVO?!

Y este ha sido el punto equis, la zona cero, la hora hache: me niego —espera: una vez más, con más fuerza—, ME NIEGO a aceptar que mi vida sexual se ha convertido en esto. ¿Qué coño estamos haciendo mal? A ratos parece que nos mendigamos, a ratos que nos evitamos y cuando, ¡oh, gloria!, nos encontramos, ¿voy y me reviento una rodilla? ¿En serio?

No, si la culpa es mía porque, claro, una parte de mí —la parte estúpida, probablemente— se quedó embarazada a los veintinueve años y pensaba que iba a tener un bebé y que luego ese bebé crecería, algún día se iría de casa y yo podría retomar mi vida en el mismo punto que la había dejado antes de convertirme en madre. Y va y resulta que no, que mientras el niño tiene la desfachatez de crecer, yo tengo la inconsciencia de ir haciéndome mayor, y aún no me he enterado.

Pues esto se acaba aquí. No voy a seguir dejando pasar el tiempo, como esperando que de pronto un día todo vuelva a ser como antes, como si aún creyera que cuando Didier y yo volvamos a tener tiempo para nosotros seguiremos teniendo treinta años. Estoy motivada. Estoy decidida. Esto cambia a partir de ya. Llámame loca, pero TENGO UNA MISIÓN: voy a echar un polvo, pero un polvo en condiciones, un SEÑOR POLVAZO, con el padre de mis hijos.»

Jessica Gómez

«Como madre de tres lo hago regular, como ama de casa soy el desastre, me peino solo en ocasiones especiales y no sé planchar (es más, desconozco si ahora mismo hay una plancha escondida en algún rincón de mi casa).

Entre los mayores logros de mi vida están haber aprendido un idioma en un mes y una vez que hice el amor en un campo de girasoles. Menos mal que, por lo menos, se me da bien escribir: así puedo contarle al mundo el desorden que es mi vida (y, reconócelo, la tuya un poco también). Escribo desde que tengo memoria, siempre he querido ser escritora y me quitaría internet antes que el teclado.

He publicado algunos libros, aunque ¿quién los cuenta? (Siete, son siete). Siempre he dicho que en la vida hay dos formas de hacer las cosas: la correcta y la divertida. Y aquí hemos venido a divertirnos.»

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