La dificultad para comunicar síntomas puede retrasar el diagnóstico de problemas oculares en niños y niñas con autismo

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La visión puede influir en actividades del día a día pudiendo agravar problemas de atención o aprendizaje por lo que detectar y corregir a tiempo alteraciones de la visión es muy importante para su desarrollo

La dificultad para comunicar síntomas puede retrasar el diagnóstico de problemas oculares en niños y niñas con autismo

Hay que prestar atención a conductas que, sin ser específicas, pueden sugerir un problema visual especialmente si son persistentes o interfieren en la rutina

La información previa de la familia ayuda a adaptar la exploración según las necesidades de cada niño. Ese trabajo conjunto puede marcar la diferencia

Diagnosticar problemas visuales en niños y niñas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) puede resultar complejo, en gran parte por lasdificultades de comunicaciónque pueden presentar para describir lo que ven, si les molesta la luz o si sufren dolor, visión borrosa o fatiga visual. ElTEA es un trastorno del neurodesarrollocaracterizado pordéficits en la comunicación social, trastornos del lenguajey porpatrones de comportamiento restrictivos o repetitivos.

"En muchos casos, el principal reto no es la exploración ocular en sí, sino identificar que existe un problema visual. Si un niño no puede explicar que ve borroso, que se marea al leer o que le duele la cabeza, es más probable que el problema pase desapercibido o se atribuya a otras causas", explica laDra. Lucía Fernández - Vega, oftalmóloga del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega (IOFV).

La visión puede influir en actividades del día a día pudiendo agravar problemas de atención, aprendizaje, lectura, juego o coordinación, por lo quedetectar y corregir a tiempoalteraciones como la miopía, hipermetropía o astigmatismo, entre otras, es muy importante para su desarrollo.

"Cuando no hay una comunicación clara de síntomas, tenemos que apoyarnos más en signos indirectosy en lo que observan padres, madres, docentes y cuidadores", añade la Dra. Fernández-Vega.

Los especialistas recuerdan queuna exploración oftalmológica puede requerir ajustesen función de las necesidades del menor. "La consulta debe ser flexible: dar más tiempo, reducir estímulos si es necesario y explicar cada paso de forma sencilla. A veces no podremos hacer todas las pruebas estándar en la primera visita, pero podemos planificarlo por fases", señala la especialista.

En este sentido, la colaboración con la familia es especialmente útil para anticipar situaciones que puedan generar estrés. "La información previa de la familia ayuda a adaptar la exploración según las necesidades de cada niño. Ese trabajo conjunto puede marcar la diferencia", apunta.

Conductas que pueden indicar un problema visual

Aunque cada niño o niña es distinto, es importante prestar atención a conductas que, sin ser específicas,pueden sugerir un problema visual especialmente si son persistentes o interfieren en la rutina:

Acercarse muchoa pantallas, libros u objetos.

Entrecerrar los ojospara enfocar.

Evitar actividades visuales(puzles, lectura, dibujo) o frustrarse con ellas.

Molestia con la luzo lagrimeo frecuente.

Frotarse los ojosde manera repetida.

Caídas o golpes frecuentessin explicación clara.

"No todo comportamiento tiene un origen visual, pero si hay una alteración ocular y no se detecta, el niño seguirá teniendo una barrera añadida. Por eso es importante no dar por hecho que, si no expresa ningún problema, no existe. Para ayudar al posible diagnóstico, lo recomendable es apuntar estos comportamientos y compartirlos con el oftalmólogo", concluye la Dra. Fernández-Vega.

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