Tejiendo lazos de esperanza y dignidad

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Tejiendo lazos de esperanza y dignidad

Siempre he creído que el silencio histórico que rodea al cáncer de próstata no se rompe con estadísticas frías, sino tocando el alma de la sociedad. Hoy, a las puertas de una movilización sin precedentes en nuestro país, unimos la fuerza de la palabra y el respaldo institucional al calor de un lazo celeste tejido a mano de forma artesanal. En estas líneas, os invito a reflexionar sobre la urgente necesidad de transformar el miedo en una red comunitaria de dignidad, prevención y esperanza; porque cuidar de la salud de nuestros hombres es, por encima de todo, una promesa compartida con la vida.

Hace un par de días estuve acompañando a Teresa Sánchez Laguna en la presentación oficial del recital de Valdepeñas del I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA. Quizás habría que darle una vuelta al nombre en el futuro, pues este festival, además de poesía, tiene música, teatro, pintura, charlas, testimonios y mucho corazón. Confieso que, al ser el primero presentado oficialmente en unas dependencias municipales, sentí una gran emoción en ese momento.

Cuando PROSVIDA comenzó a dar sus primeros pasos, en la presentación del proyecto en La Bodega de Argamasilla de Calatrava, con la presencia de su alcalde y gran valedor de este proyecto, sabíamos que nos enfrentábamos a un gigante invisible, el tabú, el miedo y el olvido que históricamente han rodeado al cáncer de próstata. Éramos conscientes de que para romper esa armadura de silencio no bastaba con dar datos médicos; necesitábamos tocar el alma de la sociedad. Necesitábamos tejer una red humana tan fuerte que nadie afectado por esta enfermedad volviera a sentirse solo en la penumbra de su hogar.

Hay momentos en la historia de las causas sociales donde el silencio, por fin, decide dar paso a la música y a la palabra. Hoy es uno de esos días. Nos encontramos en el umbral de un acontecimiento que no tiene precedentes en nuestro país, y lo hacemos con el corazón ensanchado por la gratitud y la responsabilidad.

Hay gestos que, en su extrema sencillez, guardan la capacidad de abrazar al mundo. En el ir y venir de nuestros días, a menudo nos cruzamos con pequeños símbolos que, prendidos de una solapa o dibujados en una pantalla, intentan decirnos algo que las palabras no siempre logran alcanzar. Uno de ellos es el lazo azul celeste. Un hilo que, al entrelazarse, deja de ser un simple adorno para convertirse en un faro de serenidad, un puente invisible de empatía y un compromiso inquebrantable con el valor de la vida.

Mirar el color azul celeste es, inevitablemente, elevar la vista. Es el color del cielo limpio tras la tormenta, el tono del mar en calma que invita al descanso. No es un color que grite; es un color que susurra. Y en ese susurro encontramos una llamada profunda a la compasión. Cuando este lazo se viste para hablar de la salud masculina y de la lucha contra el cáncer de próstata, no solo nos recuerda la vulnerabilidad de nuestros padres, hermanos, esposos e hijos; nos recuerda, sobre todo, la urgencia de cuidarlos, de romper tabúes y de defender su bienestar con la ternura y la firmeza que ellos merecen.

Pero el simbolismo del celeste no se agota en su color; se profundiza en su origen. Cuando este lazo deja de ser un producto industrial y nace del ganchillo, tejido puntada a puntada, se transforma en un objeto único dotado de alma. En PROSVIDA, esas manos artesanas tienen rostro, alma y nombre de mujer: Adela Jiménez Segura y Begoña Mansilla (Bego). El ganchillo requiere paciencia, precisión y, sobre todo, tiempo. Cada nudo que ellas dan representa un minuto de dedicación desinteresada. En un mundo dominado por lo efímero, que estas piezas surjan de su esfuerzo significa que cada lazo lleva implícito un fragmento de la vida, el pensamiento y el cariño de quienes lo elaboraron, convirtiendo el apoyo a la causa en un acto de entrega real y tangible.

Históricamente, las manos femeninas han sido las encargadas de tejer las redes de soporte, refugio y cuidado en nuestras familias y comunidades. Al entrelazar el hilo celeste, mujeres como Adela y Bego no solo crean un lazo; están tejiendo una red invisible de protección y consuelo para quienes transitan la dificultad. Es una técnica tradicional que evoca el hogar, la sabiduría de las madres y abuelas, y el traspaso de saberes. Que el lazo provenga de estas manos simboliza un abrazo comunitario. Es el mensaje de que nadie está solo en su lucha; hay una comunidad dispuesta que, desde la intimidad y la constancia, canaliza su fuerza, su empatía y su esperanza en cada lazada para sostener a los demás.

El celeste es, así, el color de lo naciente, de la pureza de los comienzos, de la fragilidad que clama protección. Es el reflejo de una sociedad que decide no mirar hacia otro lado ante el sufrimiento, que elige acompañar al enfermo en su vulnerabilidad y que se solidariza con quienes han tenido que dejarlo todo atrás para salvar su existencia. Cada vez que alguien se prende este lazo en el pecho, está diciendo en silencio: "Tu dolor no me es ajeno; tu vida me importa".

En un mundo que a veces avanza demasiado rápido, donde el ruido y la prisa amenazan con anestesiar nuestra capacidad de conmovernos, el lazo celeste nos invita a detenernos. Nos pide que respiremos hondo y que volvamos a lo esencial: la dignidad de cada ser humano, el valor de la prevención y la certeza de que nadie debería transitar el camino de la enfermedad o la dificultad en el aislamiento.

Desde nuestra mirada en PROSVIDA, entendemos que defender la vida es, fundamentalmente, un acto de amor y de presencia. Por eso, este lazo no es solo un recordatorio de las batallas que aún debemos librar en el ámbito de la salud y la concienciación social. Es, por encima de todo, una promesa. La promesa de que, mientras haya un lazo celeste recordándonos nuestro deber humanitario —y las manos generosas de Adela y Bego dispuestas a tejerlo—, habrá una comunidad dispuesta a sostener, a escuchar y a ofrecer una mano tendida colmada de esperanza.

El gran lazo del festival

El primer gran lazo tejido late con fuerza a través del arte. Sostener la estructura del I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA no es una tarea logística; es un acto de puro humanismo guiado por la batuta y la sensibilidad de nuestro coordinador nacional, el poeta Luis Díaz-Cacho. Su visión ha sido la aguja del ganchillo indispensable para unir voluntades en toda la geografía española.

Bajo su guía, veinticuatro almas generosas se han convertido en los artesanos locales de la palabra compartida, entrelazando sus nombres y sus tierras en un calendario de compromiso absoluto. Este hermoso tejido toma forma hoy en Madrid de la mano de Rosa Leal Arias, para avanzar pocos días después hacia Villamayor de Calatrava con la entrega de Gema Pérez Pinto. Al llegar junio, el verso se asentará en Valdepeñas con la sensibilidad de Teresa Sánchez Laguna, viajará hasta tierras alavesas en Amurrio bajo el cuidado de Inma Díez, y regresará a Villamanrique cobijado por Antonia Piqueras Jiménez, antes de conmover el norte en Bilbao gracias al aliento de Bernat Vidal.

Habrá un día donde este tejido se volverá unánime y clamoroso. El once de junio, once hilos se trenzarán de manera simultánea en un latido común que resonará en Ciudad Real con Elisabeth Porrero Vozmediano, en Albacete con Viky Ciudad, en Argamasilla de Calatrava con Begoña Mansilla, y cruzará hacia Arrigorriaga en Vizcaya con la voz de Juan Camacho. Al mismo tiempo, el mensaje brotará en La Solana a través de Luis Romero de Ávila, en Puertollano con el pulso de Marciano Sánchez Cabanillas, en Torralba de Calatrava de la mano de María Teresa González Marín, y llegará a Vallirana en Barcelona con el sentir de Jesús Sánchez Rivas. Ese mismo eco unificado abrazará a Villanueva de los Infantes con Juan José Guardia Polaino, a Granátula de Calatrava con Yolanda de la Cruz y a la histórica Almagro con la dedicación de Nieves Fernández Rodríguez.

Lejos de detenerse, la vibración de este lazo continuará su curso en San Carlos del Valle guiada por el propio Luis Díaz-Cacho Campillo, se avivará en Calzada de Calatrava con el entusiasmo de Rocío Acevedo y encontrará refugio en Almodóvar del Campo bajo la mirada de Aurora Rey Aragón. En el tramo final del mes, la palabra prenderá en Leganés gracias a Eloísa Pardo Castro, se multiplicará en Tomelloso con la Unión de Natividad Cepeda y Jesús Lara, hallará su espacio en Poblete con Luis Alberto Lara Contreras y cerrará este círculo de esperanza en Aldea del Rey arropado por Araceli Valbuena Cofrade. Todos ellos y ellas demuestran que la palabra sana, que el arte rescata y que la empatía puede convocarse en cualquier rincón del país si hay un corazón dispuesto a guiarla.

El lazo del manifiesto

El segundo gran lazo de este camino representa un antes y un después en nuestra historia. Que la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) esté asumiendo la distribución y el respaldo de nuestro texto es un logro de dimensiones institucionales y humanas profundas.

Este documento fundamental no nació de la burocracia, sino de la sensibilidad de cuatro poetas que decidieron poner su talento al servicio de la salud y la dignidad, Jesús Lara Serrano, Juan Camacho, Marciano Sánchez Cabanillas y Luis Díaz-Cacho. Ellos han sido los artesanos de la palabra que dieron forma y alma al escrito.

Hay que decirlo con total claridad y con la firmeza que nos da la realidad, este es el único manifiesto específico que existe hasta el momento en nuestro país, puesto que el cáncer de próstata jamás había tenido ninguno. Mientras otros tumores han contado históricamente con sólidas plataformas de difusión, el nuestro permanecía resguardado tras las barreras del pudor y el ostracismo social. El paso al frente de la FEMP, llevando la voz de estos cuatro autores a cada ayuntamiento, diputación y rincón de nuestra administración local, rompe definitivamente ese aislamiento. Al repartir estas líneas escritas con las tripas y el alma, las instituciones locales no solo difunden un documento; están validando nuestra existencia, impulsando la prevención y abrazando formalmente una causa que ya no se puede silenciar.

El lazo del municipalismo

Toda gran obra comienza con una primera lazada elemental, y el primer latido de PROSVIDA se dio en la entrañable Bodega de Argamasilla de Calatrava. Desde ese suspiro inicial, el municipalismo ha arropado este proyecto con una calidez conmovedora; todas y cada una de las corporaciones locales a las que hemos tocado su puerta para ofrecerles nuestro lazo azul celeste nos la han abierto de par en par. En esta andadura, valga destacar con profunda gratitud el abrazo temprano de ayuntamientos como la propia Argamasilla, Calzada de Calatrava, Poblete, Granátula de Calatrava, Aldea del Rey, Puertollano y Herencia.

Hoy, con la fuerza que nos da ese arraigo local, hemos decidido llevar el hilo de nuestros lazos un paso más allá, elevando nuestra llamada a las más altas esferas institucionales. Estamos llamando con humildad y firmeza a las puertas del Subdelegado del Gobierno en la provincia de Ciudad Real, un gesto con el que queremos simbolizar la llamada a cada uno de los subdelegados y delegados del Gobierno central en toda España, y al propio Gobierno de la nación. Asimismo, estamos tocando a las puertas del ejecutivo regional en la figura de la Delegada de la Junta de Comunidades en esta provincia, reflejo de nuestra intención de alcanzar el corazón de todas las Comunidades Autónomas. Y, completando este círculo de amparo, llamamos a las puertas del Presidente de la Diputación Provincial, la casa común que simboliza a todas las diputaciones de España y, por ende, a la totalidad de los municipios de nuestra patria.

A cada uno de ellos les queremos entregar en sus propias manos un lazo azul celeste —tejido con el alma de todos los que creen en este proyecto— y una copia fiel de nuestro Manifiesto ya histórico. Mi mayor anhelo y esperanza es que antes de que llegue el 11 de junio, el Día Mundial del Cáncer de Próstata, hayamos logrado culminar estas entregas, demostrando que cuando las instituciones se unen para proteger la vida, el tejido de la compasión se vuelve verdaderamente indestructible.

El lazo de la sociedad

El último lazo de este gran proyecto no nos pertenece a nosotros, sino a ti. El próximo 11 de junio, cuando el calendario nos recuerde que es el Día Mundial del Cáncer de Próstata, queremos hacer un llamamiento directo al corazón de cada hogar, de cada calle y de cada plaza. No importa si eres un poeta consagrado o si nunca has escrito un verso; la compasión y la solidaridad no entienden de métricas, solo de humanidad.

Te pedimos un gesto tan sencillo como profundo, ese día, ponte un lazo azul celeste en el pecho, recita un poema —tuyo o de otros— y compártelo con el mundo a través de tus redes sociales y usa el hashtag #PoesiaPROSVIDA11J. Hazlo por tu padre, por tu hermano, por tu esposo, por tu amigo, o simplemente por el valor sagrado de la vida. Que este 11 de junio las redes se inunden de lazos celestes y palabras que sanan. Demostremos que, cuando nos unimos en un latido unánime, somos capaces de transformar el viejo tabú en un canto masivo de esperanza, prevención y dignidad. Pon tu voz al servicio de la vida.

Julio Criado García

PROSVIDA

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