¿Puede llegar a España el parásito que ha provocado miles de casos de diarrea explosiva en EEUU?

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¿Puede llegar a España el parásito que ha provocado miles de casos de diarrea explosiva en EEUU?

La retirada de lechuga iceberg y el aumento de los contagios han convertido a Cyclospora en la gran alerta alimentaria del verano en Estados Unidos. La gastroenteróloga Malena García Arredondo, fundadora de MGA Healthy Digest, responde a las principales dudas sobre este parásito y su posible impacto en España.

La alarma sanitaria desatada en Estados Unidos por el mayor brote de Cyclospora registrado hasta la fecha ha vuelto a poner el foco sobre la seguridad alimentaria en pleno verano. Durante la última semana del Mundial de Fútbol, las autoridades sanitarias estadounidenses han intensificado las investigaciones tras vincular miles de casos de infección a la lechuga iceberg servida en restaurantes de Taco Bell en los estados de Indiana, Kentucky, Michigan, Ohio y Virginia Occidental. La crisis ha obligado a retirar productos del mercado, suspender el uso de este tipo de lechuga y reforzar las alertas ante la posibilidad de que la contaminación haya alcanzado otros establecimientos y canales de distribución.

El parásito Cyclospora cayetanensis, responsable de la enfermedad, puede provocar una intensa infección intestinal cuyos síntomas más característicos incluyen una diarrea acuosa que los propios Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) describen en algunos casos como "explosiva", además de náuseas, dolor abdominal, pérdida de apetito, fatiga y pérdida de peso. Con más de 5.000 casos confirmados en Michigan, cientos de hospitalizaciones y miles de infecciones investigadas en decenas de estados, el brote ha reabierto el debate sobre los riesgos asociados al consumo de frutas y verduras contaminadas y sobre cómo identificar los síntomas a tiempo para evitar complicaciones.. 

En este contexto, la doctora Malena García Arredondo, especialista en aparato digestivo, responde a las principales dudas sobre esta infección y explica qué debemos saber para protegernos.

Pregunta: El brote de Cyclospora en Estados Unidos ha vuelto a poner el foco en las infecciones parasitarias. ¿Qué es exactamente Cyclospora y por qué está generando tanta preocupación?

Respuesta: Lo primero que conviene aclarar es que Cyclospora cayetanensis no es una bacteria, sino un protozoo, un parásito microscópico que infecta el intestino delgado y produce una enfermedad denominada ciclosporosis. Aunque en personas sanas rara vez provoca cuadros graves, sí puede originar una diarrea muy prolongada, con pérdida de líquidos, pérdida de peso, cansancio y una importante repercusión sobre la calidad de vida. Uno de sus rasgos más característicos es que los síntomas pueden mejorar durante unos días y volver a reaparecer si no se instaura el tratamiento adecuado.

El brote detectado este verano en Estados Unidos ha despertado interés porque ha afectado a un elevado número de personas distribuidas en distintos estados. Como ocurre en otros brotes alimentarios, la investigación epidemiológica continúa para identificar con precisión el origen de la contaminación y evitar nuevos casos.

Este episodio recuerda que, aunque solemos asociar las diarreas estivales a virus o bacterias, los parásitos intestinales también pueden ser responsables de brotes alimentarios, especialmente cuando intervienen alimentos frescos consumidos en crudo.

Pregunta: ¿Es una infección que también puede afectar a España o debemos considerarla un problema exclusivamente de otros países?

Respuesta: No debemos considerarla un problema exclusivo de otros países. Aunque la ciclosporosis es mucho más frecuente en regiones tropicales y subtropicales, puede diagnosticarse en cualquier lugar del mundo, incluido España.

La mayoría de los casos descritos en Europa están relacionados con viajes internacionales o con el consumo de alimentos importados, especialmente frutas, verduras y hierbas aromáticas frescas. Sin embargo, la globalización de la cadena alimentaria hace que microorganismos que antes parecían lejanos puedan aparecer también en nuestro entorno.

Dicho esto, es importante transmitir un mensaje de tranquilidad. En España el riesgo sigue siendo bajo y la gran mayoría de las diarreas agudas continúan estando causadas por virus o bacterias mucho más frecuentes.

Más que generar alarma, este tipo de brotes deben servir para recordar la importancia de los sistemas de vigilancia alimentaria y de la trazabilidad de los alimentos, que permiten identificar rápidamente un problema y retirar los productos afectados cuando es necesario.

Pregunta: ¿Cómo se transmite este parásito y qué alimentos suelen estar más implicados en este tipo de brotes?

Respuesta: La transmisión se produce al consumir agua o alimentos contaminados con ooquistes del parásito, generalmente durante el cultivo, el riego, la recolección o la manipulación de los alimentos.

A diferencia de otros microorganismos intestinales, Cyclospora presenta una característica muy interesante desde el punto de vista epidemiológico: el parásito eliminado en las heces no es inmediatamente infectivo, sino que necesita permanecer varios días en el medio ambiente para completar su maduración. Por ello, el contagio directo de una persona a otra es muy poco probable.

Los alimentos implicados con mayor frecuencia en los brotes descritos en la literatura científica son aquellos que se consumen crudos y apenas reciben tratamiento térmico: lechugas, mezclas de ensalada, espinacas, cilantro, albahaca, perejil, brotes vegetales y diferentes frutas, especialmente algunas bayas.

Es importante destacar que estos alimentos no tienen por qué presentar mal aspecto, olor ni sabor alterados, por lo que el consumidor no puede identificar visualmente si están contaminados.

Pregunta: Muchas personas atribuyen una diarrea de verano a una simple gastroenteritis o a una comida en mal estado. ¿Qué síntomas deberían hacer sospechar que puede tratarse de algo más?

Respuesta:  La mayoría de las diarreas agudas se resuelven espontáneamente en pocos días. Sin embargo, hay determinadas características que deberían hacer pensar que no estamos ante una gastroenteritis banal. En el caso de Cyclospora, lo más característico es una diarrea acuosa abundante que persiste durante más de una semana, o que mejora inicialmente y vuelve a aparecer días después. Puede acompañarse de cólicos abdominales, distensión, gases, náuseas, pérdida de apetito, pérdida de peso y un cansancio muy llamativo que, en ocasiones, persiste incluso cuando la diarrea comienza a remitir.

Otro dato importante es el tiempo de aparición. Mientras algunas intoxicaciones alimentarias comienzan pocas horas después de ingerir el alimento contaminado, la ciclosporosis suele manifestarse aproximadamente una semana después de la exposición, por lo que muchos pacientes ni siquiera relacionan los síntomas con lo que comieron días antes.

El mensaje más importante es que una diarrea que dura más de cinco o siete días, reaparece tras una mejoría o se acompaña de pérdida de peso, signos de deshidratación o un deterioro importante del estado general merece una valoración médica. No todas las diarreas persistentes son graves, pero sí requieren un diagnóstico adecuado para instaurar el tratamiento más apropiado.

Pregunta: ¿Cuáles son las principales diferencias entre una gastroenteritis vírica, una intoxicación alimentaria y una infección por un parásito intestinal como Cyclospora?

Respuesta: Aunque los síntomas pueden parecer similares, el tiempo de aparición, la duración y la evolución clínica ayudan a orientar el diagnóstico. La gastroenteritis vírica, causada con frecuencia por norovirus o rotavirus, suele comenzar de forma brusca, con diarrea acuosa, vómitos, malestar general y, en ocasiones, fiebre baja. Lo habitual es que se resuelva espontáneamente en dos o tres días, aunque algunos pacientes pueden tardar algo más en recuperarse.

La intoxicación alimentaria por toxinas, como las producidas por Staphylococcus aureus o Bacillus cereus, aparece pocas horas después de ingerir el alimento contaminado. Predominan las náuseas y los vómitos, con una evolución generalmente corta, inferior a 24-48 horas.

Las infecciones bacterianas, como las producidas por Salmonella, Campylobacter o algunas cepas de Escherichia coli, suelen asociar diarrea, fiebre y dolor abdominal, pudiendo aparecer sangre en las heces dependiendo del microorganismo responsable. En cambio, la ciclosporosis suele comenzar aproximadamente una semana después de la exposición y se caracteriza por una diarrea acuosa persistente, acompañada de distensión abdominal, gases, pérdida de apetito, pérdida de peso y un cansancio intenso. Sin tratamiento, los síntomas pueden prolongarse durante semanas e incluso presentar recaídas.

En cualquier caso, los síntomas por sí solos no permiten establecer el diagnóstico definitivo, por lo que la historia clínica y las pruebas microbiológicas siguen siendo fundamentales.

Pregunta: ¿Qué pruebas permiten diagnosticar este tipo de infecciones y por qué, en ocasiones, pueden pasar desapercibidas durante días o incluso semanas?

Respuesta: El diagnóstico se realiza mediante el estudio de las heces, pero aquí existe una de las principales dificultades. Un coprocultivo convencional, que es la prueba que habitualmente se solicita ante una diarrea, está diseñado para detectar bacterias y no identifica Cyclospora. Si el médico no sospecha la infección y no solicita un estudio específico de parásitos o un panel molecular que incluya este protozoo, el diagnóstico puede retrasarse.

Actualmente, las técnicas más sensibles son los paneles de PCR gastrointestinal, que permiten detectar simultáneamente múltiples bacterias, virus y parásitos. También puede identificarse mediante microscopía utilizando técnicas especiales, aunque requieren experiencia y son menos sensibles.

Además, el parásito no siempre se elimina de forma continua en las heces, por lo que una única muestra negativa no descarta completamente la infección. En ocasiones es necesario analizar varias muestras recogidas en días diferentes.

Otro factor que dificulta el diagnóstico es que el periodo de incubación suele ser de aproximadamente una semana. Cuando el paciente consulta, muchas veces le resulta imposible recordar qué alimentos consumió varios días antes, complicando tanto el diagnóstico clínico como la investigación epidemiológica.

Pregunta: ¿Qué errores solemos cometer los consumidores en verano al manipular o consumir frutas, verduras y otros alimentos frescos?

Respuesta: El error más frecuente es pensar que un alimento contaminado tiene que presentar mal olor, mal sabor o un aspecto diferente. En realidad, la mayoría de los alimentos implicados en brotes de origen alimentario tienen un aspecto completamente normal.

Otro error habitual es confiar en que un lavado rápido elimina cualquier microorganismo. Lavar frutas y verduras bajo agua corriente reduce la suciedad y disminuye parte de la carga microbiana, pero no garantiza la eliminación completa de determinados parásitos, entre ellos Cyclospora. Por eso la seguridad alimentaria depende, sobre todo, de que toda la cadena de producción, desde el cultivo hasta la distribució, cumpla unas estrictas medidas higiénicas.

También seguimos cometiendo errores como romper la cadena de frío durante comidas al aire libre, utilizar la misma tabla para alimentos crudos y cocinados, manipular alimentos sin un correcto lavado de manos o dejar productos frescos varias horas a temperatura ambiente.

La mayoría de las infecciones alimentarias no se producen en casa, sino antes de que el alimento llegue al consumidor. Sin embargo, una correcta manipulación doméstica sigue siendo esencial para reducir el riesgo.

Pregunta: ¿Qué recomendaciones daría para reducir el riesgo de contraer infecciones intestinales durante las vacaciones, tanto en España como en viajes al extranjero?

Respuesta: Las recomendaciones son sencillas, pero siguen siendo las más eficaces. En España conviene mantener una correcta higiene de manos, lavar frutas y verduras con agua potable, conservar adecuadamente los alimentos refrigerados, evitar la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocinados y respetar siempre la cadena de frío, especialmente durante comidas al aire libre.

Cuando viajamos al extranjero, sobre todo a países con condiciones sanitarias diferentes, las precauciones deben ser mayores. Es recomendable beber únicamente agua embotellada o tratada, evitar hielo de procedencia desconocida, consumir alimentos bien cocinados y servidos calientes y ser prudentes con ensaladas, verduras crudas, frutas ya cortadas y otros alimentos que puedan haberse lavado con agua contaminada.

También es importante mantenerse bien hidratado y consultar con un profesional sanitario si la diarrea persiste más de unos días, aparece sangre en las heces, fiebre elevada o signos de deshidratación. El objetivo no es dejar de disfrutar de las vacaciones, sino adoptar unas medidas de prevención sencillas que reducen significativamente el riesgo de infecciones intestinales.

Pregunta: ¿Existen determinados grupos de población especialmente vulnerables frente a este tipo de parásitos?

Respuesta: Cualquier persona puede infectarse por Cyclospora, pero no todas desarrollan la enfermedad con la misma intensidad. En la mayoría de los adultos sanos, la infección suele ser autolimitada, aunque puede prolongarse varias semanas si no se trata.

Sin embargo, existen grupos especialmente vulnerables en los que la enfermedad puede ser más intensa, prolongada o asociarse a complicaciones. Entre ellos se encuentran las personas con el sistema inmunitario debilitado, como pacientes trasplantados, en tratamiento con quimioterapia o fármacos inmunosupresores, personas con infección por VIH avanzada y algunos pacientes con enfermedades hematológicas.

También conviene prestar especial atención a las personas mayores, los niños pequeños y quienes presentan enfermedades crónicas, ya que una diarrea prolongada puede favorecer la deshidratación, los trastornos electrolíticos y la pérdida de peso. En las mujeres embarazadas no se ha demostrado que Cyclospora produzca las complicaciones fetales descritas para otros microorganismos como Listeria monocytogenes. No obstante, cualquier diarrea persistente durante el embarazo debe ser valorada, ya que la deshidratación y el deterioro del estado nutricional pueden tener consecuencias tanto para la madre como para el desarrollo del embarazo.

Más que el propio parásito, lo que determina la gravedad suele ser la situación clínica previa del paciente y su capacidad para mantener una adecuada hidratación y estado nutricional.

Pregunta: ¿Cree que este brote debe servir para concienciar sobre la importancia de no normalizar una diarrea persistente y acudir al especialista cuando los síntomas se prolongan?

Respuesta: Sin duda. El mensaje no debe ser generar alarma, porque la mayoría de las diarreas agudas son leves y se resuelven espontáneamente en pocos días. Sin embargo, tampoco debemos caer en el extremo contrario y asumir que toda diarrea prolongada “es normal” o que terminará desapareciendo por sí sola.

Cuando una diarrea dura más de cinco o siete días, reaparece tras una aparente mejoría, se acompaña de pérdida de peso, pérdida de apetito, signos de deshidratación, fiebre elevada o sangre en las heces, es recomendable consultar con un profesional sanitario.

Una diarrea persistente puede deberse a un parásito como Cyclospora, pero también a infecciones bacterianas, enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad celíaca, efectos secundarios de medicamentos o alteraciones intestinales que requieren un tratamiento específico. En gastroenterología insistimos en una idea muy sencilla: la duración de los síntomas es tan importante como los propios síntomas. Una diarrea que persiste durante semanas nunca debe normalizarse sin haber realizado una valoración adecuada.

Pregunta: ¿Cuál es el mayor mito que escucha en consulta cuando un paciente llega con una diarrea que dura varios días?

Respuesta: Probablemente el mito más frecuente es pensar que “si llevo varios días con diarrea será porque algo me sentó mal”. Es cierto que muchas diarreas comienzan tras consumir un alimento contaminado, pero eso no significa que el último alimento ingerido sea el responsable. En infecciones como la producida porCyclospora, los síntomas suelen aparecer aproximadamente una semana después de la exposición, por lo que el alimento causante puede haber sido consumido muchos días antes y el paciente ya ni siquiera lo recuerda.

Otro error frecuente es automedicarse durante días con antidiarreicos o antibióticos sin conocer la causa. Los antidiarreicos pueden aliviar algunos síntomas, pero no sustituyen el diagnóstico, y los antibióticos no son útiles frente a todas las infecciones intestinales. De hecho, en algunos casos pueden incluso alterar la microbiota intestinal o dificultar la interpretación del cuadro clínico.

También es habitual pensar que una diarrea prolongada se resolverá únicamente con una dieta muy restrictiva o con probióticos. Aunque estos pueden ser útiles en determinadas situaciones, no sustituyen una evaluación médica cuando los síntomas persisten.

El mensaje más importante es que una diarrea de varios días no siempre es una simple gastroenteritis. Si se prolonga, reaparece o se acompaña de síntomas de alarma, merece un estudio para identificar la causa y ofrecer el tratamiento más adecuado. Esa es la mejor forma de evitar complicaciones y favorecer una recuperación completa. 

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