Aprender idiomas con IA no basta: ASEPROCE recomienda la experiencia internacional

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Aprender idiomas con IA no basta: ASEPROCE recomienda la experiencia internacional

La Asociación alerta de que, pese al auge de la inteligencia artificial aplicada al aprendizaje de idiomas, la experiencia de inmersión lingüística y cultural sigue siendo insustituible.

Según datos de la Comisión Europea, más del 90 % de los estudiantes que participan en programas de movilidad educativa mejora sus conocimientos lingüísticos y desarrolla competencias clave para su futuro académico y profesional.

Mientras la inteligencia artificial gana protagonismo en el aprendizaje de idiomas,  ASEPROCE (Asociación Española de Promotores de Cursos en el Extranjero) lanza un mensaje claro: las aplicaciones y asistentes digitales no sustituyen la inmersión lingüística y cultural que ofrece estudiar un idioma en el extranjero.

Las herramientas basadas en IA han transformado la forma de aprender idiomas y facilitan la práctica diaria desde cualquier lugar. Sin embargo, los datos institucionales sobre movilidad educativa muestran que la experiencia internacional aporta beneficios que la tecnología, por sí sola, no puede replicar, especialmente en el uso real del idioma, la fluidez oral y la comprensión cultural.

De hecho, según datos de la Comisión Europea, más del 90 % de los estudiantes que han participado en programas de movilidad educativa afirma haber mejorado sus conocimientos lingüísticos y su comprensión de otras culturas[1], además de desarrollar competencias transversales clave para su futuro académico y profesional.

“La inteligencia artificial es una herramienta muy útil como apoyo, pero no sustituye la experiencia de vivir y comunicarse en otro idioma en situaciones reales”, explica Pablo Martínez de Velasco, presidente de ASEPROCE. “La inmersión obliga al estudiante a pensar, reaccionar y resolver problemas en otra lengua de forma constante, algo que ninguna aplicación puede reproducir completamente”.

La Comisión Europea señala también que la movilidad internacional contribuye de forma significativa al desarrollo de habilidades como la autonomía, la adaptabilidad y la comunicación intercultural, cada vez más valoradas en un mercado laboral globalizado.

Desde ASEPROCE recuerdan que aprender un idioma no consiste únicamente en adquirir vocabulario o estructuras gramaticales, sino en desenvolverse con naturalidad en situaciones cotidianas, comprender matices culturales y comunicarse con confianza. Aspectos que, a día de hoy, solo se consolidan plenamente a través de la inmersión en el país de destino.

La asociación destaca además que los programas educativos en el extranjero han evolucionado, incorporando metodologías innovadoras y el uso responsable de herramientas digitales y de inteligencia artificial como complemento al aprendizaje, siempre dentro de un entorno real y supervisado.

“Lejos de competir, la IA y la experiencia internacional pueden convivir y reforzarse mutuamente”, concluye Martínez de Velasco. “Pero es importante no trasladar la idea de que aprender un idioma desde una pantalla ofrece los mismos resultados que vivirlo en primera persona”.

En un momento en el que estudiantes y familias buscan una formación eficaz y con retorno a largo plazo, ASEPROCE insiste en que estudiar idiomas en el extranjero sigue siendo una de las vías más completas y contrastadas, incluso en la era de la inteligencia artificial.

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