Estos aprendizajes permiten que, en el futuro, los jóvenes desarrollen mayor independencia financiera, tomen decisiones más informadas y eviten endeudarse por encima de sus posibilidades.
Promover la cultura del ahorro desde la niñez es clave para formar ciudadanos responsables con sus finanzas. Según datos de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS), alrededor del 58 % de peruanos utiliza una cuenta de ahorro; sin embargo, solo el 42 % logró ahorrar durante el último año. Del mismo modo, seis de cada diez ciudadanos no tienen la capacidad de guardar una porción de sus ingresos, lo que refleja una limitada cultura financiera en amplios sectores de la población.
En este contexto, y en el marco de la Semana Mundial del Ahorro, es importante conocer y promover hábitos de ahorro desde edades tempranas. Sergio de la Piedra, docente de la Facultad de Economía de la Universidad de Lima, explica que crear este hábito desde temprana edad mejora la capacidad de enfrentar imprevistos en la adultez y contribuye al desarrollo de habilidades como la planificación, la disciplina y la toma de decisiones responsables a lo largo de la vida.
"El ahorro no debe entenderse como una acción aislada, sino como un hábito que se construye con el tiempo. Si se cultiva desde la niñez, se vuelve constante cuando uno llega a la adolescencia o adultez. Además, no solo impacta en la relación con el dinero, sino también en el desarrollo personal: fomenta la disciplina y permite evitar problemas como el sobreendeudamiento y gasto impulsivo", resalta el especialista.
En ese sentido, el docente propone cinco consejos prácticos para fomentar este hábito en niños y adolescentes:
Convertir el ahorro en un hábito natural: Más que una obligación, debe integrarse a la rutina diaria, como parte de la vida. Así, los menores comprenden que siempre es necesario destinar una parte de sus ingresos al ahorro.
Establecer metas claras y alcanzables: Los niños y jóvenes suelen tener objetivos concretos, como un juguete, ropa o un dispositivo. Utilizar estos deseos como metas permite enseñar planificación, constancia y compromiso.
Asociar esfuerzo con recompensa: Vincular tareas cotidianas, como ordenar el cuarto, con una asignación económica hace que los menores comprendan el valor del dinero. "El niño aprende que el dinero se obtiene con esfuerzo y que, al acumularlo progresivamente, puede alcanzar un objetivo", precisa De la Piedra.
Utilizar herramientas simples como la propina y la alcancía: La propina enseña a administrar ingresos periódicos, mientras que la alcancía permite visualizar el progreso del ahorro, lo que genera motivación y refuerza el hábito.
Fomentar la paciencia y el autocontrol: En un contexto donde predomina la inmediatez, aprender a esperar es clave. "Hoy la sociedad no tolera esperar, pero saber hacerlo permite desarrollar autocontrol y tomar mejores decisiones", señala.
De acuerdo con el experto, estos aprendizajes promueven que, en el futuro, los jóvenes desarrollen mayor independencia financiera, tomen decisiones más informadas y eviten endeudarse por encima de sus posibilidades. Además, contribuyen a generar conciencia sobre la importancia de contar con un fondo para emergencias.
Por el contrario, no inculcar estos hábitos puede derivar en problemas como el despilfarro, la falta de planificación y la ausencia de un respaldo económico ante imprevistos. "En este proceso, el rol de los padres es fundamental. No solo deben enseñar, sino también acompañar, motivar y reconocer los logros. Celebrar cuando se alcanza una meta de ahorro refuerza el aprendizaje y consolida el hábito en el tiempo", concluye.
