La implantación de los radares de ruido, popularmente conocidos como "radares medusa", empieza a ser una realidad en España. Este sistema, diseñado para detectar y sancionar a los vehículos que superan los niveles acústicos permitidos, ya se encuentra operativo o en fase de pruebas en alrededor de una docena de puntos repartidos por distintas ciudades del país, según confirman fuentes municipales.
El objetivo de estos dispositivos es convertirse en un elemento disuasorio frente a conductas cada vez más habituales en el tráfico urbano, como circular con el volumen al máximo, con el escape roto o con modificaciones no homologadas que incrementan el ruido del vehículo. Todo ello en un contexto de creciente preocupación por la contaminación acústica, especialmente en zonas residenciales, escolares y con alta densidad de tráfico.
A diferencia de los radares de velocidad tradicionales, el radar de ruido mide los decibelios que emite un vehículo en circulación y puede activar una sanción cuando se superan los límites fijados por la normativa local.
Cómo funcionan los radares de ruido o radares medusa
Los llamados radares medusa están equipados con micrófonos de alta sensibilidad capaces de captar el sonido ambiente y con cámaras que registran la matrícula del vehículo cuando se detecta un exceso de decibelios. Un software analiza los datos y determina si el nivel sonoro supera el umbral permitido, lo que puede derivar en una multa económica que, dependiendo del municipio y del exceso detectado, puede oscilar entre los 90 y los 600 euros, e incluso más en los supuestos más graves.
Dudas sobre la fiabilidad del sistema
La llegada de estos dispositivos también ha generado debate en el ámbito jurídico y entre las asociaciones de conductores. Desde Pyramid Consulting advertimos que los radares de ruido plantean interrogantes en cuanto a la seguridad plena de que el ruido captado proceda realmente de un vehículo concreto, especialmente en entornos urbanos donde los edificios cercanos pueden generar ecos y el tráfico denso puede enturbiar la medición sonora.
Estas circunstancias, explican desde la consultora, podrían dificultar la identificación exacta del presunto infractor y abrir la puerta a impugnaciones legales si no se garantiza la precisión técnica del sistema y la correcta individualización del vehículo sancionado.
Posibilidad de reclamar las sanciones
Desde Pyramid Consulting informamos que sí es posible recurrir este tipo de sanciones, especialmente cuando existan dudas razonables sobre la correcta identificación del vehículo causante del ruido o sobre la fiabilidad de la medición, una situación que puede darse con mayor frecuencia en calles estrechas, zonas con rebote acústico o tramos con tráfico intenso.
Además, recuerdan que, como sucede con otros sistemas automatizados de control, la administración debe acreditar de forma clara la infracción y aportar pruebas suficientes que permitan al conductor ejercer su derecho a la defensa, algo que previsiblemente será objeto de análisis y debate en los tribunales a medida que se generalice el uso del radar de ruido.
Un sistema en expansión en las ciudades
Aunque la implantación de los radares de ruido aún es limitada, con una docena de dispositivos ya desplegados en España, varias ciudades han confirmado su interés en ampliar este tipo de controles dentro de sus planes de movilidad sostenible y reducción de la contaminación acústica.
Desde Pyramid Consulting subrayamos la importancia de que la introducción de nuevas tecnologías de control del tráfico vaya acompañada de criterios técnicos claros, transparencia y seguridad jurídica, para evitar sanciones injustas y garantizar una correcta aplicación de la normativa.
