El conjunto de la Unión Europea se enfrenta a una brecha de inversión anual acumulada de hasta 800.000 millones de euros provocada por la necesidad de reemplazar y actualizar sus activos productivos.
La península ibérica registra tasas de inversión productiva neta superior al 2% en España y de hasta el 4,6% en Portugal frente a la desaceleración del centro del continente.
Reequilibrar la inversión requerirá impulsar la productividad, la innovación y la especialización, junto con políticas que contribuyan a equilibrar las condiciones de competencia.
Los cambios geopolíticos globales están redefiniendo el mapa de la competitividad. Según el nuevo informe de McKinsey Global Institute, Catalyzing competitiveness: Where investment happens and why, ("Catalizando la competitividad: Dónde se invierte y por qué"), que analiza la competitividad global, Europa afronta un importante desafío para recuperar competitividad y cerrar una brecha de inversión estimada entre 750.000 y 800.000 millones de euros al año. Sin embargo, dentro del análisis europeo, España presenta una combinación de factores que podrían favorecer la atracción de determinadas inversiones industriales, especialmente en actividades intensivas en energía, gracias a unos costes energéticos relativamente competitivos, al acceso al mercado europeo y una mejora sostenida de sus niveles de inversión.
El estudio, que analiza las tensiones geopolíticas y movimientos de capital, pone foco en la inversión productiva como una medida de la competitividad y analiza, con un enfoque detallado, dónde se invierte, en qué actividades y por qué. El análisis apunta que la falta de inversión en Europa no afecta a todos por igual. Mientras la industria tradicional del centro del continente sufre una desaceleración estructural, España y Portugal presentan condiciones relativamente más favorables para determinadas inversiones industriales.
El nuevo pulso inversor del sur de Europa
El estudio elaborado por McKinsey detalla que el motor de inversión en las principales economías occidentales ha experimentado un freno durante las últimas dos décadas, afectando la competitividad y la productividad futura de la región. Con una brecha anual que oscila entre los 750.000 y los 800.000 millones de euros, el informe señala que Europa necesitaría incrementar la inversión privada para ampliar su capacidad productiva e innovadora.
Sin embargo, el informe pone de manifiesto que esta desaceleración no afecta por igual a todos los territorios europeos. Alemania ha visto reducirse su tasa de inversión productiva neta hasta 0,2% de su PIB debido a que sus estrategias de respuesta priorizaron la consolidación fiscal y el freno constitucional al endeudamiento conocido como Schuldenbremse.
Una tendencia que contrasta de forma directa con la realidad de la península ibérica que presenta un mayor dinamismo inversor, como es el caso de España, que cuenta con una tasa de inversión productiva neta superior al 2% de su PIB. El informe agrupa a España con Francia e Italia como los países que han logrado recobrar un impulso inversor mucho más dinámico tras la crisis de la eurozona. Por su parte, Portugal registra una tasa de inversión productiva neta del 4,6% de su PIB en 2024, situándose entre las economías europeas con mayores tasas de inversión productiva neta.
A pesar de esta tendencia positiva en los flujos recientes, el análisis recuerda que persisten asimetrías en el stock de capital productivo acumulado. España presenta un stock de capital productivo por trabajador superior al de Portugal, aunque todavía inferior al de Francia, Alemania o Estados Unidos.
Los costes energéticos como factor de competitividad
El informe identifica los costes energéticos como uno de los factores que más están influyendo en las decisiones de inversión industrial. El incremento de los costes energéticos ha contribuido al cierre de cerca de 40 millones de toneladas de capacidad petroquímica desde 2022.
En este contexto, España y Portugal presentan una ventaja relativa dentro de Europa gracias a una mayor disponibilidad de generación renovable y a unos costes eléctricos inferiores a los de otras regiones industriales del continente. En 2024, el precio medio de la electricidad industrial en España se situó en torno a 120 dólares/MWh, frente a aproximadamente 200 dólares/MWh en Alemania y 155 dólares/MWh de media en la UE-27.
El informe también señala que parte de las nuevas inversiones electrointensivas ya se están dirigiendo hacia regiones con costes energéticos más competitivos, entre ellas la península ibérica y los países nórdicos. Estas condiciones podrían favorecer la localización de proyectos relacionados con materiales para baterías, industrias electrificadas, centros de datos e industrias intensivas en electricidad.
Al mismo tiempo, el estudio recuerda que la competitividad sigue siendo un reto global. Incluso en industrias como las gigafactorías de baterías, en las que Europa cuenta con localizaciones relativamente competitivas, los costes siguen siendo sensiblemente superiores a los de China.
El reto global de los costes y la velocidad
A pesar de las ventajas geográficas, el estudio advierte de la brecha competitiva frente a los líderes mundiales de inversión, representados por China y Taiwán. Los costes nivelados en las economías avanzadas son, por lo general, al menos un 50% superiores a los de los países que capturan la mayor cuota de capital productivo internacional, disparándose hasta un 300% en proyectos de I+D. Una parte importante de esta diferencia responde a mayores costes laborales que, en muchas instalaciones de última generación, ya no se compensan plenamente mediante mayores niveles de productividad, dado que las tecnologías y procesos utilizados tienden a converger entre geografías.
El tiempo de comercialización se ha consolidado como un vector crítico de la competitividad industrial moderna. El tiempo de comercialización (time-to-market) se ha consolidado como un factor crítico de la competitividad industrial moderna. Una parte sustancial de la desventaja de costes que penaliza a los operadores occidentales no se origina en las materias primas básicas, sino en retrasos en el desarrollo y ejecución de proyectos. El informe señala que, en determinados sectores, la adopción de modelos de desarrollo más ágiles podría reducir significativamente los tiempos de desarrollo y contribuir a disminuir los costes nivelados.
Siete palancas para el reequilibrio industrial
Para que la inversión privada vuelva a ser atractiva en un entorno fragmentado, el informe propone un plan de acción conjunto basado en siete palancas estratégicas. Las primeras medidas contemplan optimizar el gasto de capital (Capex) mediante la industrialización de la construcción con diseños modulares y una burocracia más ágil. Asimismo, se plantea contrarrestar los altos costes salariales impulsando la productividad laboral con automatización avanzada e Inteligencia Artificial, apoyándose en reformas fiscales normativas y en modelos de contratación flexibles que emulen la flexicurity de Dinamarca. Además, resulta clave asegurar un suministro energético limpio y abundante, incentivando la reubicación de las industrias electrointensivas en regiones con tarifas renovables favorables como España y Portugal o los países nórdicos.
Por otra parte, las empresas podrían acortar sus tiempos de comercialización mediante metodologías de diseño en paralelo en sus fases de investigación y desarrollo. Para evitar competir solo por costes, el informe plantea como posibles líneas de actuación priorizar la innovación y la diferenciación técnica en nichos especializados de alto valor donde la reputación de marca o las patentes aseguren precios premium capaces de absorber los sobrecostes estructurales.
Finalmente, el análisis plantea concentrar el capital en sectores críticos menos sensibles al coste y esenciales para la seguridad geopolítica, como los chips avanzados, la biotecnología o la infraestructura de supercomputación para IA, combinando este esfuerzo con una política industrial transparente que utilice subsidios específicos, aranceles selectivos y controles de inversión para mitigar las asimetrías del mercado exterior. El informe concluyen que reequilibrar la inversión requerirá impulsar la productividad, la innovación y la especialización, junto con políticas que contribuyan a equilibrar las condiciones de competencia.
