A pesar de mantener una vida aparentemente estable, hay muchas personas que, años después de la pandemia, presentan síntomas de fatiga mental, bloqueo emocional y dificultad para tomar decisiones. Según datos de la OMS, los casos de ansiedad y depresión aumentaron más de un 25% a raíz de la COVID-19, una realidad que hoy en día continúa teniendo consecuencias emocionales invisibles
Pacientes sin un trauma clásico, pero con síntomas claros
En una sociedad tan voraz, la parada repentina provocada por el confinamiento de la COVID-19, generó una ruptura emocional en muchas personas, especialmente aquellas que habían construido su identidad en torno al rendimiento y el éxito profesional.
Jordi Garcia Godall, psicólogo sanitario especializado en trauma y regulación emocional, explica que desde la pandemia muchas personas aparentemente funcionales, viven en un estado de supervivencia emocional continuada, bajo una imagen de normalidad, aflora la desazón sobre la propia capacidad de ensambladura a una sociedad profundamente exigente.
"Muchas personas continúan trabajando, cuidando la familia y cumpliendo con sus responsabilidades, pero internamente viven en un estado de alerta constando que les impide sentirse realmente bien", señala Jordi Garcia Godall.
Si en el conjunto de la población este impacto ya es importante, en personas sensibles que arrastran trauma relacional como consecuencia de la propia historia y experiencia, el impacto se multiplica. Según datos del Ministerio de Sanidad, los problemas de salud mental en adultos y jóvenes han aumentado regularmente desde 2020, sobre todo alrededor de la ansiedad, el estrés y el agotamiento emocional.
Las demandas terapéuticas que llegan a consulta, ya no tienen una causa clara y conocida por el paciente sino que se presentan acompañados de confusión, todo aquello que antes quedaba oculto y le permitía ir tirando, ahora genera un malestar insostenible e invalidante a la hora de continuar con una vida tan exigente.
Que está pasando en consulta
A diferencia del trauma clásico vinculado a un único acontecimiento, actualmente se detecta el aumento del que se conoce como trauma acumulativo, que se manifiesta en:
Incapacitado para tomar decisiones y llevarlas a cabo (procrastinación e indecisión)
Más sensibilidad al burnout
Sensación constante de alerta
Dificultades para dormir
Irritabilidad o bloqueo emocional
Fatiga mental persistente
Factores como el confinamiento, la incertidumbre sostenida, las pérdidas personales o la presión laboral han contribuido a que hoy se observen modalidades mucho más sofisticadas de asociación
del estímulo con la amenaza, esto paraliza a la persona, dejándola en situación crómica de incertidumbre e indecisión.
La duda constante sobre la capacidad de encajar, sumado a la necesidad de aparentar felicidad de manera sostenida, supone una inversión energética exagerada y poco realista. Datos publicados al European Agency for Safety and Health at Work, indican que el estrés laboral y el desgaste emocional son ya una de las principales causas de baja médica en Europa.
En este contexto los terapeutas tienen que saber adaptarse a las necesidades reales, el tratamiento con EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing) está adquiriendo más protagonismo en el abordaje del trauma emocional y la regulación del sistema nervioso.
Funcionar no quiere decir siempre estar bien
Muchas de las personas que actualmente llegan a consulta, no reportan ni tienen conciencia de trauma; trabajan, tienen pareja, vida social y aparentemente funcionan con normalidad. El malestar se manifiesta en forma de agotamiento constante con sensación de no llegar a todo, de dudas constantes sobre sí mismas o la vivencia de alerta continuada, a pesar de no identificar un peligro real.
Jordi Garcia Godall señala como gran cambio, que después de la pandemia el trauma ya no aparece necesariamente asociado a un hecho severo o puntual, sino a una acumulación de tensiones emocionales sostenida en el tiempo. Estas personas han aprendido a sobrevivir de cara afuera, sin prestar atención a las consecuencias emocionales que esto implica.
"Lo que se observa cada vez más es que el malestar no proviene de un único acontecimiento traumático, sino de una acumulación de tensiones que acaba saturando el sistema nervioso", explica Garcia Godall.
EMDR: Entender el problema no es suficiente
El EMDR está demostrando una gran eficacia y utilidad puesto que complementa la verbalización del problema y el trabajo cognitivo conductual (también necesario), con la identificación de como el cuerpo y el sistema nervioso han aprendido a reaccionar ante determinados estímulos
A menudo el paciente entiende perfectamente lo que le pasa y lo que tendría que hacer, pero sencillamente no puede evitar el bloqueo y continúa en la incapacidad que dificulta los avances.
El trabajo terapéutico con EMDR se dirige a las asociaciones emocionales profundas que mantienen a la persona vinculada a patrones de alerta, evitación o autoexigencia.
En consulta se observa como los pacientes identifican que la pereza o la carencia de capacidad no son la causa de la procrastinación, la dificultad para decidir o el cansancio crónico, sino que se trata de la saturación del sistema nervioso, esta saturación obedece al trauma relacional que han arrastrado durante años.
Esto es especialmente invalidante en una sociedad que premia el rendimiento constante y penaliza la fragilidad en cualquier forma, se normaliza el cansancio y la hiperconexión que, sin ser conscientes de ello, sobrepasa emocionalmente.
Muchos pacientes continúan culpando el estrés, cuando su organismo lleva años funcionando en modo supervivencia, la pandemia aumentó exponencialmente nuestros niveles de desconexión relacional, que actúa como factor protector y a la que no se le da suficiente importancia.
Quizás una de las consecuencias más invisibles de la pandemia es precisamente haber dejado muchas personas aparentemente funcionales pero emocionalmente desreguladas, entender este fenómeno permite replantear el abordaje terapéutico y la comprensión del malestar psicológico, por parte de los profesionales.
