Historia de una tarde entre brumas, motores, premios y Carla Montero con 'Cueva de Medrano' en Argamasilla de Calatrava

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Historia de una tarde entre brumas, motores, premios y Carla Montero con 'Cueva de Medrano' en Argamasilla de Calatrava

No todos los días se tiene el privilegio de recibir a una 'madrina' de la talla de Carla Montero para celebrar la entrega de premios de la Librería Delfos. Pero, por encima del protocolo, Carla nos regaló una charla íntima; fue casi como si estuviéramos en una de las reuniones habituales del Club de Lectura 'Cueva de Medrano'.

La tarde en Argamasilla de Calatrava se presentó bajo una amenaza de tormenta que, lejos de deslucir la jornada, le otorgó una atmósfera de misticismo. Olía a tierra mojada, a páginas recién cortadas y a esa expectación eléctrica que precede a los grandes encuentros. El refugio elegido fue "La Bodega", un espacio rabanero que pronto se convirtió en el epicentro de un afectuoso besamanos literario.

Entre sus muros, el protocolo se fundió con la calidez de reencuentros que se sellaban con sonrisas, charlas triviales que derivaban en debates profundos y ese necesario balance de la actualidad cultural entre amigos que el tiempo había distanciado. El murmullo era constante, una sinfonía de elogios al entorno y de gratitud compartida. Sin embargo, toda esa efervescencia social quedó suspendida, como un punto de libro en una página abierta, cuando la invitada principal cruzó el umbral. Tras el rito final de los abrazos y la bienvenida, el silencio se apoderó de la sala. El tiempo de la charla dejaba paso al de la palabra. Era el momento de empezar.

El acto, conducido con una calidez que disolvió cualquier asomo de rigidez institucional, corrió a cargo de la concejala de Cultura,Estela Céspedes. Su bienvenida no fue un simple trámite, sino un alegato a favor de la colaboración colectiva. Céspedes, más allá de la felicitación de rigor a los autores, quiso poner el foco en el engranaje humano que hace posible este 'milagro cultural'. En sus palabras de reconocimiento hubo un espacio propio para la labor incansable del libreroJavier Lozano Rayay el editorJulio Criado García, así como para la vocación de la bibliotecariaToñi Huertasy el compromiso inquebrantable delClub de Lectura 'Cueva de Medrano'.

El protocolo se puso en marcha con la entrega de los galardones delXXVII Concurso de Marcapáginas, un certamen que ya es tradición en el calendario local. El primer ciclo tuvo enÁlvaro Solís Martín-Moyanoa un protagonista inesperado: el pequeño, desafiando el peso del trofeo con una soltura envidiable, posó ante las cámaras de medios y familiares con la naturalidad de un veterano. Siguió su estelaClaudia Angulo Sainz, premiada del segundo ciclo, quien recogió su distinción con una resolución que confirmaba el talento de la nueva hornada de futuros lectores rabaneros. La nota de ausencia la pusoDaniela Damas Racionero, ganadora del tercer ciclo; aunque no pudo acudir a la cita, el aplauso del público certificó un reconocimiento que la organización le haría llegar, asegurando que ningún logro quedara sin su merecido eco en aquella tarde de letras.

XXIX Certamen Librería Delfos

"Lo que nació hace casi tres décadas como un anhelo local se ha transformado en un faro cuya luz alcanza hoy desde las tierras de Paraguay hasta la británica Southampton. Con226 relatosllegados de diversos rincones del globo, elXXIX Certamen de Relatos en Prosa 'Librería Delfos'reafirmó en esta edición que la literatura ignora fronteras.

El palmarés de este año escribió una página para el recuerdo.Ernesto Tubía Landerasfirmó una gesta inédita al conquistar, por quinta ocasión, el Premio 'Villa de Argamasilla de Calatrava'. Su obra,"El asesinato de Odelia Larganoche", fue aclamada como una pieza de orfebrería del género negro; una inmersión en la asfixiante 'Ciudad Gris', un escenario decadente que funciona como un personaje vivo, devorando las esperanzas de sus habitantes entre vapores de ginebra barata y humo de trastienda. Destaca en el relato la construcción impecable de Román, un sicario de sobriedad casi académica cuyas emociones se miden por silencios y gestos contenidos. Sin embargo, es en su desenlace donde la autoría de Ernesto Tubía alcanza la excelencia: un giro de una ironía desgarradora donde la lealtad se confunde con la pérdida íntima. A través del 'brillo de una lágrima', el autor sella una tragedia sobre la redención imposible, confirmando que en este relato los clavos en el puente no solo detienen un coche, sino que clausuran definitivamente un sueño clandestino."

El contrapunto de realismo social lo pusoManuel Luque Tapia, finalista con el Premio 'Manuel Muñoz Moreno'. "Tu mundo de mentira", es una cruda y lírica denuncia sobre la deshumanización de la mujer migrante y la hipocresía social. A través de un monólogo interior de una crudeza sobrecogedora, el autor entrelaza el trauma de la patera con la sordidez del prostíbulo, transformando la cama en un naufragio perpetuo donde la protagonista resiste al despojo de su identidad. Con una prosa visceral cargada de metáforas marinas, Luque Tapia interpela directamente al lector sobre la "ciudad exuberante" que consume cuerpos en silencio, logrando una pieza de alta intensidad emocional que pone voz al desamparo y a la memoria de quienes habitan el reverso invisible de nuestro bienestar.

Sin embargo, el momento de mayor calado emocional se reservó para el talento de casa.César García Moya, en un debut literario impecable, se hizo con el Premio 'Grupo Oretania' gracias a"La simetría del silencio". Esta incursión en el suspense psicológico no solo explora las grietas del pasado, sino que confirma que la cantera de las letras en Argamasilla late con una fuerza renovada. El relato es una pieza de suspense psicológico donde el autor explora con maestría la frontera entre el trauma y lo sobrenatural. A través de Adrián, un joven que entabla una insólita amistad con una vecina y su gata en un edificio marcado por un crimen atroz ocurrido veinte años atrás, el autor construye una atmósfera opresiva que cuestiona la percepción de la realidad frente a la soledad urbana. Con una prosa precisa y un ritmo que escala desde la cotidianidad hasta un clímax desolador, García Moya logra una obra impecable sobre las huellas imborrables del pasado, confirmando que, en ocasiones, los lazos que tejen los muertos son más tangibles que la propia cordura.

Resulta imposible descifrar el fenómeno cultural de esta villa sin detenerse en la figura deJavier Lozano Raya. Él es el librero que ha sabido trascender el cristal de sus vitrinas para erigirse en un pilar fundamental de la comunidad rabanera. Su labor, cuya huella es ya tangible en el municipio a través de su propioBanco Literario, actúa como el motor incansable que mantiene encendida la llama del Club de Lectura 'Cueva de Medrano'. Gracias a su empuje y a esa vocación que desborda el oficio, cada mes de abril Argamasilla de Calatrava deja de ser una coordenada discreta en el mapa para transformarse, por derecho propio, en el epicentro vibrante de las letras hispanas.

Cueva de Medrano

Si la entrega de premios fue el fruto, elClub de Lectura 'Cueva de Medrano'es la raíz que lo sostiene. Desde su fundación en 2018, este colectivo ha operado como el eje vertebrador de la cultura en Argamasilla de Calatrava, transformando la lectura en un motor social que desafía el ritmo frenético de la era digital. Su nombre no es fruto del azar, sino una reivindicación del poso histórico de una villa que, según investigaciones recientes, ostenta la orgullosa identidad de aquel 'lugar de la Mancha'.

El club ha logrado lo que parecía una quimera: convertir la literatura en un fenómeno de masas. Sin cuotas ni barreras, y apoyados en la Red de Bibliotecas de Castilla-La Mancha, están dando la palabra al pueblo. Este esfuerzo, reconocido en 2020 con laMención de Honor a la Cultura, no se queda entre cuatro paredes como demostró al organizar, junto al ayuntamiento, el VII Encuentro Provincial de Clubes de Lectura.

El Club 'Cueva de Medrano' es, en esencia, un puente entre siglos. En sus tertulias, la literatura deja de ser un objeto de estudio para volver a ser lo que siempre debería ser, un espacio de libertad y encuentro. Porque en Argamasilla de Calatrava, leer sigue siendo la mejor forma de recordar quiénes somos y hacia dónde caminamos.

Carla Montero

Si algo definió la presencia deCarla Monteroen Argamasilla de Calatrava no fue solo su aura de superventas internacional, sino la estela de humanidad que dejó tras de sí. La autora de"El jardín de las mujeres verde" o de "La dama de la niebla"no aterrizó en la villa como una figura inalcanzable, sino como alguien que supo descifrar, desde el primer saludo, el código emocional de este rincón manchego.

Montero puso voz a una realidad que las grandes capitales suelen ignorar: 'Lo satisfactorias que son estas visitas a los sitios pequeños', confesaba conmovida tras el encuentro. Para la escritora, la acogida rabanera no fue un trámite de agenda, sino una experiencia que ella misma calificó de inmejorable.

La jornada dejó estampas que ya pertenecen a la intrahistoria de la localidad. Carla no ocultó su fascinación por la idiosincrasia rabanera, dedicando palabras de especial ternura aRabanito, la mascota que custodia la Plaza del Ayuntamiento. 'Un lugar con algo tan tierno solo puede ser un lugar muy especial', sentenciaba, rindiéndose ante un pueblo que mima sus símbolos con la misma delicadeza con la que cuida sus libros.

La charla fluyó con la cadencia de una confidencia entre amigos. Hubo gratitud explícita para el empeño deEstela Céspedes, Toñi Huertas y Javier Lozano, pero, sobre todo, hubo una conexión real con los rostros de esa marea vecinal —nombres comoAdela, Begoña o Juan de Dios— que arroparon a la autora.

"Admirada estoy con el empuje y el entusiasmo de las gentes de esta localidad", afirmaba Montero antes de partir con la maleta llena de obsequios y el espíritu renovado. Su paso por Argamasilla fue la confirmación de una sospecha: cuando un pueblo defiende su cultura con la pasión de un hidalgo, logra que las plumas más prestigiosas del país se sientan, sencillamente, en casa.

La dama de la niebla

Carla Montero no llegó a Argamasilla de Calatrava con las manos vacías; traía bajo el brazo un billete de ida a la Isla de Man de 1938. La escritora madrileña, madrina de excepción en esta edición del certamen, convirtió la velada en un viaje en el tiempo a través de su última novela,"La dama de la niebla". Una obra donde la velocidad de los bólidos clásicos compitió en intensidad con el pulso emocional de sus protagonistas.

Frente a un auditorio cautivado, Montero desgranó la arquitectura de una historia que es, ante todo, un ejercicio de justicia histórica. Transportó a los asistentes a ese convulso tablero europeo de entreguerras donde la Isla de Man emerge como un santuario de peligro y libertad. Allí, entre acantilados y curvas imposibles, nace Mila Kovac, "Mila no es solo una mujer al volante; es el reflejo de tantas pioneras que el tiempo cubrió con un manto de olvido", explicó la autora con una elocuencia tan elegante como su propia prosa.

Durante el despiece de su proceso creativo, Montero confesó que la documentación técnica sobre el automovilismo de los años 30 fue un reto de precisión relojera. Sin embargo, para ella, el verdadero motor de la trama no reside en los cilindros, sino en los secretos. La niebla de la isla, esa que empaña los parabrisas, funciona como una metáfora vital: un velo que oculta espionaje, traiciones y amores que florecen entre el estruendo de los motores.

El público rabanero pudo asomarse así a la "cocina" de la novela, descubriendo cómo cada curva del circuito fue trazada en el mapa mental de la autora antes de pasar al papel, buscando el equilibrio exacto entre el rigor histórico y la vibración del suspense.

Pero el encuentro fue más allá del análisis literario. En un año donde el certamen de la Librería Delfos rendía tributo a la pedagogía deJosefina Aldecoa, la presencia de Carla Montero y su heroína, Mila Kovac, cerró un círculo perfecto, el de la mujer que toma las riendas de su propio destino, ya sea frente a un aula o al volante de un coche de carreras.

Al caer la tarde, tras el eco de los aplausos y el ritual de las firmas, quedó en el aire de Argamasilla de Calatrava una certeza compartida, que la buena literatura, como la protagonista de Montero, siempre encuentra el camino de vuelta a casa. Incluso cuando la niebla es más espesa.

Tras el festín de palabras, el Ayuntamiento puso el broche de oro a la jornada con un catering que fue, en sí mismo, otra forma de narrativa visual. El encargo, ejecutado con maestría por Kike, de Factory, convirtió el refrigerio en un despliegue de ingenio y buen gusto que cautivó los sentidos antes de rozar siquiera el paladar. Fue una puesta en escena de auténtico lujo, donde cada bocado parecía una pequeña obra de artesanía: desde los delicados bocadillos primorosamente atados con "guita", que evocaban tiempos de tradición y detalle, hasta una selección de jamón, queso y embutidos de calidad excepcional, cortados con una precisión casi quirúrgica. La presentación, salpicada de multitud de pequeños detalles y adornos que obligaban a "comer con los ojos", transformó la degustación en un auténtico disfrute sensorial, demostrando que, en Argamasilla, la hospitalidad se sirve con la misma elegancia con la que Carla Montero traza sus historias.

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