En la Plaza de la Constitución de Granátula de Calatrava, entre el legado de Lorca, el universo almodovariano y la memoria del trabajo agrícola, una decena de voces poéticas convirtieron la noche estival en un manifiesto ético contra el horror bélico y el cinismo de la geopolítica global.
El pasado sábado, día 22, cuando el rigor del sol manchego comenzaba a rendirse ante el crepúsculo de agosto, la Plaza de la Constitución de Granátula de Calatrava mudó su piel para convertirse en un santuario del pensamiento. La luz, de un oro viejo que se apagó lentamente sobre los muros centenarios de la Iglesia de Santa Ana, dio paso a esa hora mágica en la que la brisa trae un alivio y el cielo se tiñe de tonos violetas. En ese escenario vivo donde confluyen la memoria, la tierra y el arte, el clamor de la poesía manchega inundó la noche calatrava para alzar un canto unánime contra las guerras, el control del poder y la anestesia moral del mundo contemporáneo.
El espacio que acogió la velada no es un decorado neutro; es un ágora de contrastes donde coexisten las múltiples identidades que definen la localidad y la comarca. En un costado de la plaza late con fuerza el 'Rincón Literario', ese espacio cultural al aire libre concebido por el ayuntamiento granatuleño bajo el amparo del proyecto 'Bancos Literarios' del Grupo Oretania, donde se invita al reposo. Bancos que custodian la memoria de los escritores locales, cerca de la Biblioteca Municipal y la pequeña Biblioteca de Calle, un cofre de madera y cristal que atesora páginas libres para el lector nocturno.
El silencio reverente de este rincón contrasta, justo enfrente, con el descaro indómito del famoso zapato gigante de hierro, hito inconfundible de la ruta cinematográfica de Pedro Almodóvar que recuerda las raíces manchegas de la pantalla universal. Muy cerca, el monumento al molino de aceite, como un tributo de piedra y hierro al sudor de los olivares y al fruto dorado de la tierra, fundiendo la herencia del trabajo agrario con la abstracción del arte contemporáneo.
En este laberinto de contrastes, el silencio inicial de la plaza se rasgó con la primera de las cuatro intervenciones de 'La Taska Kultureta', el proyecto digital de los comunicadores vascos Carlos Toral y Santiago Liberal, quienes han musicado medio centenar de composiciones de poetas de todo el país. La noche se inauguró con la reproducción enlatada de 'Es urgente la palabra', un poema de Luis Díaz-Cacho Campillo cuyos acordes fijaron el norte ético del recital mediante un manifiesto que repudió la violencia en todo momento y contexto, definiéndola como la excusa estéril de quien se queda sin argumentos.
Federico García Lorca
Abrió el turno de palabra en el atril Yolanda de la Cruz, alcaldesa de Granátula y anfitriona lírica de la velada. Tras comprobar que el sonido abrazaba correctamente cada rincón de la plaza, su voz invocó el fantasma sagrado de Federico García Lorca en el aniversario de su asesinato. Conmovida, De la Cruz rescató el eco indomable de Mariana Pineda para recordar a los asistentes que la libertad no es una proclama fría escrita en los códigos de leyes, sino un pulso de sangre ardiente. Defendió con firmeza que no se puede ser libre sin amar desmesuradamente y no se puede amar bajo el yugo de la imposición o el miedo, invitando a seguir bordando los amores más grandes en la bandera de la poesía: "La poesía es el territorio definitivo de la resistencia. Mientras un verso flote en el aire, el espíritu de Federico seguirá recordando que el hombre puede ser un cautivo, pero la belleza de su canto siempre hallará el modo de ser libre."
A su lado, Luis Díaz-Cacho, coordinador y tejedor de este mapa de versos, tomó la palabra para celebrar cinco años de resistencia poética frente al atrio de Santa Ana. Su discurso abandonó pronto la abstracción estético-literaria para convertirse en un auténtico aldabonazo contra la geopolítica del horror del siglo XXI. Díaz-Cacho arremetió con dureza contra la masacre de la inocencia, el genocidio sordo de ancianos y civiles, y el cinismo de los poderosos que manipulan a la sociedad mediante el control de los medios de comunicación y las tecnologías de la información.
Frente a ese "invierno moral", el poeta reivindicó la trastienda artesanal de la cultura, agradeciendo la fidelidad de los artesanos Gracia Arias y Ángel Leal, del Alfar Aria de Puertollano, y la entrega quijotesca de Julio Criado y María Jesús Gallego, del Grupo Oretania, por su compromiso constante con el texto y la edición provincial.
El viaje emocional continuó con la segunda aportación musical de La Taska Kultureta, que dio paso a la versión sonorizada de 'Cómo se me para una canción', obra de Marciano Sánchez. La melodía arropó una letra nostálgica y rutera que describió el viaje eterno de la tarde hacia la noche, las autopistas vacías y las canciones escritas para desnudarse en kilómetros de espera, incrustándose en la tapicería y rozando la mano en la palanca de cambios.
Poetas de La Mancha
Tras el solo instrumental, el propio Marciano Sánchez ocupó el estrado para confesar una dolorosa "guerra de adentros". En su intervención, pintó a la paz como una mujer maltratada, una sombra herida por las noticias falsas y por las miradas vítreas de niñas huérfanas al lado de escombros que antes fueron hospitales bombardeados bajo el pretexto de buscar terroristas. No obstante, en el epicentro de su desolación, Sánchez hizo florecer la resiliencia a través de la vida, esa fuerza que de manera tozuda y valiente sale a "bañarse en primaveras cuando todo alrededor son inviernos".
Con la serenidad de quien conoce los secretos del camino interior, Antonia Piqueras —autora nacida en Villamanrique y afincada en Ciudad Real— recordó que no habrá paz en los mapas geopolíticos si primero no se apacigua el oleaje del pecho, desterrando envidias, discordias y rencores personales. En su poema 'Cuando despierte la paz', dibujó una entidad mística que camina descalza y sin hacer ruido entre las ruinas del mal, curando el alma y haciendo que las armas se vayan a dormir. En su segunda composición, 'El susurro de la vida', invitó a convertirse en un rastreador atento capaz de descifrar las señales que el destino inscribe en el alma para dejar atrás los miedos.
El tercer hito musical de la noche introdujo la composición 'Contra la Epopeya de los Tiempos... la Vida', poema de Juan José Guardia Polaino. La pieza, cargada de una cadencia solemne, cantó a la vida modelando su latido como un impulso de música y barro, erigiendo a la palabra como la gran superviviente ante la irrealidad de un mundo extraño.
Inmediatamente después, el bardo de Villanueva de los Infantes tomó el atril con la solemnidad de un sacerdote de la palabra. En 'Profanación de la paz', su lírica densa suplicó asilo y morfina para una paz maltrecha y herida en su propio templo profanado. En un clímax de altísima tensión poética, Polaino desplegó una letanía colosal convocando a los puros de trajes lúgubres, a los bufones del dogma, a los impíos y a los locos viscerales que aman la luz, buscando unirse en un solsticio sagrado que defienda la vida ante los cadalsos ávidos de guillotinas.
La poeta de Valdepeñas, Teresa Sánchez Laguna, trajo la dimensión de los afectos cotidianos, transformando el atril en un nido de ternura familiar. Dedicó 'En mayo tu vuelo' a las dieciocho primaveras de su nieto, describiendo su crecimiento como una luz esperanzada que ilumina su propio ocaso. Para Teresa, la poesía se define como el alimento cotidiano, una flor comprometida que limpia las tristezas de la soledad y entrega la vida cuando esta intenta alejarse.
El clímax de la denuncia colectiva llegó con el verbo afilado de Juan Camacho, cuya hondura de pensamiento fue primeramente sembrada en la plaza por la rapsoda Asun Alonso. El poema declamado fue una alegoría bellísima y cruel donde la paz, que antaño reinaba idílica sobre el álamo de un riachuelo, apareció herida y sentenciada en el "toril de las naciones", lanzando una bofetada al espectador pasivo que prefiere fijar la mirada en el verdugo antes que correr a sostener el vuelo de la paloma.
Tras la declamación, el propio Juan Camacho ocupó el estrado, aportando la pausa del pensador que da cuerpo al prólogo del libro coral "Palabras para la paz y vida". Con palabras de gratitud hacia el pueblo de Granátula, Camacho definió el encuentro oretano como un surco que deja huella, subrayando el valor intrínseco de la antología: "La verdadera riqueza de esta antología reside en descubrir que no hace falta pensar ni escribir igual para caminar juntos hacia una misma pasión por la vida. La poesía es ese templo donde aún son posibles la conversación, el encuentro y la compañía frente a la barbarie."
El poder de transmutación de la poesía se hizo patente cuando Begoña Mansilla prestó su voz para leer 'Turris', obra del recordado Manuel Muñoz Moreno, ya fallecido. El poema propuso un viaje de "besos revolucionarios en profundidad", recordando que las almas sencillas mueren amando mientras el resto del mundo tiembla, algo que corroboró la poeta Natividad Cepeda al rememorar sus conversaciones telefónicas con el autor ausente.
Por su parte, el poeta de La Solana, Luis Romero de Ávila, cinceló con maestría clásica dos sonetos donde el miedo a perder la libertad se trenzó con la fragancia de una locura mística. Su balada rompió la geometría del verso para lanzar un lamento explícito por el martirio y el castigo sobre Gaza, prometiendo estar presente allí donde palpite la justicia.
Natividad Cepeda cerró este bloque loando la quietud de los pueblos pequeños de Calatrava. En un acto de justicia histórica, la autora tomellosera rescató la figura de Ismael, un muchacho de su pueblo que durante la Guerra Civil prefirió tirar el fusil en el frente de Teruel antes que derramar la sangre de un hermano. Su poema 'Golpe de luz: un grito por la paz' se convirtió en un clamor por los refugiados, recordando la fragilidad humana: "Somos solo ánforas de barro que venimos desnudas y nos vamos sin nada".
El tramo final de la velada devolvió la palabra a Luis Díaz-Cacho, quien rescató un poema profético escrito en 2014 titulado 'En la franja de Gaza, la palabra herida'. Sus versos, que denuncian la inocencia mutilada por las calles y la vergüenza de una sociedad desarrollada que mira a otro lado mientras las pupilas se desbordan ante niños masacrados, resonaron en la noche manchega exigiendo cordura y denunciando un genocidio impresentable.
Para cerrar el círculo, la alcaldesa Yolanda de la Cruz volvió a convocar el genio de Granada al aplaudir el carácter reivindicativo del acto. Con la penumbra adueñada por completo del entorno de la Iglesia de Santa Ana, recitó 'La guitarra' de Lorca. El llanto monótono del agua y del viento se fundió en el aire calatravo hasta llegar al verso final sobre el corazón malherido por "cinco espadas", dejando un escalofrío de belleza pura antes del aplauso unánime del público.
Como bálsamo para regresar al mundo ordinario, el cuarto y último corte de La Taska Kultureta despidió el acto con la canción sobre el poema 'Me llaman Loco', de Juan Camacho. Los acordes finales sirvieron para abrigar esa bendita falta de cordura que permite amar y protestar con ironía ante el cinismo, cerrando el recital bajo un cielo estrellado que, al menos por unas horas, respiró la paz invocada en el corazón de la Mancha.
