La administración de fincas en Barcelona ya no consiste solo en gestionar edificios, sino también personas

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La administración de fincas en Barcelona ya no consiste solo en gestionar edificios, sino también personas

La convivencia en las comunidades de propietarios se ha vuelto cada vez más compleja en ciudades como Barcelona. La mezcla de perfiles, el auge de las viviendas turísticas, las derramas o los conflictos vecinales han transformado el papel tradicional del administrador de fincas.

Hablamos con Carlota Bourgeois y Romina Bourgeois, tercera generación de Bourgeois Fincas, sobre cómo ha evolucionado el sector y cuáles son hoy los principales retos de las comunidades de propietarios en Barcelona.

La diversidad dentro de una misma finca es uno de los grandes retos en Barcelona

Bourgeois Fincas trabaja en un mercado muy concreto: comunidades de propietarios en Barcelona. ¿Qué hace que administrar fincas aquí sea especialmente complejo?

Carlota Bourgeois:

Una de las mayores complejidades es la diversidad de propietarios que conviven dentro de una misma finca. Diferentes edades, culturas, valores o situaciones socioeconómicas hacen que muchas veces existan visiones completamente distintas dentro de una comunidad.

Por eso hoy el trabajo de una administración no consiste únicamente en gestionar incidencias o cuentas, sino también en tener herramientas de mediación y capacidad para encontrar puntos en común entre vecinos.

Muchos conflictos se alargan porque cuesta llegar a acuerdos

Después de años trabajando con comunidades de vecinos, ¿cuál diríais que es el problema que más se repite?

Romina Bourgeois:

Precisamente esa diversidad suele reflejarse mucho en las reuniones de vecinos. Hay opiniones muy distintas y eso hace que algunas decisiones se alarguen muchísimo en el tiempo, incluso llegando a conflictos importantes o demandas entre propietarios.

El administrador tiene que ser capaz de mediar y ayudar a que la comunidad pueda avanzar y sacar adelante acuerdos.

Una derrama mal explicada casi siempre acaba generando tensión

Cuando llega una derrama importante, muchas comunidades entran en conflicto. ¿Qué diferencia hay entre una comunidad que lo gestiona bien y otra que acaba llena de tensiones?

Carlota Bourgeois:

Lo más importante es entender por qué se hace esa derrama, cuál es el objetivo y cuánto tiempo va a durar.

Cuando se plantea una derrama elevada sin una finalidad clara o sin explicar correctamente el destino del dinero, es normal que aparezcan tensiones entre vecinos. En cambio, cuando existe transparencia, presupuestos definidos y un objetivo concreto, la gestión cambia completamente.

La transparencia económica ya no es opcional

La transparencia económica sigue siendo una de las grandes preocupaciones de muchos propietarios. ¿Qué debería exigir hoy una comunidad a su administrador?

Romina Bourgeois:

Una comunidad debería exigir siempre una liquidación clara y detallada de ingresos y gastos. Los propietarios necesitan entender qué se está haciendo con el dinero de la comunidad y poder consultar la documentación cuando sea necesario.

Cada vez existe una mayor demanda de transparencia y acceso rápido a la información.

La vía judicial muchas veces agrava todavía más los conflictos

La morosidad puede afectar seriamente a toda la comunidad. ¿Cómo se gestionan este tipo de situaciones?

Carlota Bourgeois:

Es un tema complicado porque los procesos legales suelen alargarse mucho en el tiempo. Siempre que sea posible, intentamos llegar antes a acuerdos de pago para evitar conflictos mayores.

Cuando ambas partes consiguen encontrar un punto en común antes de llegar a juicio, normalmente la situación se resuelve de forma mucho más ágil.

Las comunidades hoy son mucho más complejas que hace unos años

Barcelona mezcla propietarios, inquilinos, locales comerciales y viviendas turísticas dentro de una misma finca. ¿Cómo ha cambiado eso la forma de administrar comunidades?

Romina Bourgeois:

Barcelona ha cambiado muchísimo y eso se nota directamente en las comunidades. Antes muchas fincas tenían perfiles bastante homogéneos. Hoy conviven propietarios, alquileres, locales comerciales e incluso viviendas turísticas dentro de un mismo edificio.

Eso hace que nuestro trabajo sea mucho más dinámico. Ya no se trata solo de llevar cuentas o coordinar mantenimientos, sino también de gestionar convivencia, mediar y adaptarse a situaciones muy distintas.

La tecnología ayuda, pero los problemas siguen siendo humanos

¿Qué diferencia a Bourgeois Fincas de una administración más tradicional?

Carlota Bourgeois:

Intentamos combinar la experiencia de muchos años en el sector con una forma de trabajar mucho más cercana y actual. Las comunidades necesitan cada vez más agilidad, más comunicación y más transparencia.

Por eso hemos apostado también por la digitalización, incorporando herramientas que permiten a propietarios y presidentes consultar documentación, incidencias o convocatorias de forma mucho más sencilla.

Cada vez se habla más de digitalización en el sector, pero los conflictos dentro de una comunidad siguen siendo muy humanos. ¿Cómo encontráis ese equilibrio?

Romina Bourgeois:

La tecnología ayuda muchísimo a agilizar procesos, pero detrás de cada comunidad siguen existiendo personas. Una incidencia o un conflicto vecinal no se solucionan únicamente con una aplicación.

Para nosotras, la clave está en utilizar la tecnología para ser más eficientes, pero sin perder nunca el trato cercano ni la capacidad de acompañar a las comunidades cuando realmente lo necesitan.

Conclusión

La administración de fincas en Barcelona ha dejado de ser una gestión puramente administrativa para convertirse también en un trabajo de mediación, adaptación y acompañamiento constante. En un contexto donde las comunidades son cada vez más diversas y complejas, Carlota y Romina Bourgeois defienden una forma de gestionar más cercana, transparente y apoyada en la tecnología, pero sin perder nunca el trato humano.

Desde Bourgeois Fincas consideran que el futuro de la administración de fincas pasa precisamente por encontrar ese equilibrio entre eficiencia y proximidad, entendiendo que detrás de cada incidencia, derrama o conflicto vecinal siempre hay personas.

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