Uno de cada siete menores sufre acoso en España: el impacto ya no termina en el colegio, continúa en casa y en la pantalla

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Uno de cada siete menores sufre acoso en España: el impacto ya no termina en el colegio, continúa en casa y en la pantalla

Con motivo del Día Internacional contra el Acoso Escolar (2 de mayo), se alerta de que los efectos del bullying se asocian a mayor ansiedad, depresión y peor adaptación escolar y social.

Abril de 2026.  El acoso escolar no es “una cosa de niños”. Es un problema de convivencia, de desarrollo y de salud mental, cuyas consecuencias pueden dejar huella durante años. La evidencia científica más reciente señala que hasta uno de cada siete niños y adolescentes puede haber sido víctima de bullying, y que sus efectos no se limitan al momento de la agresión: se asocian con más ansiedad, depresión, malestar psicológico y peor adaptación escolar y social.  

Un estudio realizado en España entre los 10 y los 16 años concluye que tanto víctimas como agresores de bullying y ciberbullying presentan un riesgo significativamente mayor de uso abusivo o inadecuado de internet, del móvil y de los videojuegos. Es decir, el sufrimiento no solo se vive en el aula, puede continuar después, en casa y en la pantalla.  Por ello el ciberacoso debe tratarse como un factor específico, no como una simple extensión de lo que ocurre en el patio.  

Desde PSIKIDS, centro especializado en salud mental infanto-juvenil, se advierte sobre el impacto real del acoso escolar y que este no debe abordarse como un conflicto escolar menor, sino como una señal de riesgo psicosocial que exige una detección precoz, necesita una intervención coordinada y es imprescindible la protección del menor. Los estudios recientes apuntan en la misma dirección, cuanto más precoz y más prolongado es el acoso, mayor es su impacto emocional, en el corto y en el largo plazo. Un mensaje relevante para familias y colegios, sentirse vinculado a un centro, pertenecer a él y percibir apoyo dentro del entorno puede amortiguar parte del impacto emocional del acoso.  

No todos los menores parten del mismo nivel de riesgo. Un estudio con datos nacionales de Estados Unidos halló que los adolescentes con autismo, TDAH o ambas condiciones presentan una vulnerabilidad especialmente alta y que cuando sufren acoso, el aumento de ansiedad y depresión es mayor que en otros jóvenes. Esto obliga a reforzar la observancia en niños y adolescentes neurodivergentes.  

Además, la evidencia más reciente apunta a que la prevención no depende solo de castigar conductas, sino de construir entornos protectores. En otro estudio publicado en 2025 observó que la calidez emocional de los padres, junto con el apoyo social y una mejor regulación emocional, se relaciona indirectamente con menos bullying. En otras palabras, la prevención empieza en el vínculo, en la escucha y en la capacidad del menor para pedir ayuda y gestionar su malestar.  

“No es una broma pesada, es una agresión con consecuencias”. Desde PSIKIDS se insiste en que muchas situaciones de acoso siguen detectándose tarde porque el menor no lo cuenta, lo minimiza o lo expresa con síntomas indirectos, tales como tristeza, irritabilidad, rechazo escolar, descenso del rendimiento, quejas somáticas, insomnio, aislamiento o incluso cambios bruscos en el uso del móvil y de las redes.

El acoso escolar no debe seguir tratándose como un asunto disciplinario. Cuando un niño o un adolescente vive en la humillación, exclusión o amenazas de forma repetida, estamos ante una experiencia con impacto significativo en su salud mental. Cuanto antes se detecte, más opciones tenemos de reparar el daño y evitar secuelas, dicen desde Psikids.

Ante esta evidencia, desde Psikids se pide reforzar:

•   la detección precoz en colegios, familias y consultas

•   protocolos de actuación más ágiles y centrados en la víctima,

•   atención específica al ciberacoso y a las señales de alerta fuera del aula,

•   mayor protección para menores neurodivergentes (TDAH, autismo)

•  estrategias activas para reforzar la pertenencia escolar, el vínculo con adultos de referencia y la seguridad emocional del alumnado.  

El acoso escolar no desaparece por que  se le reste importancia. La ciencia indica que su impacto puede ser profundo, acumulativo y desigual según la vulnerabilidad del alumno. Por eso, recordamos que prevenir el bullying es también prevenir depresión, ansiedad, desconexión escolar y fracaso escolar, en definitiva un sufrimiento evitable. Actuar pronto no solo protege la convivencia en los centros educativos, protege el desarrollo emocional y la salud mental de los niños y adolescentes.  

Referencias científicas base

Ajibewa TA, et al. Peer bullying victimization, psychological distress, and the protective role of school connectedness among adolescents. 2025. Global prevalence and psychological impact of bullying among children and adolescents: a meta-analysis. 2025. Longitudinal study of peer bullying victimization and its psychological correlates among middle school students. 2025. Bullying Victimization is Associated with Heightened Rates of Anxiety and Depression Among Autistic and ADHD Youth. 2024. The relationship between parental emotional warmth and school bullying. 2025. Bullying and Cyberbullying Are Associated with Inappropriate Use of the Internet, Cell Phones, and Video Games in Adolescents. 2025.   

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