Cómo prevenir la deshidratación y los golpes de calor en personas mayores este verano

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Según la Asociación Española de Geriatría y Gerontología, la población de más de 65 años presenta mayor riesgo de sufrir estos problemas de salud

Cómo prevenir la deshidratación y los golpes de calor en personas mayores este verano

"Aunque la sensación de sed no sea muy intensa, la sequedad en la boca o una baja producción de orina pueden ser signos de deshidratación" recalca Alicia López de Ocáriz, directora médica de Cinfa

En caso de golpe de calor, se debe llamar a emergencias (112) y, mientras llega la ayuda, intentar bajar la temperatura corporal de la persona a 37°C

Las personas mayores son especialmente vulnerables a los efectos de las olas de calor que, desde hace algunas décadas, son cada vez más frecuentes durante la época estival. De hecho, según la Asociación Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), las personas de más de 65 años son quienes mayor riesgo corren de sufrir una deshidratación o un golpe de calor, ya que, como explica Alicia López de Ocáriz, directora médica de Grupo Cinfa, "los mecanismos termorreguladores del organismo se alteran al envejecer, por lo que, a partir de esta edad, se reduce la sensación de calor y la percepción de la sed".

La deshidratación es la pérdida excesiva de líquidos del organismo y sucede cuando el cuerpo pierde más agua de la que ingiere ocuando disminuye la ingesta de líquidos, mientras que se considera que se sufre un golpe de calor cuando la temperatura corporal aumenta por encima de los 40°C durante un periodo de tiempo prolongado.

Como señala la doctora López de Ocáriz, "aunque son dos problemáticas distintas, pueden llegar a estar relacionadas: la deshidratación aumenta el riesgo de golpe de calor porque impide la sudoración, un mecanismo de nuestro cuerpo para bajar la temperatura. Y, cuando esta última se eleva, se produce un aumento de la sudoración para intentar bajarla. Si a este proceso no se une una reposición adecuada de líquidos, puede aparecer la deshidratación".

Además de provocar numerosos síntomas, ambas afecciones, especialmente el golpe de calor, pueden derivar en fallos orgánicos irreversibles y en el fallecimiento de la persona si no se tratan a tiempo, por lo que resulta clave saber identificarlos y actuar con rapidez. "Este riesgo es mayor en personas mayores con daño cognitivo o enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer, con dolencias crónicas como la diabetes o la enfermedad cardiovascular, con sobrepeso o en quienes usan fármacos que acrecientan la deshidratación", recalca la experta de Cinfa.

El agua, la mejor opción en casos de deshidratación leve

Por eso, sobre todo en periodos de temperaturas extremadamente elevadas y en caso de que estemos cuidando a personas mayores, hemos de prestar atención a los posibles primeros signos de deshidratación, como sensación de sed —aunque no muy intensa—, ligero incremento del pulso, estado de ánimo algo inquieto o una leve pérdida de peso. Si la deshidratación ha avanzado, pueden aparecer también sequedad en la boca y otras mucosas, poca o nula producción de orina, menor turgencia en la piel, ojos hundidos, pulso débil, taquicardia, confusión, apatía, mareos y desmayos.

"Si percibimos estos signos, es crucial reaccionar con celeridad y ayudar a nuestro familiar a reponer cuanto antes los líquidos y electrolitos perdidos. Si la deshidratación es leve, el agua fresca es la opción preferible y, si hubiera avanzado, existen soluciones de rehidratación oral que ayudan a reponer las pérdidas del organismo, especialmente útiles en ancianos y niños. En cambio, los zumos y refrescos no están recomendados", recuerda la experta de Cinfa. Si la deshidratación fuera grave, debemos solicitar ayuda médica.

Cómo reconocer y actuar ante un golpe de calor

De igual modo, si estamos pasando estos meses de altas temperaturas cerca de personas mayores, es importante tener conocimiento sobre los síntomas indicativos de un golpe de calor. El principal es el aumento de la temperatura corporal por encima de los 40°C, acompañado de los siguientes signos: piel seca y caliente, sensación de boca pastosa, ausencia de sudor, dolor de cabeza, sed intensa, respiración rápida, sensación de falta de aire, taquicardia y pulso rápido, calambres musculares en los brazos, náuseas y vómitos, mareos, confusión, desorientación e, incluso, pérdida de conciencia.

Como advierte la experta, "en el caso de la población mayor, el reconocimiento del golpe de calor se ve dificultado por otras dolencias que pueden provocar los mismos síntomas, pero, si estos coinciden con un periodo de altas temperaturas, hay que pensar en un golpe de calor y seguir las pautas indicadas en estos casos, ya que, como hemos comentado, la inmediatez en la actuación puede llegar a ser crucial".

En este sentido, la primera pauta es llamar a emergencias (112) para solicitar ayuda médica. Mientras llega, es necesario bajar la temperatura corporal de la persona a 37°C lo antes posible, para lo que hay que recostarla a la sombra y en una zona bien ventilada. Luego se le debe quitar o aflojar la ropa y aplicar toallas, compresas o paños fríos sobre cuello, ingles, axilas y cabeza. Si está consciente, se le debe ofrecer agua, que ha de beber poco a poco.

"De todos modos, nuestro objetivo ha de ser prevenir que se den las anteriores situaciones en la persona que cuidamos. Puede ayudarnos a lograrlo tomar precauciones como aumentar la ingesta de líquidos y evitar que nuestro familiar se exponga al sol, medidas que debemos extremar en las épocas en que las temperaturas y la humedad son más elevadas y en el caso de que exista alguno de los factores de riesgo comentados", añade la doctora.

Cómo prevenir y proteger a una persona mayor ante una ola de calor:

Aumenta su ingesta de líquidos en épocas de calor. Dado que la falta de sed es engañosa y que, en ocasiones, las personas ancianas no la perciben, ofrece con frecuencia agua al familiar bajo tu cuidado sin esperar a que aparezcan signos de deshidratación. También puedes darle infusiones o zumos de frutas. Se debe evitar el consumo de bebidas alcohólicas. No obstante, debemos tener en cuenta esta medida siempre y cuando no exista una contraindicación médica.

Prepárale comidas ligeras. Ello permitirá que sus digestiones también lo sean y facilitará la termorregulación corporal. Trata, además, de que su alimentación sea abundante en verduras y frutas y alimentos ricos en agua —de nuevo, cuando no existan restricciones médicas en su dieta al respecto—.

Procura que no realice actividades físicas intensas. Estas aumentarían el esfuerzo y la sudoración en momentos de calor, lo que incentivaría la deshidratación.

Proponle vestirse con prendas holgadas y frescas. También son aconsejables los tejidos ligeros como el algodón y la ropa de colores claros.

Reduce su exposición al sol. Es primordial evitarla a las horas centrales del día —de las doce a las cuatro de la tarde—, sobre todo, cuando la humedad ambiental sea alta.

En caso de tener que salir, protégele del sol y el calor. Aplícale, o ayúdale a hacerlo, fotoprotección de factor 50 y anímale a usar un sombrero o gorra. Una vez en el exterior, buscad siempre la sombra, las zonas arboladas y los lugares frescos. Los abanicos pueden convertirse también en eficaces aliados.

Mantén la casa fresca y ventilada. Para ello, nos servirá de gran ayuda el uso de ventiladores u otros sistemas de climatización, como los aparatos de aire acondicionado.

Cuidado con permanecer en vehículos estacionados o cerrados. Asegúrate de que las personas mayores y niños de tu entorno no se quedan nunca en el interior de un vehículo estacionado o cerrado.

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