Con la llegada del verano, los tratamientos con láser y fuentes de luz se consolidan como aliados eficaces para mejorar manchas, rojeces, textura y luminosidad de la piel. Tal y como explica la Dra. Ana Martínez-Lauwers, especialista en Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología de IMR, estas tecnologías permiten rejuvenecer y unificar la piel de forma precisa y segura, siempre bajo diagnóstico dermatológico y acompañadas de una fotoprotección estricta.
Con la llegada del buen tiempo, preparar la piel para la exposición solar se convierte en una prioridad. Más allá de la fotoprotección —clave tanto a nivel tópico como oral—, los tratamientos con láser y fuentes de luz se posicionan como una de las opciones más eficaces para mejorar la calidad cutánea de forma global y segura. Así lo detalla la Dra. Ana Martínez-Lauwers, especialista en Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología de IMR, centro de dermatología de vanguardia.
«La fotoprotección es fundamental en esta época del año, pero existen otros tratamientos que permiten mejorar la piel de manera precisa, como los láseres o las fuentes de luz. Estos dispositivos nos ayudan a tratar problemas frecuentes como las manchas, la falta de uniformidad en el tono o las rojeces», explica la especialista.
Tratamientos para manchas y unificación del tono
Uno de los principales motivos de consulta antes del verano son las manchas en rostro, escote y dorso de manos, habitualmente asociadas a lentigos solares. En estos casos, tecnologías como la luz pulsada intensa (IPL) o los láseres específicos de pigmento ofrecen resultados altamente eficaces.
«Su mecanismo se basa en la absorción selectiva de la melanina, lo que permite eliminar o atenuar las manchas sin dañar el tejido circundante. El resultado es una piel más uniforme y luminosa», señala la experta.
No obstante, la planificación es clave: «Es importante realizar estos tratamientos con antelación suficiente, ya que la piel necesita un tiempo de recuperación antes de exponerse al sol».
Cómo tratar las rojeces antes del verano
Las rojeces faciales, como las telangiectasias o aquellas asociadas a patologías como la rosácea, también pueden abordarse eficazmente con láseres vasculares.
«Estos dispositivos actúan sobre la hemoglobina de los vasos sanguíneos superficiales, reduciendo su visibilidad y mejorando el aspecto general de la piel. Al disminuir la inflamación, conseguimos una piel más homogénea y menos reactiva», explica la Dra. Martínez-Lauwers. Este aspecto cobra especial relevancia en verano, cuando el calor y la exposición solar pueden agravar este tipo de alteraciones.
Mejorar textura y luminosidad de la piel
Para quienes buscan mejorar la textura cutánea, minimizar poros y potenciar la luminosidad, los láseres fraccionados no ablativos se presentan como una opción eficaz y segura.
«Estos láseres estimulan la producción de colágeno, lo que se traduce en una piel más lisa, firme y con mayor capacidad de reflejar la luz», indica la especialista. Aunque son menos agresivos que los láseres ablativos, también requieren una adecuada planificación: «Es importante realizarlos con antelación al verano para evitar posibles efectos secundarios como la hiperpigmentación post inflamatoria».
La importancia de un diagnóstico personalizado
Cada piel es única, por lo que la elección del tratamiento debe ser siempre individualizada. Factores como el fototipo, las necesidades específicas del paciente o el momento del año influyen directamente en la decisión terapéutica.
«Recomendamos iniciar estos procedimientos varias semanas antes del verano y acompañarlos siempre de una fotoprotección estricta. Además, no todos los láseres son adecuados en cualquier momento del año, por lo que la valoración dermatológica previa es esencial para garantizar resultados seguros y eficaces», concluye la Dra. Martínez-Lauwers.
