La traicion de la union europea a los agricultores y ganaderos por mercosur

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La traicion de la union europea a los agricultores y ganaderos por mercosur

En un artículo anterior ya advertía de uno de los grandes retos a los que se enfrentan agricultores y ganaderos de la Unión Europea en este convulso 2026: el acuerdo comercial con MERCOSUR. Un pacto que, lejos de ser una oportunidad, se está convirtiendo en una auténtica amenaza para la supervivencia del sector primario europeo.

Ni siquiera las multitudinarias protestas en Bruselas, con más de 10.000 agricultores y ganaderos movilizados, han servido para frenar una operación que parece decidida de antemano. Como mucho, se logró aplazar unas semanas la firma del tratado, prevista inicialmente para diciembre y trasladada a primeros de enero. En aquel momento, el rechazo de países clave como Francia, Italia, Polonia, Hungría e Irlanda impedía alcanzar la mayoría necesaria: el 55 % de los Estados miembros que representaran al menos el 65 % de la población europea.

El objetivo de la Comisión Europea era claro: quebrar ese bloque crítico convenciendo a alguno de los grandes países. Francia, presionada por su potente sector agrario y consciente del coste político interno, se mantuvo firme. Italia, en cambio, acabó cediendo. A cambio de qué, nadie lo sabe. Beneficios opacos, concesiones desconocidas y acuerdos de despacho que nunca se explican al sector afectado. Con el sí italiano, el tablero cambió y la puerta quedó abierta para la aprobación del acuerdo.

El pacto, que podría firmarse en cuestión de horas, afectará de lleno al campo y a la ganadería de toda Europa. Y para suavizar resistencias, la Comisión Europea ha puesto sobre la mesa una promesa millonaria. Tras plantear hace solo unas semanas un recorte del 22 % de la PAC en el próximo Marco Financiero Plurianual 2028-2034, ahora su presidenta, Ursula von der Leyen, promete un acceso anticipado a 45.000 millones de euros a partir de 2028, con cargo al futuro presupuesto de la Política Agraria Común. Fondos que, según se dice, garantizarían recursos adicionales para agricultores, ganaderos y comunidades rurales, sumados a una reserva ya prevista de 6.300 millones para perturbaciones de mercado.

Pero hay una condición ineludible: todo depende de la firma del acuerdo con MERCOSUR. Es decir, o aceptan el pacto o se quedan sin futuro financiero. Esto no es una negociación; es un chantaje en toda regla.

La maniobra es evidente. La Comisión utiliza la PAC como moneda de cambio para sacar adelante un acuerdo estratégico para la Unión Europea, dado que MERCOSUR es el cuarto bloque económico del mundo y el tratado pretende eliminar aranceles al 91 % de las exportaciones europeas. Una operación pensada para beneficiar, principalmente, al sector industrial.

No es casualidad que los países que más han presionado para cerrar este acuerdo sean Alemania y España. En el caso alemán, el interés es claro: su potente industria automovilística. Pero resulta incomprensible la posición del Gobierno español y, en particular, del ministro del ramo, que insiste en presentar el acuerdo como beneficioso para nuestro país. ¿Qué ocurrirá entonces con nuestros cítricos, nuestros cereales o nuestra ganadería? ¿Cómo van a competir con producciones que no cumplen las mismas exigencias sanitarias, medioambientales ni laborales?

Tras analizar todos los hechos, la conclusión es clara: los grandes perdedores de este pacto comercial son los agricultores y ganaderos europeos. Se está sacrificando al sector primario en favor de la industria, con escasa transparencia, sin concreción presupuestaria y sin un plan de futuro que garantice la rentabilidad y continuidad de la agricultura y la ganadería.

El objetivo real parece ser reducir progresivamente la PAC y, con ello, la viabilidad de miles de explotaciones. Anestesiar al sector con ayudas puntuales, convertirlo en subsidiado y expulsarlo del mercado. Y, como consecuencia directa, abrir la puerta a una entrada masiva de productos agrícolas y ganaderos procedentes de MERCOSUR que no cumplen nuestras normas. No solo perderemos producción y empleo: perderemos soberanía y seguridad alimentaria.

Este no es un problema exclusivo del campo. Es un reto de toda la sociedad. Porque sin agricultores y ganaderos no hay alimentos, no hay medio rural y no hay independencia alimentaria. Por eso, hoy más que nunca, es imprescindible apoyar sin fisuras a quienes sostienen el sector primario europeo.

José García Martínez

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