Los cambios en los patrones de sueño por exceso de luz pueden influir en la evolución del deterioro cognitivo leve

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La duración y la calidad del sueño influyen directamente en la memoria declarativa y el rendimiento cognitivo1

Los cambios en los patrones de sueño por exceso de luz pueden influir en la evolución del deterioro cognitivo leve

Hasta el 70% de las personas con deterioro cognitivo presentan trastornos del sueño, que se vinculan a un peor pronóstico de la enfermedad2

Según el Dr. Pedro Gil Gregorio, las fases profundas del sueño, especialmente NREM y REM, son fundamentales para que los recuerdos pasen de ser frágiles a duraderos

A medida que nos acercamos al verano, los días se alargan y la luz natural se mantiene hasta más tarde. Este aumento progresivo de claridad al final de la jornada suele traducirse en cenas más tardías, más tiempo de ocio nocturno y mayor exposición a iluminación artificial y pantallas. Un cambio de hábitos que puede parecer leve, pero que tiene implicaciones biológicas.

Y es que, debido a la mediación del ritmo circadiano, distintos estudios han demostrado que una mayor exposición a la luz puede retrasar la secreción de melatonina y alterar la arquitectura del sueño3. Cuando el descanso se acorta o se fragmenta, se reduce el tiempo disponible para procesos esenciales como la consolidación de la memoria, de mayor importancia para los pacientes con deterioro cognitivo leve.

"Dormir es un proceso activo en el que el cerebro organiza y estabiliza la información del día", explica el Dr. Pedro Gil Gregorio, médico especialista en Geriatría, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y colaborador deSchwabe. "Las fases profundas del sueño, especialmente NREM y REM, son fundamentales para que los recuerdos pasen de ser frágiles a duraderos. Si estas fases se reducen porque nos acostamos más tarde o porque la luz interfiere en el descanso, la memoria puede resentirse" añade.

La evidencia científica respalda esta relación. Investigaciones muestran que tanto la duración como la calidad del sueño influyen directamente en la memoria declarativa y el rendimiento cognitivo1. Además, la regulación circadiana desempeña un papel clave en la comunicación entre el hipocampo y la corteza cerebral, estructuras implicadas en el aprendizaje4.

La calidad del sueño como parte del cuidado de la salud cerebral

En los últimos años, las alteraciones persistentes del sueño podrían asociarse con un mayor riesgo de deterioro cognitivo a largo plazo. La fragmentación del descanso y la reducción de sueño profundo pueden afectar a mecanismos de plasticidad neuronal y de limpieza metabólica cerebral que resultan relevantes para la salud cognitiva5.

Además, la evidencia reciente refuerza esta relación en adultos de 65 años o más, en los que los problemas de sueño se asocian con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y, al mismo tiempo, podrían ser un factor sobre el que intervenir para frenar su progresión6. En paralelo, se estima que entre el 60% y el 70% de las personas con deterioro cognitivo presentan alteraciones del sueño, vinculadas además a una peor evolución de la enfermedad2.

"En población adulta y especialmente en personas de 65 años en adelante, la calidad del sueño es un elemento que debemos vigilar como parte de la prevención del deterioro cognitivo. No se trata solo de dormir más, sino de dormir mejor y en sincronía con nuestro reloj biológico", señala el Dr. Gil.

En un contexto en el que factores modificables como la calidad del sueño podrían influir en la evolución de la función cognitiva, adquiere especial relevancia contar con opciones terapéuticas basadas en la evidencia que permitan un abordaje estructurado del deterioro cognitivo leve. Junto a la detección precoz, el objetivo es intervenir de forma integral y actuar sobre aquellos elementos que pueden impactar en su progresión. Así, Tebofortán® (EGb 761®) es un medicamento indicado para el tratamiento del deterioro cognitivo leve, con eficacia demostrada en ensayos clínicos y un perfil de seguridad establecido.

De forma complementaria, los expertos recomiendan proteger la oscuridad del entorno de descanso, mantener cierta regularidad en los horarios y limitar la exposición a pantallas en la última hora del día, incluso cuando las tardes invitan a prolongar la actividad. 

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