Las tendencias en descanso del último año según Conforama revelan que casi 6 de cada 10 consumidores optan por colchones de gran formato
El 30% de los españoles elige camas de 150 x 190 cm y un 9 % se inclina por las de 180 x 200 cm, para una mayor comodidad durante el sueño
La firma se une a Carmen Domínguez, socióloga y experta en higiene del sueño, para revisar los hábitos de descanso y ofrecer pautas que mejoren su calidad
El 58 % los consumidores españoles escoge camas de gran formato para descansar mejor. Así se desprende de los datos de mercado de Conforama, la firma de referencia en equipamiento del hogar y especializada en colchones, que ha examinado los hábitos de compra de los consumidores españoles en el último año[1] y los ha analizado junto a la socióloga y experta en higiene del sueño, Carmen Domínguez.
Entre los colchones de gran formato preferidos en España, el queen size de 150 x 190 centímetros se consolida como la medida predominante, elegida por el 29,8% de los consumidores, por delante de la cama de matrimonio tradicional de 135 x 190 cm (19,2%). Un 9 % de los españoles se inclina por el tamaño king size de 180 x 200 centímetros, un formato que refleja que tanto la anchura como la longitud del colchón ganan protagonismo entre los consumidores: a mayor tamaño de colchón, mayor sensación de confort y libertad de movimiento durante la noche. Por otro lado, en relación con los formatos individuales, la medida estándar de 90 x 190 centímetros es la opción preferida por la mayoría de los españoles para dormitorios juveniles, habitaciones individuales o segundas residencias, donde el espacio y la practicidad son esenciales.
En paralelo, también evoluciona la tecnología empleada para la fabricación del colchón. Según los datos analizados por Conforama, actualmente, el tipo de composición preferida por más de la mitad de los consumidores españoles (53,3%) es la espuma de alta resiliencia o HR (High Resilience) con viscoelástica, una combinación apreciada por su confort, su adaptación al cuerpo y el alivio de presión. Por otro lado, un 45,8 % opta por los muelles, donde cabe distinguir entre los ensacados, elegidos por el 27,8 % de los españoles, que evitan la transferencia de movimientos y reducen la sensación de calor, y los de hilo continuo, con un 18%, que garantizan firmeza y resistencia. Más allá del material del colchón en sí, los consumidores buscan beneficios concretos según sus necesidades, como la independencia de lechos en el caso de dormir en pareja; una buena ventilación, especialmente ante las altas temperaturas nocturnas del verano; o una mayor adaptabilidad ante posibles molestias de espalda.
Los españoles, más exigentes con su descanso
Cada vez se apuesta más por camas de mayor tamaño y por tecnologías que favorecen la independencia de lechos, un cambio que refleja cómo los españoles reinterpretan el descanso. Para entender esta evolución, Conforama, en colaboración con la socióloga y experta en higiene del sueño Carmen Domínguez, ha analizado cómo han cambiado los hábitos y cómo influyen en la calidad del descanso, lo que plantea una pregunta cada vez más presente: ¿es verdad que dormimos peor o simplemente somos más conscientes de la importancia de dormir bien?
Según explica Carmen Domínguez, ambas cosas pueden estar ocurriendo a la vez. “Somos más exigentes con nuestro descanso, sin duda, pero también vivimos en un entorno que favorece que durmamos peor”, señala la experta. En España, alrededor del 21% de los adultos reporta al menos un síntoma de insomnio tres o más noches por semana y la prevalencia de insomnio crónico alcanza ya el 14%, según datos de organizaciones especializadas en sueño. En este sentido, distintos estudios estiman que casi la mitad de los adultos no disfruta de un sueño de calidad y duerme menos de 7 horas al día, además de reconocer que descansa peor en pareja[2], lo que refleja una preocupación creciente por este tema.
Para Domínguez, factores como el estrés, la hiperconectividad o la exposición prolongada a pantallas antes de dormir están transformando nuestros hábitos de descanso: “La sociedad moderna ha ido recortando horas al sueño en favor de la productividad y del ocio digital. No solo dormimos menos, sino que dormimos más activados”. Para garantizar un descanso adecuado, la experta destaca tres aspectos clave:
Más espacio, menos interrupciones
La tendencia hacia camas más grandes también tiene una explicación fisiológica. Tal como argumenta Carmen Domínguez, durante la noche realizamos numerosos cambios posturales necesarios para redistribuir presiones corporales. Cuando se duerme en pareja, estos movimientos pueden transmitirse al otro durmiente y provocar micro despertares, pequeñas activaciones cerebrales que fragmentan el sueño y reducen su profundidad. “Durante el sueño nocturno el cerebro permanece en un estado de vigilancia parcial, por lo que cada cambio postural puede convertirse en una pequeña vibración que el sistema nervioso detecta”, explica la experta.
En este contexto, el espacio y la tecnología del colchón juegan un papel crucial. “Las superficies más amplias y los sistemas con independencia de lechos reducen la transmisión de movimiento y favorecen la estabilidad del sueño de ambos miembros de la pareja”, señala Domínguez. Tecnologías como los muelles ensacados ayudan a limitar esas vibraciones y permiten que cada durmiente mantenga su propio descanso.
Por otro lado, no hay que olvidar la temperatura del entorno de descanso. La experta apunta que “para dormir, el organismo necesita descender ligeramente su temperatura corporal, por lo que materiales transpirables y tecnologías termorreguladoras ayudan a mantener un entorno térmico estable y a reducir los despertares nocturnos”. Además, recuerda que incluso quienes duermen solos tienden a elegir camas más grandes porque proporcionan mayor libertad postural y sensación de amplitud, factores que facilitan la relajación necesaria para conciliar el sueño.
- El colchón también tiene fecha de renovación
Otro aspecto clave para garantizar un descanso adecuado es la renovación periódica del colchón. Tal como afirman los expertos en descanso de Conforama, debería sustituirse cada 8 a 10 años, ya que con el tiempo pierde firmeza y capacidad de soporte. “A medida que se usa, el colchón pierde capacidad de recuperación y se altera la distribución del peso corporal; además, se acumulan ácaros con el tiempo, un factor que influye en la higiene y el confort del descanso”, explica Carmen Domínguez. Entre las señales que indican que ha llegado el momento de cambiarlo destacan despertarse con dolor lumbar o rigidez cervical, notar hundimientos o experimentar mayor número de cambios posturales durante la noche.
- La almohada, la gran olvidada
Junto al colchón, la almohada juega un papel fundamental en la calidad del descanso. Conforama recomienda renovarla aproximadamente cada dos años, ya que con el uso pierde firmeza y capacidad de soporte cervical. “La almohada regula la alineación de la columna cervical. Una altura inadecuada puede provocar tensión en cuello y hombros, generando micro despertares y rigidez matutina”, expone Domínguez. Por ello, su elección debe adaptarse a la postura al dormir: quienes descansan de lado suelen necesitar una almohada más alta, mientras que quienes lo hacen boca arriba requieren una altura media que mantenga la alineación del cuello. Además, tal como recuerda la experta, “cada persona debería utilizar una almohada adaptada a su constitución y forma de dormir, ya que no existe un modelo universal válido para todos”.
¿Cómo mejorar la calidad del sueño?
Conforama junto a la experta en higiene del sueño Carmen Domínguez proponen seis recomendaciones básicas para mejorar el descanso nocturno:
- No existe un colchón para todos: firmeza, materiales y altura deben adaptarse al cuerpo y a la postura de cada persona. La comodidad percibida depende tanto de la constitución física como del tipo de colchón.
- La temperatura condiciona el sueño: dormir en un entorno entre 18 y 21 ºC facilita la conciliación del sueño. Los colchones termorreguladores ayudan a mantener la temperatura estable durante toda la noche.
- Dormir en pareja requiere independencia de lechos: sistemas que aíslan el movimiento, como los de muelles ensacados reducen microdespertares y favorecen la continuidad del sueño, lo que impacta positivamente en la convivencia diaria.
- La higiene del colchón importa: ácaros, humedad y alérgenos pueden interferir en el descanso. Ventilar y limpiar sábanas regularmente protege la salud respiratoria y el confort nocturno.
- La firmeza debe adaptarse a postura y peso: una superficie adecuada mantiene la columna alineada, distribuyendo el peso sin generar puntos de presión, para evitar molestias corporales.
- Invertir en descanso es invertir en salud: dormir bien protege la salud física, emocional y cognitiva y evita el desarrollo de enfermedades. Es importante cuidar nuestro espacio de descanso para prolongar nuestra calidad de vida. “Dormir mejor no depende solo de dormir más, sino de hacerlo en el entorno adecuado”, remarca Domínguez.
