El periodista explica a Cayetana que jamás necesitó salir del armario, que el miedo es terrible y que se debe educar al entorno
Boris explica cómo mantiene la llama viva y destaca sus claves para sostener una relación duradera
Anna Sánchez, sexóloga de Platanomelón, explica a Cayetana y Boris los 4 antídotos ante los patrones de comunicación destructivos
Platanomelón, marca referente en bienestar sexual y promotora del movimiento sex positive, junto a Cayetana Guillén-Cuervo, dan voz en el octavo episodio de “No te lo Cayes” a Boris Izaguirre. El periodista y presentador de televisión aborda su experiencia personal, su suerte al tener los padres que tuvo y cómo mantener la llama después de tantos años en pareja.
Sin armarios: educar y redefinir etiquetas
Boris explica que nunca ha tenido que salir del armario, y que su madre le decía que “el closet es para la ropa” y remarca que “estar en el armario no suele ayudar a nadie. El miedo es terrible y se debe educar a los padres y a los amigos”. Durante la conversación, Boris recuerda la influencia fundamental de sus padres: “Mi papá y mi mamá son superhéroes”, y explica cómo el mundo le ha permitido definirse sin etiquetas: “el mundo me ha permitido cambiarme a mí mismo, como por ejemplo no ser solo una cosa, no soy solo de un país”. Además, explica que ser “hijo de” le ha permitido abrirse muchas puertas.
En este proceso de construcción personal, Boris comparte que hoy se permite mirar su sexualidad desde un lugar más amplio y libre, reconociendo que le gustaría abrazar también su bisexualidad y dejar espacio a que su deseo siga evolucionando con el tiempo. Durante el capítulo, el periodista confiesa que su despertar sexual fue con un chico y, que, al llegar a España, lo primero que hizo fue enamorarse de un español, su marido Rubén Nogueira. Mientras se conocían, se dieron cuenta, escuchaban la misma música, leían los mismos libros… no era una casualidad, ,se habían educado de la misma manera precisamente para encontrarse.
Claves para sostener una relación duradera en el tiempo
A lo largo del episodio, el periodista va desmontando uno de los grandes tabúes que siguen rodeando al deseo con el paso del tiempo. “Tengo 60 años y sigo manteniendo relaciones sexuales”, afirma con naturalidad, poniendo sobre la mesa los prejuicios que asocian la edad con la pérdida de deseo y de vida sexual. Lejos de esa idea, Boris reivindica una sexualidad activa, libre y sin culpa, recordando que el placer no tiene fechas de caducidad y el deseo no desaparece con los años, sino que se transforma. Una reflexión que conecta con la necesidad de normalizar el sexo en todas las etapas de la vida y de romper con una mirada edadista que sigue invisibilizando el placer en la madurez.
Después de tantos años, mantener la llama viva en una relación es fundamental. La constancia, el deseo, la comunicación y la adaptación mutua son claves para sostener una relación duradera en el tiempo.. Con más de 30 años junto a su marido, Boris Izaguirre reflexiona junto a Cayetana Guillén-Cuervo sobre cómo el amor a largo plazo va más allá de la pasión inicial y desde esta experiencia personal, explica que requiere aprender a convivir, escucharse y gestionarse como equipo, también en los momentos de conflicto. Poner el foco en la forma en la que nos comunicamos en pareja y en aquellas dinámicas que, si no se revisan, pueden acabar desgastando la relación.
En este sentido, Boris destaca que, para él, uno de los pilares para mantener la sexualidad viva con la misma persona a lo largo de los años es el sexo oral: “el sexo oral tiene mucho recorrido, es mucho más profundo de lo que puedas imaginar”.
Antídotos para patrones de comunicación destrucción en pareja
En este capítulo, la sexóloga de Platanomelón, Anna Sánchez, aborda los llamados cuatro jinetes del apocalipsis del psicólogo John Gottman, unos patrones de comunicación que, cuando se repiten, aumentan significativamente el riesgo de ruptura. Sánchez recuerda que “cerca del 70% de los conflictos de pareja no se resuelven nunca”, ya que no se modifica la forma de relacionarse ni de comunicarse. Los cuatro jinetes del apocalipsis son:
Crítica: deja de centrarse en una conducta concreta y pasa a atacar a la persona y su identidad. Suele esconder una necesidad emocional no expresada.
Desprecio: aparece en forma de sarcasmo, burlas o actitudes de superioridad. Es especialmente dañino porque erosiona la autoestima y rompe la conexión emocional.
Actitud defensiva: responder justificándose o contraatacando impide asumir responsabilidades y mantiene el conflicto activo. La empatía es clave para cortar este patrón.
Evasión: tomar distancia puede ser sano si se comunica, pero retirarse para castigar, ignorar o evitar el conflicto acaba debilitando la relación.
Para poder ayudar a estos cuatro patrones, la sexóloga de la compañía da cuarto antídotos:
Ante la crítica: expresar cómo nos hemos sentido sin reproches. Una queja suave y centrada en nuestras emociones permite que la pareja escuche sin sentirse atacada.
Frente al desprecio: practicar la gratitud y mostrar aprecio. Reconocer el amor y los gestos de la pareja, y hacérselo saber, refuerza la conexión emocional.
Responsabilizarnos: aceptar nuestra parte en los conflictos. Frases como “Creo que puedes tener razón en esto” ayudan a romper la dinámica defensiva y fomentan el diálogo.
Autocalma: reconocer cuando estamos nerviosos y necesitamos espacio. Alejarse temporalmente o cerrar la puerta puede ser útil si primero nos calmamos para no decir algo que pueda herir.
A partir de esta reflexión, Boris reconoce identificarse con la actitud defensiva y la evasión y confiesa: “es cobarde el no enfrentarse, no plantarse ante la cosa”, admitiendo la contradicción que percibe entre ambas conductas.
