Según Julio Maset, médico de Cinfa, se debe descartar el ayuno o la dieta astringente y, en su lugar, tomar "alimentos suaves de la dieta habitual"
Una persona con gastroenteritis puede contagiarla antes de que surjan los síntomas y hasta unos días después de haberse recuperado
Como los catarros, la gripe o el covid, la gastroenteritis vírica es una patología recurrente entre la población durante la época invernal. Esta infección es, de hecho, una de las enfermedades más comunes en la población española de cualquier edad, aunque son los menores de cinco años y las personas de edad avanzada quienes presentan mayor riesgo de padecerla.
Como explica Julio Maset, médico de Cinfa, lo que popularmente se denomina como 'gripe estomacal' "es una inflamación del estómago, provocada por determinados virus, que altera la capacidad del intestino para regular la absorción y la secreción de sales y agua. Esto se traduce en síntomas como diarrea, vómitos, fiebre generalmente baja y dolor abdominal. Pero lo más preocupante es que la incapacidad para tolerar alimentos y/o líquidos durante varios días provoque deshidratación, que puede llegar a ser grave en niños y personas de edad avanzada. Podemos reconocerla fácilmente por signos como la boca seca, llanto sin lágrimas, ojos hundidos y menor cantidad de orina".
Una persona infectada —en cuyas deposiciones y vómitos está presente el virus— puede contagiar a otra desde antes incluso de que surjan los síntomas y hasta unos días después de haberse recuperado. En el caso del concreto del norovirus, uno de los microorganismos más comunes causantes de gastroenteritis, la propagación puede tener lugar ingiriendo alimentos o líquidos contaminados, compartiendo alimentos o cubiertos con una persona enferma o tocando superficies u objetos contaminados y luego llevándose las manos a la boca.
"Por tanto, es crucial extremar las medidas de higiene, como el lavado frecuente de manos con agua y jabón o, tras un episodio de diarrea y vómitos, desinfectar todas las superficies que se hayan podido contaminar", recuerda el doctor Maset.
Una patología que desaparece por sí sola
Los síntomas de la gastroenteritis duran normalmente de uno a tres días y luego la afección suele desaparecer por sí sola con una hidratación adecuada, pero, durante el periodo en que se sufren todas estas molestias, el organismo es prácticamente incapaz de tolerar ningún alimento. "Por eso, el objetivo del tratamiento es evitar la deshidratación intentando reponer las sales y minerales perdidos en la diarrea y el vómito mediante la ingesta de líquidos con composición pensada específicamente para ello. Podemos recurrir a los sueros de rehidratación oral con glucosa y sodio de venta en farmacias, pero no refrescos ni a bebidas isotónicas para deportistas, debido a que su composición es diferente y está pensada para reponer las pérdidas por sudoración, que es diferente", recalca.
Para mejorar su asimilación y evitar vómitos, los líquidos deben tomarse lentamente cada quince a treinta minutos y a sorbos pequeños. En caso de niños pequeños, es importante no forzarles a beber y darles líquido solo cuando tengan sed y en pequeñas cantidades, ayudándonos por ejemplo de una cucharilla. En lactantes no se debe interrumpir la lactancia y se debe consultar al pediatra.
Respecto a la alimentación, al contrario de lo que se piensa, no es necesario el ayuno ni tampoco es imprescindible una dieta astringente. Según el experto, "lo más conveniente es ingerir alimentos suaves de la dieta habitual y evitar, al igual que con los líquidos, los que contienen exceso de azúcares o grasas".
En algunos casos, el médico puede recomendar el uso de analgésicos para mitigar síntomas como el dolor y/o la fiebre y de antieméticos para mejorar las náuseas y vómitos. "Cabe recordar que los antidiarreicos no ayudan y que los antibióticos no son efectivos en caso de infecciones víricas y, además, pueden agravar la diarrea", añade Maset.
10 claves para combatir la gastroenteritis:
Hidrátate mucho, pero poco a poco. Durante los episodios más agudos de la enfermedad, asegúrate de reponer los líquidos y sales bebiendo mucho líquido -agua o soluciones de rehidratación oral-, pero en pequeñas cantidades y cada quince a treinta minutos, ya que beber demasiado de golpe puede provocar nuevos vómitos.
Inicia tu alimentación habitual en cuanto sea posible. Come en cuanto tengas apetito. Toma alimentos suaves de tu dieta habitual que te resulten apetecibles y, conforme te sientas mejor, ve incrementando la cantidad que ingieres. Los únicos alimentos desaconsejados son los que contienen demasiada grasa o azúcares.
Lávate las manos a menudo. Hazlo cuidadosamente con agua tibia y jabón o, en su defecto, con gel hidroalcohólico, durante al menos quince segundos.
Manipula y conserva bien los alimentos. Cualquier alimento que se manipule de manera inadecuada puede contaminarse con norovirus. Por eso, lava y enjuaga bien las verduras de hojas verdes como la lechuga o la espinaca, las frutas frescas y los moluscos vivos.
Máxima limpieza en la cocina. Realiza una limpieza escrupulosa de los cubiertos, utensilios de cocina y superficies, especialmente tras un episodio de vómitos o diarrea.
No tomes antibióticos. En el caso de la gastroenteritis vírica, es decir, causada por virus y no por bacterias, los antibióticos resultan totalmente inútiles. No existe medicación específica para esta afección, salvo la rehidratación oral. En casos de fiebre pueden emplearse antitérmicos.
Los antidiarreicos no ayudan. Este tipo de medicamentos no se deben suministrar, tampoco a menores sin hablar primero con el médico, ya que pueden provocar que la infección dure más tiempo. A las personas que toman diuréticos y desarrollan diarrea, el médico les puede recomendar suspender su consumo durante un episodio agudo.
Valora el uso de probióticos. Tu médico o farmacéutico pueden recomendarte probióticos para ayudar a repoblar la flora intestinal.
La deshidratación, bajo control. Es la principal complicación de la gastroenteritis, por lo que es importante reconocer sus síntomas —piel seca y arrugada; irritabilidad o confusión; mareos o aturdimiento; latidos cardíacos y respiración rápidos, entre otros— y acudir al médico ante ellos. Además, el riesgo de deshidratación es mayor en los bebés y niños pequeños.
Consulta a tu médico si el proceso no remite. Los síntomas asociados a la gastroenteritis suelen desaparecer por sí solos al cabo de entre uno y tres días, aunque pueden llegar a durar hasta quince. Si pasado ese tiempo sigues presentando molestias, acude a tu especialista de cabecera. Consúltale también antes de dejar de tomar cualquier medicamento prescrito con anterioridad a contagiarte.
