La consolidación de los grandes ejes logísticos está abriendo una nueva vía de crecimiento: extender hacia nuevas áreas las ventajas de ecosistemas que han tardado años en construirse
Crear un polo logístico desde cero requiere mucho más que disponer de suelo. Las empresas necesitan conexiones, proveedores, trabajadores, servicios e infraestructuras capaces de acompañar su actividad. Elementos que pueden planificarse, pero que necesitan tiempo para alcanzar la masa crítica necesaria para funcionar como un verdadero ecosistema.
Sin embargo, existe otra forma de crecer: ampliar el radio de influencia de los polos que ya han demostrado su capacidad para atraer actividad.
Cuando un eje se consolida, su valor empieza a extenderse más allá de sus límites iniciales. Las empresas instaladas generan demanda para proveedores y servicios, se concentra conocimiento especializado, aumenta la disponibilidad de determinados perfiles profesionales y las infraestructuras evolucionan para responder a un volumen de actividad cada vez mayor. El resultado es una ventaja difícil de replicar desde cero.
Crecer sin empezar de nuevo
Este fenómeno empieza a cambiar la manera de entender el crecimiento de los grandes polos logísticos. La siguiente oportunidad no tiene por qué encontrarse necesariamente dentro de las mismas áreas que protagonizaron su primera etapa de desarrollo, sino en nuevos espacios capaces de conectarse con una dinámica económica que ya existe.
Para las empresas, formar parte de la expansión de un polo consolidado permite acceder a buena parte de las ventajas generadas durante años: una red de proveedores, disponibilidad de talento, servicios especializados, conexiones y un mercado laboral familiarizado con determinadas actividades.
También permite responder a una cuestión cada vez más relevante. ¿Qué ocurre cuando una compañía necesita crecer, pero quiere mantener cerca los trabajadores, proveedores y relaciones empresariales que ya forman parte de su operativa?
En estos casos, ampliar un eje existente puede ofrecer una alternativa a trasladar la actividad a una zona completamente nueva y tener que reconstruir desde cero buena parte de ese ecosistema.
Para Leandro Greblo, Country Manager Iberia de Mountpark, “cuando un polo alcanza un determinado nivel de madurez, su capacidad de crecimiento ya no tiene por qué limitarse al espacio donde comenzó a desarrollarse. Todo el conocimiento, los servicios y las relaciones empresariales generados durante años pueden convertirse en la base sobre la que construir su siguiente etapa”.
Es precisamente esa siguiente etapa la que empieza a abrir nuevas posibilidades en el sur de Madrid, en continuidad con un eje económico ya consolidado, y que representa la oportunidad de desarrollar nueva capacidad sin partir de una página en blanco.
Para Mountpark, esta evolución plantea una forma diferente de abordar los futuros desarrollos: no crear ecosistemas aislados, sino identificar dónde existe ya una dinámica empresarial capaz de extenderse y generar nuevas oportunidades de crecimiento.
Y es que quizá el próximo gran polo logístico no tenga que construirse desde cero. Quizá ya haya empezado a crecer.
