Viajes largos en personas mayores: cómo prepararlos para llegar con más seguridad

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Planificar pausas, hidratarse y llevar la medicación organizada ayuda a reducir complicaciones durante los desplazamientos de verano

Viajes largos en personas mayores: cómo prepararlos para llegar con más seguridad

Los desplazamientos largos forman parte de muchos planes de verano, especialmente cuando se viaja para reunirse con familiares o pasar unos días fuera del domicilio habitual. Sin embargo, en las personas mayores, pasar varias horas en coche, tren, autobús o avión puede afectar a la circulación, la movilidad y el control de enfermedades crónicas.

Permanecer sentado durante mucho tiempo reduce la actividad muscular de las piernas, dificulta el retorno venoso y favorece la hinchazón de tobillos. A esto se suman factores habituales en verano, como el calor, la menor ingesta de agua por miedo a necesitar ir al baño o los cambios en horarios de comida y medicación.

“Muchas complicaciones durante un traslado no aparecen por el trayecto en sí, sino por la suma de pequeñas alteraciones: se bebe menos agua, se camina menos, se retrasa una comida o se modifica una toma. En una persona mayor, esos cambios pueden traducirse en mareo, cansancio intenso, descompensación de la tensión o empeoramiento de una patología previa”, explica Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores.

Uno de los riesgos asociados a los desplazamientos prolongados, especialmente cuando se permanece sentado más de cuatro horas, es la trombosis venosa profunda. Aunque el riesgo global es bajo, aumenta cuando existen factores como edad avanzada, antecedentes personales o familiares de trombosis, cirugía o ingreso reciente, cáncer activo o tratamiento oncológico, obesidad, movilidad limitada, varices, enfermedades cardiopulmonares o diabetes. En estos casos conviene consultar previamente con un profesional sanitario si son necesarias medidas individualizadas, como medias de compresión u otras recomendaciones específicas.

“También conviene prestar atención a la rigidez muscular y articular. Quienes tienen artrosis, molestias lumbares, prótesis articulares, problemas de equilibrio o pérdida de fuerza pueden llegar al destino con más dolor o inseguridad al caminar si han pasado demasiadas horas sin moverse”, añade por su parte explica Parham Khosravi, director médico de Sanitas.  

En cualquier caso, la recomendación no debe ser evitar la salida, sino prepararla mejor. Cuando una persona mayor sabe cuándo parar, cómo moverse, qué medicación llevar y qué síntomas vigilar, el traslado se afronta con más seguridad. “El miedo a marearse, necesitar ayuda o no llegar al baño a tiempo puede llevar a beber menos, moverse menos o no pedir una pausa. Pactar paradas, llevar la medicación visible y anticipar qué hacer ante una molestia ayuda a reducir la incertidumbre, aumenta la sensación de control y permite que la persona mayor participe en las decisiones sin vivir el traslado como una pérdida de autonomía", apunta Pablo Ramos, psicólogo de Blua de Sanitas.

Ante esta situación, los expertos de Sanitas Mayores recomiendan:

Preparar la medicación antes de salir. Conviene llevarla en el equipaje de mano, preferiblemente en su envase original, con dosis suficientes para toda la estancia y algunos días adicionales por posibles retrasos. También es recomendable llevar una lista actualizada con el nombre de los fármacos, dosis, horario, alergias relevantes y patología de base; en viajes internacionales o con medicamentos sujetos a control, puede ser necesario revisar requisitos específicos o llevar informe/prescripción.

Además de organizar las tomas, conviene revisar cómo se conservarán los medicamentos durante el trayecto. Muchos fármacos deben mantenerse lejos del calor excesivo, la humedad y la exposición directa al sol; algunos, como insulinas u otros tratamientos específicos, pueden requerir condiciones concretas de conservación. Ante la duda, es recomendable revisar el envase o prospecto y consultar con un profesional sanitario.

Evitar reducir líquidos por miedo a ir al baño. En las personas mayores, la deshidratación puede favorecer mareo, estreñimiento, confusión, infecciones urinarias y caídas, especialmente en días de calor. Conviene beber agua de forma regular y planificar paradas; en personas con insuficiencia cardiaca, enfermedad renal o restricción hídrica, la pauta de ingesta debe individualizarse según indicación sanitaria.

Mover las piernas con regularidad. En avión, tren o autobús conviene levantarse y caminar cuando sea posible, idealmente cada 2-3 horas, y realizar ejercicios desde el asiento como elevar talones, flexionar tobillos, levantar puntas de los pies y contraer los gemelos. En coche, es recomendable planificar paradas para caminar unos minutos y estirar las piernas.

Elegir ropa y calzado adecuados. Las prendas muy ajustadas en cintura, ingles o piernas pueden dificultar la circulación. Si existe indicación médica de medias de compresión, deben utilizarse según pauta.

Mantener horarios de comida razonables. Saltarse comidas o tomar alimentos muy copiosos puede alterar la tensión, la glucosa o la digestión, especialmente en personas con diabetes, hipertensión o insuficiencia cardiaca.

Vigilar señales de alarma. La inflamación repentina o marcada de una sola pierna, dolor o sensibilidad en la pantorrilla, enrojecimiento o aumento de temperatura local requieren valoración médica. Si aparece dificultad para respirar, dolor torácico que empeora al respirar o toser, palpitaciones, tos con sangre, desmayo, mareo intenso o pérdida brusca de fuerza, se debe solicitar atención urgente.

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