Estudios realizados por instituciones internacionales como la Wharton School y la Universidad de Chicago cuantifican en hasta un 30 % la pérdida de credibilidad técnica que sufren los líderes debido a sesgos lingüísticos inconscientes
El auge del trabajo híbrido y de las reuniones por videoconferencia ha aportado una eficiencia sin precedentes al mundo empresarial, pero también ha puesto de manifiesto una barrera invisible y muy perjudicial para los directivos latinoamericanos en España: el "accentismo" (prejuicio por el acento). Se trata de un fenómeno sutil, pero devastador, en el que se pone gravemente en duda la competencia, la credibilidad y la autoridad técnica de ejecutivos y directivos altamente cualificados en entornos virtuales, únicamente por su forma de pronunciar el idioma.
Los estudios de sociolingüística señalan que el acento actúa como un potente activador de estereotipos de prestigio social. Investigaciones publicadas en Frontiers in Communication revelan que los oyentes tienden a clasificar las variedades lingüísticas que no se consideran “estándar” (como el español peninsular de Madrid) como menos creíbles, lo que exige un mayor esfuerzo cognitivo de procesamiento por parte del interlocutor. Este ”esfuerzo adicional” se interpreta inconscientemente como desconfianza o falta de claridad por parte del hablante. En el ámbito empresarial, esta distorsión perjudica directamente a los profesionales de América Latina.
En las pantallas de plataformas como Zoom o Teams, la ausencia de pistas físicas y contextuales centra toda la atención en la voz y el lenguaje verbal. Es en este contexto donde florecen las microagresiones digitales: interrupciones frecuentes, correcciones sutiles del vocabulario y la desvalorización de argumentos técnicos mediante comentarios condescendientes.
Para Luciane Rabello, psicóloga, especialista en Recursos Humanos y fundadora de TalentSphere People Solutions, el impacto psicológico de esta dinámica va mucho más allá de la incomodidad momentánea. “El prejuicio hacia el acento en las videoconferencias actúa como un saboteador silencioso de la seguridad psicológica. Cuando un ejecutivo de alto nivel percibe que su discurso es recibido con microexpresiones de duda o condescendencia, empieza a autocensurarse en exceso. Este estrés cognitivo genera un fenómeno de borrado de la identidad y agotamiento emocional, que agota la energía que debería emplear para liderar e innovar”.
El problema afecta tanto al ecosistema hispano como a los equipos ibéricos (formados por españoles y portugueses). Históricamente, existe una falsa creencia cultural de que la variante europea de una lengua es “más pura” o “correcta”, lo que alimenta una jerarquía lingüística invisible en el ámbito empresarial.
Rabello destaca que los líderes deben comprender que el acento no es un indicador de capacidad cognitiva o técnica. “El acento refleja la historia, la cultura y el origen de una persona. Intentar neutralizarlo para ser aceptado en el mercado español es una forma de violencia corporativa. Las empresas españolas que ignoran el accentism están, en realidad, socavando sus propios objetivos de diversidad e inclusión y silenciando a talentos globales que podrían aportar perspectivas cruciales del mercado”, advierte la fundadora de TalentSphere.
Para combatir este sesgo oculto en las interacciones virtuales, la experta de TalentSphere People Solutions recomienda tres medidas inmediatas para las organizaciones:
Formación en liderazgo sobre seguridad lingüística: Incorporar el prejuicio hacia el acento en los programas de sesgos inconscientes de RR. HH., desmontando la idea del “acento correcto”.
Protocolos para reuniones virtuales activas: Establecer normas claras de moderación en las videollamadas que eviten las interrupciones y garanticen un tiempo de intervención equitativo para todos.
Centrarse en el contenido, no en el ritmo: Formar a los equipos para que evalúen las propuestas basándose en métricas, datos y resultados, separando el rendimiento técnico del ritmo o la entonación del discurso.
El debate en torno al «accentismo» adquiere tintes críticos en un momento de intensa internacionalización de las empresas españolas y de consolidación de centros de negocios globales en ciudades como Madrid y Barcelona.. Ante la escasez de talento cualificado en los sectores de la tecnología, las finanzas y la gestión, España ha atraído a un número récord de profesionales sénior procedentes de América Latina.
Sin embargo, mientras que las políticas corporativas tradicionales avanzan en materia de diversidad de género y raza, la equidad lingüística sigue siendo un punto ciego. Ignorar los prejuicios relacionados con el acento no es solo un problema ético, sino un error estratégico: genera un “techo de cristal” invisible que sofoca la innovación, reduce el compromiso de los líderes clave y hace que el mercado español pierda todo el potencial de ejecutivos que dominan el negocio, pero que se ven penalizados por su origen geográfico.
