La primavera llena las calles de vida y reactiva los planes sociales, pero puede convertirse en una etapa especialmente delicada para las personas en recuperación de una adicción, sobre todo durante el primer año de abstinencia.
Aunque socialmente se asocia esta estación con bienestar y optimismo, los centros de tratamiento observan cada año un aumento de recaídas coincidiendo con el cambio de estación.. El incremento de las horas de luz, la reactivación del ocio social y la normalización del consumo en terrazas, celebraciones y eventos al aire libre reactivan estímulos profundamente vinculados al consumo.
“No es una cuestión de debilidad, sino de neurobiología y memoria emocional”, explican los especialistas en adicciones. La combinación de mayor actividad social, menor estructura diaria y una sensación de falsa estabilidad puede generar una peligrosa percepción de control, uno de los principales detonantes de recaída.
La recuperación no es inmune al contexto. Durante el invierno, muchas personas logran sostener la abstinencia gracias a rutinas más estructuradas y menor exposición social. La llegada de la primavera rompe ese equilibrio: aparecen invitaciones, encuentros improvisados y un mensaje social constante que invita a “salir y disfrutar”. Para quienes están en recuperación, cada plan puede convertirse en un desafío emocional.
Este riesgo no se limita al consumo de sustancias. Las recaídas también aumentan en conductas adictivas sin sustancia, como el juego, las compras compulsivas o el consumo digital, impulsadas por más tiempo libre, más estímulos y presión social.
El primer año de recuperación es el más vulnerable, no por falta de motivación, sino porque el cerebro y las emociones aún están en proceso de reajuste. En este periodo, los circuitos de recompensa siguen siendo sensibles, especialmente ante contextos asociados a placer y celebración.
“La primavera combina una mayor vulnerabilidad interna y una fuerte normalización social del consumo”, señala Noelia Marchante, psicóloga de Esvidas. “Muchas personas no recaen porque quieran, sino porque subestiman el impacto del entorno”.
Noelia Marchante, psicóloga de Esvidas
Otro riesgo frecuente es la ilusión de que “ya está superado”. La mejora del estado de ánimo puede llevar a exponerse sin estrategias de afrontamiento. La recaída rara vez es impulsiva: suele ser una cadena de pequeñas concesiones.
Además, los cambios emocionales propios de la estación, alteraciones del sueño, mayor activación e inquietud, pueden intensificar el malestar. “Muchas recaídas empiezan con un malestar difuso que la persona no sabe nombrar”, explica Guillermo Acevedo, socio fundador y director de Esvidas.
Guillermo Acevedo, socio fundador, director y terapeuta de Esvidas
La prevención pasa por anticiparse, planificar, poner límites y reforzar el acompañamiento terapéutico. Aceptar que la recuperación no es lineal y que la vulnerabilidad estacional forma parte del proceso no es un fracaso, sino una forma de cuidado.
Porque para muchas personas, la primavera no es el final del proceso, sino el momento en que más apoyo necesita.
