Por Susan Villa
La infancia plantea desafíos que no siempre vienen acompañados de un manual de instrucciones. Cuando un niño presenta autismo, TDAH, altas capacidades u otras necesidades educativas, la atención suele centrarse —necesariamente— en el menor, pero también existe una familia que necesita comprender, acompañar y aprender a desenvolverse ante una realidad nueva. De esa necesidad nace Pequeterapia, el proyecto impulsado por Joana Martín, psicóloga infantil, formadora y asesora de educación y crianza, que trabaja junto a familias y docentes ofreciéndoles herramientas prácticas y emocionales.
Su experiencia comenzó trabajando con niños con autismo y fue precisamente el contacto directo con ellos, sus padres y sus profesores lo que le permitió detectar una carencia: quienes rodean al menor también necesitan sentirse escuchados, comprendidos y preparados. Con el tiempo, su labor se ha extendido a sesiones de asesoramiento, talleres y formaciones, llegando en menos de un año a trabajar con más de treinta escuelas y cerca de veinte familias.
Susan Villa conversa con Joana Martín sobre los grandes retos que afrontan hoy las familias y los profesionales de la educación: desde la sobreinformación y la inseguridad en la crianza hasta la necesidad de establecer límites saludables, acompañar adecuadamente la neurodivergencia y dotar a los docentes de herramientas adaptadas a la realidad del aula. Una entrevista que invita a mirar la infancia desde la escucha, el respeto y la comprensión, recordándonos que detrás de cada conducta existe una emoción o una necesidad que merece entenderse.
1. ¿Cómo nació Pequeterapia y qué experiencia personal o profesional le hizo comprender que las familias también necesitaban acompañamiento y herramientas?
Todo nació subiendo vídeos sobre psicología infantil a redes sociales. Lo hacía para crear una especie de portfolio donde mostrar cómo trabajo y mi enfoque realista de la educación siendo madre, pero nunca pensé que acabaría siendo lo que es hoy.A la vez, me estaba especializando en autismo y era profesora particular de niños con necesidades especiales. Al poco tiempo empecé a recibir mensajes de madres y de profesores preguntándome si hacía algún curso o si podía ayudarles más con sus peques, así que di el paso de hacer sesiones de asesoramiento educativo. Siempre me ha gustado mucho enseñar, así que en ellas terminaba explicando el porqué de muchas cosas y por qué actuar de cierta forma. Me di cuenta de que les ayudaba mucho a mejorar.Me saqué el título de formadora, contacté con centros educativospara ofrecer talleres a las familias y la verdad es que fue un éxito. Las directoras también querían que les ayudara ante ciertos casos en el aula, así que preparé cursos para docentes.El boca a boca hizo que trabajase, en menos de un año, con más de 30 escuelas y casi 20 familias.Un día recuerdo que miré mi agenda y me di cuenta de que la mayoría de las personas que contactaban conmigo buscaban ayuda porque los niños eran autistas, tenían atención divergente o altas capacidades. Cuando hay un diagnóstico o rasgos neurodivergentes,tanto la familia como los profesores se sienten solos y muy perdidos, así que decidí investigar y seguir formándome en ello, y que Pequeterapia continuase por el camino del acompañamiento y de la formación neurodivergente.Hay mucha gente hablando de esto, pero necesitamos una visión más práctica y menos clínica, más realista y menos generalizada.
2. ¿En qué consiste el método de trabajo que desarrolla con las familias para ayudarlas a comprender y canalizar las respuestas emocionales y conductuales de los niños?
Siempre se empieza escuchando y validando lo que le preocupa a la familia.El objetivo no es solo entender al niño, porque él es solo una pieza de todo un engranaje. Vemos cómo se relacionan entre ellos, la situación en la que se encuentran y cómo la perciben.Después empezamos con la psicoeducación familiar: les explicamos por qué se dan ciertos comportamientos y cómo pueden responder para que sea lo más sano posible para todos. Detrás de cada conducta siempre hay una emoción o una necesidad del niño, y la expresa como puede en ese momento. Lo que necesitamos es saber comprenderlo y responder de la forma más sana posible para todos.Aplicamos en el día a día estrategias de regulación, trabajamos la comunicación, el autoconocimiento, la autoestima... y pronto vamos viendo cómo todos se van sintiendo más seguros y con confianza en sí mismos.Nuestro trabajo no consiste simplemente en decirles qué hacer ante una situación, sino en enseñarles a conseguir las herramientas, tanto prácticas como emocionales, para que sepan sostenerlo a largo plazo.
3. Usted afirma que muchos padres están sobreinformados, pero continúan sintiéndose inseguros al educar; ¿por qué cree que se produce esta contradicción?
Tenemos mucha información disponible, perono es lo mismo información que conocimiento.Y hoy esmuy fácil encontrar consejos opuestos sobre un mismo tema de la mano de distintos profesionales, y esto crea más confusión que tranquilidad en las familias.Esa intranquilidad hace que se sientan más necesitadas de información y vuelvan a buscar más, cayendo en un bucle que muchas veces les causa culpa y el sentimiento de no ser suficientes, de no saber qué más hacer o dónde más buscar ayuda.
También sucede que se buscan consejos generales que alivien su preocupación deforma rápida y sencilla. Pero si deverdad se quiere conseguir una mejoría a largo plazo, necesitamos observar la situación individual de cada familia y ver qué necesita cada uno, no solo elniño, para adaptar cambios y herramientas emocionales acordes a su realidad. No todos necesitamos el mismo consejo, y los profesionales debemos partir de eso para ayudarles de verdad.
4. ¿Cómo pueden las familias establecer límites saludables sin confundir el respeto hacia el niño con una educación excesivamente permisiva?
Es una buenísima pregunta y muy necesaria, porque todavía existe la falsa creencia de que educar con respeto significa dejar que los niños hagan lo que quieran o no decirles nunca que no. Y no es así.Cuando un bebé gatea hacia un enchufe, le cogemos y le alejamos de ahí. Eso ya es poner unlímite. No es regañar ni ser desagradable con él, y creo que ahí radica el principal error: pensar que un límite es algo malo para el niño porque le quitamos libertad. Pero es todo lo contrario: le damos seguridad. Los límites guían, enseñan a anticipar lo que puede pasar y a convivir en una sociedad de forma respetuosa con los demás y también consigo mismos. Lo más importante en los límites es cómo los ponemos. Un límite con respeto es firme, claro y coherente, pero siempre debe ir acompañado de escucha y validación emocional.
Podemos entender que un niño se sienta mal porque no consigue lo que quiere, como también nos sucede a los adultos. Podemos hacerle ver que entendemos por lo que está pasando, ayudarle ante ese malestar y, al mismo tiempo, mantener el límite de forma tranquila y conservando el control de la situación.
5. Cuando un menor es diagnosticado con autismo o presenta necesidades educativas especiales, ¿qué tipo de apoyo emocional y práctico deberían recibir sus padres y hermanos?
Todos necesitamos entender qué sucede para sentirnos en calma. Cuando se recibe un diagnóstico o una sospecha,hay mucha incertidumbre e inquietud sobre cómo van a ser las cosas y qué deben hacer. Incluso pueden entrar en duelo por las expectativas que la familia había construido.Lo primero es que reciban toda la información posible sobre las cualidades del niño y sus necesidades. Un error muy común es informar sobre lo que al niño le cuesta, las diferencias negativas con sus compañeros, las debilidades que se le han encontrado... y esto desalienta y dificulta mucho el proceso.Ellos necesitan información rigurosa y realista, pero no solo desde el lado de la dificultad. También necesitan respuestas a los "qué hago" y "cómo lo hago" para el día a día, para actuar desde la confianza y la seguridad en sí mismos.Hacer estoacompañados de un profesional que sepa entender el proceso de aceptación y aprendizaje desde el principio facilita mucho estos primeros momentos.También es importante cuidar a los hermanos, porque ellos viven el proceso desde su propia experiencia y necesitan espacios donde expresar sus emociones, hacer preguntas y sentirse igualmente atendidos. Cuando toda la familia recibe apoyo, el bienestar y la mejora son de todos.
6. ¿Qué cambios considera necesarios en la formación de los docentes para atender adecuadamente las necesidades emocionales y educativas de los niños?
Creo que debemos reflexionar sobre el objetivo principal del sistema educativo. Educar no es solo transmitir conocimientos; también es acompañar y fomentar el desarrollo emocional y social sano de los más pequeños.Las necesidades educativas cada vez son más variadas, pero la formación docente todavía no capacita lo suficiente para saber acompañar las diferentes formas de aprender, comunicarse y desarrollarse de los niños.Además, mi experiencia junto a estos profesionales me deja claro que están dispuestos a aprender porque ven la necesidad de hacerlo. Pero les sucede lo mismo que a las familias: no encuentran un aprendizaje práctico para la realidad del aula, con las ratios y los recursos que hay actualmente.También es cierto que cada vez veo más profesionales concienciados, que se preocupan por actualizarse y formarse.
7. ¿Cuáles son sus próximos proyectos y qué nuevos objetivos desea alcanzar con Pequeterapia?
Haber conseguido trabajar junto a familias y docentes me ha dado una perspectiva muy interesante, sobre la que me gustaría seguir trabajando. Los niños pasan muchas horas en la escuela o en el colegio, y la educación siempre se hace de forma conjunta entre padres y profesores.Uno de mis grandes objetivos es crear más espacios donde familias y profesionales puedan escucharse, compartir herramientas y construir una mirada común hacia la educación infantil neurodivergente.
Me gustaría seguir participando en jornadas, congresos y ponencias, acercando el conocimiento sobre neurodivergencias y educación emocional de una forma práctica y aplicable.Mi propósito es que los niños se sientan vistos tal y como son; que quienes educamos sepamos escuchar más allá de lo que dicen, y que la importancia de la educación en la etapa infantil sea vista y valorada como se merece.
Joana Martín defiende una forma de entender la educación en la que escuchar, comprender y acompañar tienen tanto peso como enseñar. Desde Pequeterapia, pone el foco no solo en el niño, sino también en las familias y los docentes que forman parte de su entorno, con una mirada práctica, respetuosa y alejada de recetas universales. Su próximo reto pasa por crear más espacios de encuentro entre familias y profesionales y continuar divulgando sobre neurodivergencia y educación emocional, con un propósito que resume toda su filosofía: que cada niño se sienta visto y valorado tal y como es.
