Las altas temperaturas y la exposición a incendios forestales pueden incrementar la ansiedad, la irritabilidad, el estrés y las alteraciones del sueño
La presión por la imagen corporal durante el verano también puede favorecer o agravar trastornos de la conducta alimentaria, especialmente en población joven
El verano no solo afecta a la salud física. El aumento de las temperaturas, las olas de calor cada vez más frecuentes y los incendios forestales pueden tener un impacto significativo sobre el bienestar psicológico de la población. Ansiedad, irritabilidad, insomnio, fatiga emocional o sensación de amenaza son algunas de las consecuencias que pueden aparecer o agravarse durante estos episodios extremos.
Desde la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM) se advierte de que las condiciones ambientales adversas pueden incrementar la vulnerabilidad psicológica de determinadas personas, especialmente aquellas que ya presentan trastornos de ansiedad, depresión o problemas relacionados con la salud mental.
El impacto de las olas de calor en el bienestar emocional
Las olas de calor prolongadas suponen un importante factor de estrés para el organismo. Además del malestar físico, pueden alterar los mecanismos que regulan el sueño, la concentración y el estado de ánimo. Según explica el doctor Víctor Navalón, psiquiatra del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre, "las temperaturas extremas generan una sobrecarga fisiológica que puede traducirse en un aumento de la irritabilidad, el cansancio mental, la sensación de agotamiento y una menor tolerancia al estrés".
El especialista señala que "muchas personas experimentan durante estos episodios una intensificación de síntomas de ansiedad y una disminución de su capacidad para afrontar las exigencias cotidianas. Además, las sensaciones corporales provocadas por el calor, como palpitaciones, sudoración excesiva, sensación de ahogo o mareos, pueden confundirse con síntomas de una crisis de ansiedad y aumentar el malestar emocional".
Incendios forestales: una fuente creciente de ansiedad y estrés
A los efectos directos por las altas temperaturas, se suma otro fenómeno cada vez más frecuente en los meses estivales: los incendios forestales. Más allá de sus consecuencias materiales y medioambientales, estos episodios también pueden generar un importante impacto psicológico.
La exposición al humo, las evacuaciones, la incertidumbre sobre la seguridad familiar o la pérdida de viviendas y entornos naturales pueden provocar sentimientos de miedo, angustia, tristeza o estrés continuado. La Sociedad Española de Epidemiología ha alertado recientemente de que los incendios forestales y las temperaturas extremas repercuten también en la salud mental, favoreciendo episodios de ansiedad, estrés y sensación de desarraigo entre las personas afectadas.
Según el doctor Navalón, "la percepción de amenaza constante que generan estos acontecimientos puede incrementar la preocupación y la sensación de vulnerabilidad, especialmente entre quienes viven cerca de las zonas afectadas o han tenido experiencias previas relacionadas con desastres naturales".
Alteraciones del sueño y fatiga mental
Uno de los efectos más habituales del calor es la alteración del descanso nocturno. Las altas temperaturas dificultan la conciliación y el mantenimiento del sueño, provocando noches más cortas y menos reparadoras. El profesional afirma que "la falta de descanso repercute directamente sobre el equilibrio emocional y la capacidad cognitiva. Dormir peor aumenta la irritabilidad, dificulta la concentración y puede agravar síntomas de ansiedad, depresión y otros trastornos del estado de ánimo". Además, aunque las vacaciones suelen asociarse al descanso, los cambios de rutinas, los desplazamientos y la planificación de actividades pueden convertirse también en una fuente adicional de estrés para algunas personas.
Estrés térmico y ansiedad
El calor intenso provoca cambios fisiológicos que activan los mecanismos de adaptación del organismo. El incremento de la frecuencia cardiaca, la aceleración de la respiración y el aumento de los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés, pueden intensificar la sensación de ansiedad en personas predispuestas. A ello se suma la deshidratación, frecuente durante los meses estivales, que puede favorecer la aparición de mareos, fatiga, dificultad para concentrarse y sensación de malestar general.
Imagen corporal y trastornos de la conducta alimentaria
Más allá de los efectos fisiológicos del calor, el verano también puede influir en el bienestar psicológico a través de factores sociales. Según el doctor Navalón, "la búsqueda de una imagen corporal ideal puede favorecer conductas restrictivas, dietas poco saludables y una mayor preocupación por el aspecto físico, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes. La exposición constante a contenidos relacionados con el cuerpo en redes sociales puede aumentar la inseguridad y la insatisfacción corporal, favoreciendo la aparición o el empeoramiento de trastornos como la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón".
"Además, las personas que reciben tratamiento con psicofármacos deben extremar las precauciones durante las olas de calor. Algunos medicamentos, como ansiolíticos o antidepresivos pueden dificultar la regulación de la temperatura corporal o favorecer la deshidratación", comenta el profesional.
El doctor Víctor Navalón recuerda que "los pacientes no deben suspender ni modificar su medicación por iniciativa propia durante el verano. Lo recomendable es mantener una buena hidratación, evitar la exposición prolongada al calor y consultar con su psiquiatra si aparecen síntomas como confusión, somnolencia excesiva, debilidad intensa, temblores o cualquier cambio llamativo en su estado habitual."
