La nutrición y la microbiota intestinal siguen ganando protagonismo en la investigación sobre enfermedad inflamatoria intestinal (EII). Un ensayo clínico publicado en Molecular Nutrition & Food Research apunta que el consumo diario de zumo de granada durante 12 semanas podría ayudar a reducir la inflamación intestinal subclínica en pacientes con EII en remisión clínica, hallazgo de interés en un contexto en el que prevenir recaídas es uno de los principales retos en el manejo de estas patologías crónicas.
El estudio, en el que participaron investigadores de las universidades de Parma (Italia), Bolonia (Italia), Católica del Sacro Cuore (Italia), Auckland (Nueva Zelanda), el Hospital IRCCS St. Orsola-Malpighi (Bolonia) y el CEBAS-CSIC (Murcia, España), se realizó en pacientes con enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa que, pese a no presentar síntomas, mantenían niveles elevados de calprotectina fecal, un biomarcador utilizado en la práctica clínica para detectar inflamación intestinal y estimar el riesgo de brote.
Tras 12 semanas de intervención, el grupo que consumió zumo de granada registró una reducción significativa de este marcador, mientras que en el grupo placebo no se observaron cambios relevantes. Además, la investigación identificó una disminución de los niveles plasmáticos de endotoxina y cambios en la expresión de genes relacionados con la inmunidad de la mucosa intestinal y la función barrera. En conjunto, los resultados refuerzan la hipótesis de que determinados compuestos bioactivos de la granada podrían influir sobre mecanismos implicados en la inflamación intestinal de bajo grado.
El trabajo utilizó zumo 100% de granada administrado en dos tomas diarias y se centró en una población especialmente relevante desde el punto de vista clínico: pacientes en remisión, pero con signos biológicos de inflamación persistente. El objetivo no consistía en tratar un brote activo, sino analizar si una intervención nutricional rica en compuestos fenólicos presentes en el zumo podía contribuir a mantener la remisión y a reducir la inflamación subclínica que, en muchos casos, precede a una recaída.
Para el Dr. Vicente Navarro, especialista en enfermedades infecciosas y experto en Microbiota Humana, director clínico de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del H. U. Vinalopó, director de la Cátedra de Microbiota Humana de la UCAM y director de grupos de investigación en microbiota en Murcia y Fisabio, el interés del estudio reside precisamente en ese posible enfoque preventivo, “los niveles de calprotectina sirven al especialista en aparato digestivo para predecir el riesgo de una recaída aun estando el paciente asintomático”, explica. Y añade: “si el zumo de granada con estas dosis hace que los niveles de calprotectina bajen de manera significativa, muy probablemente estos pacientes van a estar más tiempo libres de enfermedad y el riesgo de nuevos brotes disminuye”.
No obstante, Navarro pide interpretar los resultados con prudencia, “sería digamos un abordaje preventivo entre brotes”, señala. Y recuerda que, por su tamaño y duración, el ensayo tiene el alcance de una prueba de concepto. “para demostrar que estén más tiempo libres de enfermedad, harían falta meses o un año de seguimiento y la evaluación de más pacientes”, indica.
EII: una enfermedad crónica que condiciona la vida del paciente
La enfermedad inflamatoria intestinal engloba principalmente dos patologías: la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Ambas cursan con inflamación crónica del aparato digestivo y alternan periodos de remisión con brotes de actividad. En España, su incidencia se sitúa en torno a 16 casos por cada 100.000 habitantes al año, con dos picos de aparición —entre los 15 y los 30 años y a partir de los 50—, especialmente en países con estilos de vida occidentalizados, según datos del Grupo Español de Trabajo en Enfermedad de Crohn y Colitis Ulcerosa (GETECCU). Entre sus síntomas más frecuentes figuran diarrea, dolor abdominal, urgencia defecatoria, rectorragia, pérdida de peso, fatiga o anemia. Su impacto, sin embargo, va más allá del intestino y condiciona de forma importante la calidad de vida del paciente.
Microbiota y barrera intestinal, una línea de investigación en expansión
La microbiota intestinal se ha convertido en una de las líneas de investigación más activas en este campo. En palabras del Dr. Navarro, “en la EII se sabe desde hace muchos años que hay un fenómeno que se llama traslocación bacteriana de origen intestinal”, es decir, el paso de toxinas y restos bacterianos a través de la mucosa intestinal, “eso provoca una inflamación sistémica en el cuerpo y al mismo tiempo una inflamación local provocando brotes”, explica. A ello se suma una alteración frecuente en estos pacientes: la pérdida de biodiversidad de la microbiota intestinal. “Hay una caída en la biodiversidad, en el número de bacterias diferentes que hay en el intestino, y eso es malo para la el enfermo”, resume.
La granada, un alimento mediterráneo con creciente interés científico
En este contexto, la granada despierta interés por su riqueza en polifenoles, especialmente elagitaninos como la punicalagina. Estos compuestos son metabolizados por la microbiota intestinal y dan lugar a moléculas como las urolitinas, investigadas por su posible papel en procesos inflamatorios y metabólicos. El estudio se apoya precisamente en esa hipótesis: que los compuestos fenólicos de la granada puedan modular la inflamación intestinal y contribuir al mantenimiento de la remisión.
Los resultados no plantean el zumo de granada como tratamiento de la enfermedad ni como sustituto de la terapia farmacológica, sino como una posible herramienta complementaria dentro de un abordaje global. En un escenario en el que el objetivo es prolongar la remisión y reducir el riesgo de recaída, este ensayo abre una vía de interés en el campo de la nutrición complementaria aplicada a la EII y refuerza la idea de que la alimentación y la microbiota pueden desempeñar un papel cada vez más relevante en el abordaje integral de estas patologías.
