El descanso en pacientes encamados; cómo mejorar el confort y prevenir complicaciones

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El descanso en pacientes encamados; cómo mejorar el confort y prevenir complicaciones

Cuando una persona permanece encamada durante largos periodos de tiempo, el descanso deja de ser solo una cuestión de confort y pasa a ser un factor clave para su salud. La falta de movimiento, un sueño poco reparador o una superficie inadecuada pueden desencadenar complicaciones graves si no se previenen a tiempo.

Cuando se habla de paciente encamado, nos referimos a personas que, por el estado de su salud, pasan en la cama la mayor parte del día, e incluso las 24 horas. Esta situación requiere una atención específica y cuidados continuados para evitar problemas asociados al encamamiento prolongado.

Problemas habituales en personas que pasan muchas horas en la cama

La permanencia prolongada en cama produce una serie de consecuencias físicas. Entre las más habituales se encuentra la pérdida de tono y masa muscular debido a la falta de movimiento. También pueden aparecer contracturas, ya que muchas personas tienden a adoptar de forma involuntaria una posición fetal, lo que provoca, por ejemplo, la contracción de los músculos aductores de las piernas y dificulta tareas básicas como el cambio de pañal.

A nivel digestivo, es frecuente el estreñimiento, y uno de los problemas más graves asociados al encamamiento es la aparición de úlceras por presión, también conocidas como UPP o escaras.

Importancia del descanso en personas mayores encamadas

Conciliar el sueño cuando se pasa todo el día en la cama no siempre es sencillo, ya que suele existir poco cansancio físico. Sin embargo, el descanso es vital para la salud física y mental. Dormir bien permite la recuperación de energía, fortalece el sistema inmunológico, regula el ritmo cardíaco y ayuda a prevenir el deterioro cognitivo.

Dormir menos de siete horas o tener un sueño de mala calidad aumenta de forma significativa el riesgo de problemas cardiovasculares, como la elevación de la presión arterial.

Cómo prevenir los problemas derivados del encamamiento prolongado

Ejercicios y movilización en cama

Para evitar rigideces y contracturas, es recomendable realizar ejercicios en la propia cama. Estos pueden ser activos, si el paciente conserva cierta capacidad de movimiento, o pasivos, realizados por la persona cuidadora, siempre de forma suave y sin provocar dolor. Si el paciente puede incorporarse o sentarse en la cama, las posibilidades de movilización aumentan considerablemente.

Trabajo respiratorio

A nivel respiratorio, se busca mejorar la capacidad cardiorrespiratoria y evitar la acumulación de secreciones. Un ejercicio sencillo consiste en colocar las manos sobre el abdomen, inspirar por la nariz observando cómo se hincha y expulsar el aire lentamente por la boca. Este ejercicio puede repetirse unas diez veces.

En una fase posterior, se pueden añadir movimientos de brazos y piernas de forma progresiva, siempre adaptándose a la capacidad de la persona.

Movilización pasiva y estímulo corporal

Cuando las movilizaciones son pasivas, deben realizarse de forma continua y controlada, recorriendo todas las articulaciones del cuerpo según su movilidad natural. Articulaciones como codos y rodillas permiten flexión y extensión, mientras que hombros y caderas admiten movimientos más amplios como rotaciones o circunducciones.

La movilización del cuerpo aporta un estímulo muy beneficioso a nivel muscular, propioceptivo y cutáneo, ya que mejora el riego sanguíneo y la percepción corporal.

Cambios posturales y cuidado de la piel

La aparición de úlceras por presión se debe a que determinadas zonas del cuerpo, como el sacro o los talones —las más afectadas en personas encamadas— soportan de forma continuada el peso de las prominencias óseas, lo que provoca una disminución del riego sanguíneo y puede llegar a causar necrosis del tejido.

Por ello, es fundamental seguir un protocolo de cambios posturales. Lo habitual es realizar cambios cada dos horas cuando la persona está en cama y cada 30 minutos si permanece sentada. De este modo, se alternan posiciones boca arriba y sobre ambos costados. Siempre que sea posible, la postura sentada puede incorporarse en momentos puntuales, como durante las comidas.

Además, la piel debe mantenerse limpia, seca y bien hidratada mediante cremas o aceites protectores adecuados.

Superficies de descanso adecuadas para pacientes encamados

Cuando una persona pasa muchas horas en la cama, contar con una superficie de descanso adecuada es fundamental. Estas soluciones no sustituyen a los cambios posturales, pero los complementan y multiplican su efecto preventivo.

El uso de colchones antiescaras permite repartir la presión corporal, mejorar el confort y reducir de forma significativa el riesgo de úlceras por presión en personas encamadas o con movilidad muy reducida.

Se trata de sobrecolchones de aire que se colocan sobre el colchón de la cama y hacen que el paciente quede “flotando”, evitando que las prominencias óseas presionen directamente sobre la piel. Algunos modelos incorporan un compresor que va redistribuyendo el aire de forma alternante, mientras que otros, sin motor, reparten las presiones gracias a materiales elásticos específicos.

Existen también soluciones similares en formato cojín para personas que permanecen muchas horas sentadas, ya que la zona del sacro es especialmente vulnerable tanto en posición tumbada como sentada.

Cuándo es recomendable utilizar un colchón antiescaras

El uso de este tipo de superficies está indicado siempre que la persona tenga dificultades para moverse de forma autónoma en la cama. Es habitual en casos como Parkinson, demencia, postoperatorios de cadera, ictus, así como en personas muy delgadas o con obesidad que presentan limitaciones funcionales.

Incluso aunque no se pase todo el día en la cama, el tiempo de descanso nocturno puede ser suficiente para que se inicie una escara si no se toman medidas preventivas.

Las úlceras por presión son especialmente peligrosas porque pueden avanzar en profundidad sin que su tamaño externo lo refleje, llegando incluso al hueso y provocando infecciones graves. Aunque pueden tratarse con cuidados de enfermería, su curación es lenta y existe un alto riesgo de reaparición.

Por todo ello, en el cuidado de personas encamadas, la prevención sigue siendo siempre la mejor forma de proteger la salud y mejorar la calidad de vida, tanto del paciente como de quienes le acompañan en su día a día.

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