Si el Paraíso en la Tierra existe, está en Maldivas

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Mejor destino del mundo por tercer año consecutivo

Si el Paraíso en la Tierra existe, está en Maldivas

Playas interminables de arena tan fina como la harina y tan blanca como la nieve, pero mucho más cálida; aguas que de lejos son turquesa o azul marino (nunca mejor dicho) y de cerca transparentes como cristal limpio; vegetación de palmeras, cocoteros, árboles del pan e higueras de Bengala que besan el mar y dan sombra a hibiscos y buganvillas; una fauna formada por mariposas, enormes murciélagos fruteros y pequeñas iguanas sobre la tierra y tiburones de distinto tipo y tamaño, mantas raya, curiosos napoleones, atunes, tortugas y millones de pequeños peces de infinitos colores bajo el agua. ¿No es esto el Paraíso?

En este Paraíso, como se ve, no hay serpientes y manzanas que tienten al hombre o a la mujer, pero sí hay otras tentaciones en forma de espectaculares resorts con villas, cabañas y bungalows que hacen equilibrios sobre el mar o se confunden con la selva, restaurantes que ofrecen comidas y bebidas de todos los continentes posibles, piscinas infinitas que se confunden con el océano, deportes de tierra y mar... y la siempre presente tentación de descansar y no hacer nada, de dejar pasar el tiempo mientras el cuerpo se satura de sensaciones agradables. No por casualidad Maldivas ha sido reconocido como mejor destino del mundo por tercer año consecutivo.

No es ninguna novedad comparar Maldivas con el Paraíso. Una vieja leyenda dice que la mano invisible de algún dios tomó un pedacito del Edén para espolvorearlo sobre nuestro planeta, con tal acierto que cayó justamente en forma de una guirnalda formada por 1.200 islas sobre el océano Índico. Los hombres llamaron a ese archipiélago Maldivas, y no es casualidad que en sánscrito ese nombre signifique justamente guirnalda.

La descripción sin caer en superlativos, lo que es tarea complicada, dice que se trata de 26 atolones con una superficie total de solo 298 km2 (España ocupa más de 500.000), con 1200 islas, de las que solo unas 200 están habitadas, la mayoría con un solo resort en cada isla que para poder acoger a sus huéspedes han creado como enormes patas de araña decenas de villas sobre el agua, lo que es uno de sus principales atractivos. Es el país más plano del mundo que apenas supera el metro y medio en las “cumbres” más altas. Para compensar, tiene los mejores fondos marinos que hacen las delicias de los buceadores expertos y los aprendices de snorkel que se deciden a explorar sus profundidades, especialmente en Baa Atoll, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Siempre rodeadas por una maravillosa laguna de tonos turquesa, se pueden encontrar algunas islas con largas lenguas de arena que se pierden en el mar o vistosos arrecifes de coral que se han convertido en hogar de millones de peces de colores y algunos de sus hermanos mayores, incluso el majestuoso tiburón ballena.

Las islas Maldivas son consideradas uno de los tres mejores lugares del mundo para bucear. Sus espectaculares barreras de coral y su exótica fauna marina resultan sorprendentes. Todo ello con el atractivo de que esos maravillosos fondos intactos están en general muy próximos a las playas por lo que incluso quienes bucean solo con tubo y sin bombonas también los pueden disfrutar. El sol del trópico, el agua transparente, las aguas cálidas y las extraordinarias formaciones de corales –se estiman en más de 3.000 arrecifes de coral– las hacen parecer un acuario gigante.

Oficialmente es un país musulmán que controla rígidamente la entrada de alcohol en sus fronteras en el aeropuerto de Male, la capital –la única isla con edificios altos y donde se concentra la mayor parte de la escasa población del país–, confiscando (y devolviéndolo a la salida) hasta las pequeñas botellas de vino que algunos se llevan del avión. Pero en los hoteles los infieles cristianos pueden pecar a gusto con licores y vinos de las mejores marcas. También están prohibidas las figuras religiosas, frecuentes entre quienes vienen de la vecina India.

Aunque aparentemente el plan en cualquiera de las islas es similar: playa, buceo, tumbona, buena comida y bebida, alojamientos suntuosos, conciertos de bodu-beru, excursiones en dhoni al atardecer, visitas a islas desiertas o poblados de pescadores... la realidad es que muchos de los resorts tratan de ofrecer propuestas más originales. Por ejemplo ya hay varios de ellos que han instalado restaurantes bajo el agua pudiendo contemplar la abundante fauna marina mientras se disfruta uno de los 400 vinos diferentes que ofrecen, o alojarse en una villa sobre el agua y darse un chapuzón... bajando desde un tobogán en la habitación, dormir en una habitación burbuja en la playa, nadar junto al tiburón ballena, poder jugar al golf, al tenis o al pádel y luego relajarse en completísimos spas.

Elegir el resort adecuado

Como se ve, cada una de las islas Maldivas ofrecen más o menos lo mismo, la diferencia puede estar en elegir el resort adecuado, aquel que ofrezca lo que se está buscando con un alojamiento original y privado, con instalaciones que permitan disfrutar de los deportes deseados o del ocio más relajado, con una buena y variada oferta gastronómica, con un servicio esmerado y amable y con un toque que lo haga diferente. Hay mucho donde elegir y una buena idea es dejarse aconsejar por expertos que conozcan bien el destino, como es el caso de la mayorista Arena Tours, que lleva ofreciendo Maldivas desde hace más de 16 años. Como la oferta es infinita, nos quedaremos solo con dos muy especiales.

Ubicado en el atolón Male Sur, a 12 kilómetros del aeropuerto internacional de Malé y a unos 25 minutos en lancha rápida, Velassaru Maldives , de 5 estrellas, se presenta como una de las mejores opciones para quienes valoran la privacidad de alojarse en una isla en medio del océano cerca de la capital. La isla es pequeña y puede dársele la vuelta por la orilla del agua en apenas 15 minutos.  

Tiene distintos tipos de alojamientos: bungalows y villas con o sin piscina privada, en la playa o sobre el agua con acceso directo al océano y gran terraza. Todas son amplias y bien equipadas, cuentan con suelos y techos de madera y ventiladores de techo, televisores de pantalla plana, canales internacionales de TV y reproductores de DVD, con minibar, nevera de vino, cafetera y baño completo y en muchos casos ducha privada al aire libre, con bolsas de playa, zapatillas y artículos de aseo personal, algunas tienen camas supletorias para niños. También hay una suite de 270 metros cuadrados, con servicio de mayordomo, una enorme terraza sobre el mar, amplia piscina infinita, zona para comer y con sofás y tumbonas... un auténtico palacio flotante.

Entre baño en el mar y en la piscina infinita con vistas a la playa y al océano, se puede disfrutar de un relajante tratamiento de spa en uno de los pabellones construidos sobre el agua o hacer un viaje con un auténtico barco maldivo, mientras se toma una copa de champán con canapés y frutas, con una tripulación que muestra los métodos tradicionales de pesca. Las instalaciones incluyen un gimnasio y una pista de tenis.

En los cinco restaurantes y dos bares del Velassaru, en la playa, al borde de la laguna, a la luz de las velas o bajo las estrellas, esperan una variedad de cocinas y tentadoras creaciones culinarias. En el restaurante japonés Teppanyaki, en una plataforma sobre el agua se puede saborear salmón chamuscado en woks al fuego, emocionantes bocados de sushi y sashimi y platos innovadores. El Vela ofrece un enorme buffet para el desayuno y la cena con estaciones de cocina con una variedad de tentadores sabores, suculentas carnes importadas y los mariscos locales más frescos. Sabores exóticos en un entorno espectacular, en un espacio destacado uno de esos platos exóticos: paella valenciana. En el vecino Turquesa las comidas son a la carta. Tal vez el mejor es el Sand que como su nombre indica está sobre la arena de la playa o en pequeñas pasarelas sobre el agua, con especialidades del océano Índico mientras se contempla la puesta de sol.

Otra opción con súper todo incluido

Ya desde el aire, tras un vuelo de 40 minutos, mientras el hidroavión que traslada desde la capital Male al atolón de Raa, el esbelto cayo de coral de la isla de Dhigali anticipa la pura felicidad maldiva. Rodeado de un arrecife de coral que protege de las inusuales olas y las visitas indeseadas de pequeños tiburones las playas de la isla parecen un collar de perlas rodeando una frondosa vegetación que apenas deja adivinar qué hay debajo. La isla es relativamente grande, aunque para recorrerla hay un servicio de mini buses eléctricos que circulan cada pocos minutos.  

El elegante y moderno Dhigali Maldives 5*, decorado con estilo y gusto contemporáneo, es un oasis en el atolón Raa, sus playas de finísima arena blanca parecen perderse en el infinito mientras el arrecife de coral que rodea la isla permite practicar snorkel a pocos metros de la playa. Este elegante resort destaca por la calidad de su oferta gastronómica y el completísimo Todo Incluido Premium, que lo convierte en algo realmente exclusivo. También por sus varias iniciativas ambientales, que van desde el diseño de sus villas, la preservación de la flora y la fauna, el tratamiento de las aguas residuales, la ausencia de plásticos y la recuperación de la cocina tradicional.

Porque el concepto Premium que se ofrece a todos los clientes es la mejor manera de experimentar todo lo que este paraíso verde tiene para ofrecer. El desayuno, el almuerzo y la cena están incluidos en la oferta de todo incluido Premium, una selección de vinos y licores también forman parte del paquete. En la habitación se ofrece un completo minibar, con nevera para vinos y champán, con botellas de medio litro de licores con reposición diarios, con aperitivos y dulces y pequeños detalles, desde la tarta de cortesía para los que celebran cumpleaños y aniversarios hasta el Kids Club gratuito para niños de 4 a 12 años.

Son tales los atractivos de cada uno de los alojamientos que se tiene la tentación de disfrutar de ellos y olvidarse por un rato de las maravillosas playas o los fantásticos restaurantes. Incluso los 20 bungalows de playa más sencillos, que están escondidos en jardines tropicales cuentan con un equipamiento de lujo, amplia cama, baño al aire libre y una lujosa ducha de lluvia exterior, una amplia terraza cubierta con tumbonas privadas para relajarse y por supuesto el minibar Premium. Y aunque también hay villas sobre el agua, tal vez resultan más atractivas las Beach Villas a unos metros del agua, con piscina privada y con un baño que consta de una estimulante ducha de lluvia que está abierta al aire templado de la isla y una amplia terraza cubierta al aire libre que conduce a las arenas de porcelana de la playa.

Una impresionante variedad de actividades está disponible en el paquete premium con todo incluido, desde snorkel hasta viajes en barco no motorizado, sesiones de yoga en grupo, acceso al gimnasio y al spa y se ofrece gratuitamente una excursión en crucero para observar delfines y un viaje en barco con fondo de cristal para descubrir, sin mojarse, la increíble fauna marina.

Mención aparte merece la oferta gastronómica. Se puede comenzar el día encargando el desayuno en una bandeja flotante para tomarlo en la piscina privada de la villa. Hay ocho restaurantes a elegir, desde el impresionante buffet para desayuno y cena del Capers con más de un centenar de platos para elegir de todo tipo de cocinas y showcooking en el momento, al sofisticado ambiente, entre plantas y pequeños lagos del Batuttá, que recibe el nombre de Ibn Battuta, uno de los más grandes viajeros del siglo XIV, nacido en Tánger y que recorrió todo el norte de África hasta Oriente Medio y llegó el sudeste asiático y a Maldivas. Una muestra de la cocina de estos países se ofrece en este restaurante único, escondido en la selva de Dhihali.

Ya para terminar el día, nada como un cóctel tropical en el bar Haali, en una cabaña con forma de nido de pájaro y cojines en la playa, desde disfrutar de una buena bebida mientras se contempla el espectacular atardecer y se comprueba que no se está soñando. Que Maldivas es un sueño hecho realidad. 

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