UE y EE.UU. firman un acuerdo comercial con salvaguardias para Europa, que limita los aranceles estadounidenses al 15 % y aporta estabilidad a los exportadores europeos
La UE ratifica el Acuerdo de Turnberry con cláusulas de protección para protegerse ante posibles incumplimientos estadounidenses
Una sentencia del Tribunal Supremo de EE. UU. limita la capacidad de imponer nuevos aranceles de forma inmediata. Aun así, Bruselas considera que el riesgo de nuevas medidas proteccionistas sigue siendo elevado
El pacto alcanzado el 20 de mayo entre el Consejo de la Unión Europea y el Parlamento Europeo sobre los textos que ratifican el Acuerdo de Turnberry marca una nueva etapa en las relaciones comerciales entre Bruselas y Washington. Sin embargo, tras la apariencia de un deshielo transatlántico, el acuerdo refleja, ante todo, un enfoque de gestión de riesgos: el objetivo es evitar un nuevo recrudecimiento del proteccionismo estadounidense, al tiempo que se conservan los medios para tomar represalias en caso de que Estados Unidos incumpla sus compromisos, ya de por sí ajustados.
Tal y como analizan los economistas de Coface, las principales consecuencias de este acuerdo se concentrarán en sectores como la automoción, la industria manufacturera y determinadas ramas agroalimentarias, donde convivirán una menor presión arancelaria sobre las exportaciones con un aumento de la competencia en el mercado europeo.
Evitar el retorno a la guerra comercial
Firmado en el verano de 2025, cuando Donald Trump amenazaba con imponer aranceles de hasta el 30 % a los productos europeos, el Acuerdo de Turnberry limitó este nivel al 15 %. A cambio, la Unión Europea se comprometió a eliminar sus aranceles sobre las importaciones industriales estadounidenses y a mejorar el acceso al mercado para determinados productos agrícolas y agroalimentarios.
Aunque el acuerdo ha sido muy criticado en Europa por ser desequilibrado, sigue una lógica clara: asegurar el marco comercial y evitar un escenario considerado aún más costoso para los exportadores europeos.
Salvaguardias frente a Washington
El rasgo distintivo del compromiso europeo con la nueva ratificación reside en los mecanismos de protección incorporados en los textos de aplicación. Este enfoque se basa en tres elementos:
Una cláusula de suspensión en caso de que Estados Unidos no cumpla el tope del 15 %, ya sea por la introducción de nuevos aranceles o por una reducción insuficiente de los ya vigentes (especialmente en el caso del acero y los productos derivados del aluminio, cuyos aranceles pueden seguir alcanzando hasta el 50 %). La fecha límite fijada por la UE para el cumplimiento de esta restricción arancelaria es el 31 de diciembre de 2026.
Un mecanismo de salvaguardia que puede activarse en caso de un aumento de las importaciones que cause un perjuicio grave a la industria europea.
Una cláusula de caducidad que establece que las concesiones expirarán el 31 de diciembre de 2029 en ausencia de una prórroga legislativa.
De este modo, la UE ratifica un acuerdo de carácter condicionado y reversible.
Tipos arancelarios aplicados (derechos recaudados/importaciones sujetas a derechos)
Un cálculo europeo que se ha vuelto más frágil
Desde su firma en el verano de 2025, el contexto ha cambiado. La sentencia del Tribunal Supremo de EE.?UU. sobre el uso de la IEEPA ha reducido la capacidad de la administración Trump para imponer de forma inmediata aumentos arancelarios masivos.
Como consecuencia, el valor relativo del acuerdo para Europa resulta hoy menos claro de lo que era en 2025. El denominado ‘descuento de Turnberry’ —la ventaja arancelaria de la que disfrutaba la UE frente al resto del mundo, excluida China— se redujo así de 4,4 puntos a 1,4 puntos entre septiembre de 2025 y marzo de 2026.
Efectos dispares en los distintos sectores europeos
No obstante, la amenaza no ha desaparecido. Las recientes presiones de Estados Unidos sobre el sector de la automoción, así como la posibilidad de nuevas medidas comerciales a través de otras bases jurídicas en la segunda mitad del año, han convencido a los europeos de que el riesgo de escalada sigue siendo muy real.
En concreto, en el caso de la industria manufacturera europea, el panorama es desigual. El sector del automóvil muestra esta ambigüedad: los exportadores europeos se enfrentarán a un arancel del 15 % en lugar del 25 % en Estados Unidos, pero a costa de una mayor competencia en el mercado europeo. En el ámbito de la agricultura, las concesiones europeas siguen siendo más específicas, con reducciones significativas en determinados productos transformados y contingentes arancelarios en segmentos sensibles, como el de la leche.
“Este acuerdo no supone una vuelta a la normalidad en las relaciones comerciales transatlánticas. Sobre todo, refleja el deseo de Europa de contener el riesgo de una nueva escalada arancelaria, al tiempo que se reserva explícitamente el derecho a dar marcha atrás si Estados Unidos incumple sus compromisos”, afirma Olivier Rozenberg, analista político de Coface.
