El Dr. José Luis Ramírez, Co-Director de la Unidad de Láser y Cicatrices de IMR, explica cómo prevenir brotes y cuidar la piel ante el aumento de temperaturas y la exposición solar. Con motivo de abril, mes de concienciación de la rosácea, IMR pone el foco en la importancia de anticiparse al empeoramiento de esta patología que mejora con láser, FPS, y, sobre todo, constancia.
Madrid, abril 2026. Con la llegada de la primavera y el aumento progresivo de las temperaturas, muchas personas con rosácea experimentan un empeoramiento de los síntomas. Factores como el sol, el calor o los cambios bruscos de temperatura convierten esta época en un momento clave para anticiparse y adaptar los cuidados de la piel. «La rosácea es un trastorno cutáneo en el que existe una respuesta vascular exagerada. Las altas temperaturas favorecen una vasodilatación sostenida, incrementan el flujo sanguíneo en la piel y estimulan la liberación de mediadores inflamatorios. Como consecuencia, aumentan el enrojecimiento, la sensación de calor y los brotes», explica el Dr. José Luis Ramírez, Co-Director de la Unidad de Láser y Cicatrices de IMR y especialista en Dermatología Médico-Quirúrgica, Medicina Estética y Medicina Capilar.
Un problema multifactorial que se intensifica con el buen tiempo
Según señala el especialista, no hay un único desencadenante, sino una combinación de factores propios de esta época del año. «La radiación ultravioleta, el calor ambiental, los cambios bruscos de temperatura —como pasar del exterior al aire acondicionado— y el viento actúan de forma conjunta, favoreciendo la inflamación y alterando la barrera cutánea».
En este contexto, la primavera se convierte en un momento estratégico para actuar de forma preventiva. «Es una etapa en la que conviene anticiparse, ya que los brotes suelen aparecer de forma diferida tras el aumento de exposición solar. Ajustar la rutina y, si es necesario, el tratamiento en este momento es clave», añade el Dr. Ramírez.
Los errores más frecuentes con el sol
Uno de los principales problemas sigue siendo la falta de protección adecuada frente a la radiación solar. Desde IMR advierten de varios errores habituales:
• No utilizar protector solar a diario
• Elegir productos que irritan la piel
• Exponerse durante largos periodos al sol
• No reaplicar el fotoprotector
• Infravalorar la radiación en días nublados
Rutina básica: menos es más
El cuidado de la piel con rosácea debe basarse en una rutina sencilla pero constante. Según el Dr. Ramírez, los pilares fundamentales son:
• Limpieza suave
• Hidratación y reparación de la función barrera
• Fotoprotección diaria
• Activos reguladores de la función sebácea
«A esto se suma el tratamiento específico indicado por el dermatólogo según cada caso. No hay una única solución válida para todos los pacientes», subraya. En cuanto a ingredientes, suelen ser bien tolerados activos como la niacinamida, el ácido azelaico, el pantenol o las ceramidas, mientras que conviene evitar alcoholes agresivos, fragancias, exfoliantes potentes o retinoides sin supervisión médica.
Fotoprotección: clave en el control de la rosácea
El uso de protector solar no es solo una recomendación, sino una parte esencial del tratamiento. «Se recomienda un SPF 50 o superior, con buena tolerancia cutánea. Preferiblemente con filtros minerales y, si es posible, con color para proteger también frente a la luz visible», explica el especialista..
Hábitos, alimentación y estilo de vida
Además de los factores ambientales, algunos hábitos pueden influir en la aparición de brotes. El consumo de alcohol, la comida picante o las bebidas muy calientes pueden actuar como desencadenantes, aunque su impacto varía según el paciente, por lo que es fundamental individualizar..
Cuándo acudir al especialista
Detectar los primeros signos es fundamental para evitar la progresión de la enfermedad. Entre los síntomas más habituales destacan el enrojecimiento persistente, la sensación de ardor, la aparición de vasos visibles o lesiones inflamatorias. «Ante los primeros signos, es importante evitar desencadenantes conocidos, iniciar fotoprotección y consultar de forma precoz. No hay que esperar a que el brote sea evidente», advierte el Dr. Ramírez.
Tratamientos médicos: más allá de la cosmética
La rosácea es una enfermedad crónica, pero controlable con un abordaje adecuado. «El tratamiento debe ser médico, no solo cosmético. Existen distintos tipos de rosácea y múltiples opciones terapéuticas adaptadas a cada paciente», señala. Entre ellas, destacan las tecnologías basadas en luz. «El láser vascular y otras fuentes de energía permiten actuar directamente sobre los vasos responsables del enrojecimiento, con efecto antiinflamatorio y regulador de la glándula sebácea». El objetivo, concluye el especialista, no es únicamente mejorar el aspecto de la piel, sino controlar la enfermedad a largo plazo y evitar su progresión.
