De la cabeza a los pies "todo es comunicación en la persona"
Escucha activa para fijar elementos del emisor en el receptor
No es lo mismo oír que escuchar
Las claves de una escucha eficiente para un diálogo eficaz
Los errores de no escuchar al contrario en la política, en la relación social y familiar
Las pantallas y el móvil son enemigos de la escucha activa
Para una eficaz comunicación en el ámbito en el que nos desenvolvamos, ya sea profesional, social o familiar, debemos prestar atención especial a lo que nos dicen y cómo nos lo dicen. Hay que captar los sonidos de la conversación de la persona que tenemos enfrente, pero no solo eso, es necesario tener en cuenta el ritmo, tono, frecuencia y velocidad de sus palabras, pero también de lo que expresa el lenguaje no verbal de sus ojos, su rostro en general, sus miradas, cuerpo y manos.
"Todo es comunicación en la persona", opina el experto y docente de habilidades de comunicación de la Fundación Casaverde, Julio García Gómez, que asegura que también los silencios y las pausas son parte esencial del diálogo y de la escucha activa. Las tramos sin sonidos forman parte también de los elementos de la conversación y es necesario tenerlos en cuenta a la hora de responder a una pregunta en que el emisor deja una pausa para que contestemos.
De los silencios a las respuestas "metralleta"
El silencio también juega un importante papel en la tertulia entre varias personas que manifiestan opiniones enfrentadas, pues es en esa pausa, que deja el interlocutor, donde lo podemos desarmar si actuamos velozmente con una respuesta "metralleta". Pero seamos cautos en estas circunstancias porque la celeridad nos puede jugar una mala pasada. La rapidez en la conversación influye en la capacidad de persuasión y de convicción. Contar hasta 10 es buen consejo a la hora de evitar el disgusto y la bronca entre nuestros políticos, que tienden a escuchar poco y hablar en exceso. Van con la lección y las consignas aprendidas sin dar lugar a la reflexión en la respuesta.
Saber repentizar e improvisar sin papeles
Otro de los aspectos de que adolecen nuestros políticos es la escasa capacidad de saber repentizar adecuadamente. Están más acostumbrados a seguir un texto en papel que a llevar tres ideas en la cabeza y sobre ellas argumentar y pronunciar un discurso. Saber leer bien, con precisión y exactitud también es un arte de la oratoria, la elocuencia y la retórica.
En el ámbito familiar también se dosoye habitualmente lo que el padre dice al hijo y viceversa porque hay poco hábito de expresión oral por el uso excesivo del móvil y las pantallas, que son el enemigo número uno de la escucha activa y el pretexto para grabar un audio rápido o unas frases en el chat.
No es lo mismo oír que escuchar. Nos llegan los sonidos de las palabras, pero no nos detenemos a desentrañar el auténtico significado de lo que nos dicen. De hecho, en conversaciones habituales solo prestamos atención a veces cuando el interlocutor eleva el tono de la conversación.
Hablar en un ritmo acompasado y regular, pero sin caer en la monotonía, con la modulación adecuada y vocalizando bien son reglas básicas de la conversación. Hemos de cuidar por igual qué digo y cómo lo digo. A veces hay una polución conversacional, por ejemplo en tertulias y coloquios de televisión o radio, donde los participantes solo oyen, pero no escuchan y se pisan unos a otros.
Hay que escuchar atentamente, pensar la respuesta con rapidez y expresarla en toda su dimensión con fortaleza y capacidad de convicción.
Julio García Gómez, es profesor de habilidades y competencias en comunicación y expresión. Director de Comunicación de la Fundación Economía y Salud.
