El cantautor barcelonés revisita su repertorio desde una mirada íntima y reflexiva, fusionando folk, sonidos latinoamericanos y cabaret berlinés en su nuevo trabajo discográfico junto aLas Almas Sedientas.
Por Susan Villa
Daniel Cros presenta El Murmullo de la Lluvia, un disco en el que el cantautor barcelonés revisita parte de su repertorio desde una mirada más íntima y reflexiva. El álbum, que verá la luz el 20 de mayo, continúa el camino iniciado en El rumor de las olas, trabajo publicado en 2024 y marcado por las colaboraciones con artistas de distintos países y sensibilidades.
En este undécimo trabajo discográfico conviven influencias del folk norteamericano y de la música latinoamericana, junto a nuevos arreglos que transforman canciones ya conocidas dentro de su repertorio. El disco cuenta además con la participación de músicos como Manuel Monestel, Norge Batista o Pablo Sciuto, con quienes Cros ha compartido experiencias musicales a lo largo de los años.
En esta conversación con Susan Villa, Daniel Cros habla de sus inicios en la Barcelona de la "movida barcelonesa", de la necesidad de reinventar las canciones con el paso del tiempo y de Las Almas Sedientas, la banda que le acompaña en esta nueva etapa artística. Una entrevista que refleja su manera de entender la música desde la búsqueda constante, la mezcla de influencias y la honestidad creativa.
1. Sus primeros pasos en la música comenzaron en Barcelona; ¿qué recuerdos guarda de aquellos inicios y qué le impulsó a dedicarse a la canción de autor?
Recuerdo una etapa de mucho movimiento y bastante descontrol en lo musical, porque tocábamos a todo volumen y a toda velocidad.
Eran tiempos de emociones a flor de piel y de formar parte de lo que se llamó la "movida barcelonesa", que en realidad éramos unos cuantos grupos, la mayoría de ellos autogestionados, con aspiraciones de firmar con una multinacional: unos rockabilly, otros mods, otros punks, cada uno con su estética y su línea, tratando de abrirse paso en una ciudad volcada en el jazz y la salsa, y, en general, hostil a todo lo que fuera rock.
Así que, al principio, no fue tanto dedicarme a la canción de autor como dedicarme a la música, sin saber muy bien en aquel momento si aquello era realmente posible.
2. El Murmullo de la Lluvia tiene una atmósfera muy introspectiva; ¿cómo nació la idea emocional y conceptual de este disco?
Nació a partir del escrito y la locución que abren el disco, en continuidad con el trabajo anterior, El rumor de las olas.
Las olas traían y llevaban ritmos y colaboraciones desde tierras de América; la lluvia, en cambio, invita a bucear en el interior, a escuchar la reverberación que generan los pensamientos cuando dan vueltas incesantemente, buscando respuestas y formulando preguntas.
3. En este trabajo revisita canciones ya publicadas con nuevos arreglos; ¿qué le motivó a reinventar temas que ya formaban parte de su repertorio?
Revisar los arreglos de una canción es algo natural en los músicos: supone un desafío creativo y, al mismo tiempo, le da nueva vida al repertorio.
Dylan es un maestro en transformar sus clásicos hasta volverlos irreconocibles. Además, este proceso me permite seguir escribiendo nuevo material en paralelo, que suele requerir un desarrollo creativo lento y su propio tiempo de maduración.
4. ¿Qué ha significado para usted la incorporación de Las Almas Sedientas en esta nueva etapa artística?
Ha sido un regalo poder presentar los temas con toda su amplitud sonora.
Después de muchos años actuando solo con guitarra o piano, sentí que había llegado el momento de dar un salto y afrontar la creación de una banda.
Está bien escuchar las canciones desnudas, a voz y guitarra, pero cuando cuentas con el peso de un contrabajo, la pulsación de unas congas, el contrapunto del acordeón o una sierra ululante, adquieren otra dimensión.
No ha sido un proceso fácil, pero las cosas van saliendo poco a poco y mejoran concierto a concierto.
Con Las Almas Sedientas ofrecemos, además, un espectáculo musical y literario, porque incorpora fragmentos de autores de los lugares donde actuamos y los conecta con algunas canciones.
5. Su música mezcla influencias muy diversas, desde el folk norteamericano hasta sonidos latinoamericanos; ¿cómo consigue mantener una identidad propia dentro de esa variedad?
Las bases rítmicas pueden ser un punto de partida y servir de sostén para la armonía, y, a su vez, para la melodía o las palabras.
Son herramientas que me permiten experimentar e investigar sobre lo que siento o lo que quiero expresar.
Todo está creado y, a la vez, todo está por crear.
La identidad se construye con la suma de muchos elementos: la manera de vocalizar, de contar, las personas que colaboran en las grabaciones y en el directo, y también la mirada de uno sentado en un banco al atardecer.
6. El disco cuenta con colaboraciones de artistas latinoamericanos con quienes ha compartido experiencias musicales; ¿qué le han aportado esos encuentros a nivel humano y creativo?
Me aporta la posibilidad de conocer a otro ser humano que, como yo, es un artesano, un creador que construye historias, las canta y las comparte, cada uno a su manera.
He trabajado con Manuel Monestel, cantautor costarricense e investigador del calipso, con quien grabamos una versión en clave de gipsy swing de "Mali Blues"; con el trovador cubano Norge Batista, que colaboró en "No me falles tú"; o con Pablo Sciuto, que participó en "Fortuna de haberte conocido", entre otros músicos.
Son personas con las que he coincidido en viajes o en conciertos que organizamos en el Estudi Rosazul, en Poblenou.
Y también están Las Almas Sedientas, que me acompañaron en dos canciones: "Empezó a nevar" y "La ventana indiscreta".
7. Tras este undécimo trabajo discográfico, ¿qué proyectos o retos musicales le gustaría desarrollar próximamente?
Ahora mi energía está puesta en sacar adelante a Las Almas Sedientas y en que el público pueda escucharnos.
Y, en paralelo, también en encontrar el tiempo para componer nuevo material.
La conversación con Daniel Cros deja la sensación de estar ante un artista que sigue entendiendo la música como un espacio de búsqueda y transformación constante. Con El Murmullo de la Lluvia, el cantautor barcelonés reafirma una trayectoria construida desde la honestidad creativa, el mestizaje musical y la necesidad de seguir reinventando sus canciones sin perder su identidad. Una mirada serena y profundamente humana sobre el oficio de crear.
