La próxima guerra digital ya no la librarán las personas, sino las inteligencias artificiales

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La próxima guerra digital ya no la librarán las personas, sino las inteligencias artificiales

Phishing hiperpersonalizado, deepfakes o la búsqueda automática de vulnerabilidades marcan el inicio de una batalla tecnológica en la que la velocidad de reacción resulta decisiva.

Babel señala que la velocidad con la que evolucionan las amenazas obliga a combinar inteligencia artificial, monitorización continua y automatización para responder en tiempo real.

La inteligencia artificial ya no solo está transformando la forma en que las empresas se protegen frente a los ciberataques, sino que ahora también está cambiando la manera en que estos se producen. Para Babel, multinacional tecnológica especializada en transformación digital, la ciberseguridad entra en una nueva etapa en la que tanto atacantes como organizaciones utilizan sistemas de inteligencia artificial capaces de aprender, adaptarse y actuar en tiempo real.

Este cambio cobra especial relevancia durante el verano, uno de los periodos con mayor actividad digital del año, donde miles de personas reservan vuelos, alquilan vehículos, realizan pagos online o contratan servicios para sus vacaciones, aumentando el volumen de transacciones y, con ello, las oportunidades para el fraude. Según Check Point Research, solo durante el mes de mayo, coincidiendo con el inicio de la temporada de reservas, se detectaron cerca de 50.000 nuevos dominios relacionados con el turismo, muchos de ellos creados para suplantar a aerolíneas, hoteles y plataformas de viajes.

La inteligencia artificial ya está siendo utilizada para automatizar campañas de phishing, crear deepfakes, localizar vulnerabilidades o adaptar ataques en función del comportamiento de cada víctima. Como respuesta, las organizaciones están incorporando herramientas capaces de detectar anomalías, analizar millones de eventos en tiempo real y automatizar parte de la respuesta frente a incidentes. La misma tecnología que está sofisticando los ataques empieza a convertirse también en la principal herramienta para detenerlos.

La principal diferencia respecto a hace solo unos años es que la velocidad pasa a ser un factor decisivo. Mientras un analista tarda minutos en revisar una alerta, una inteligencia artificial puede generar miles de intentos de fraude, modificar automáticamente su comportamiento si detecta obstáculos o buscar nuevas vulnerabilidades en cuestión de segundos. Esa capacidad obliga a las organizaciones a responder con sistemas igualmente capaces de analizar, aprender y actuar de forma automática.

Así, mientras una inteligencia artificial genera un fraude prácticamente imposible de distinguir de uno real, otra analiza miles de variables para detectar comportamientos anómalos antes de que llegue al usuario. Si una IA crea un deepfake para suplantar la voz o la imagen de un directivo, otra examina patrones biométricos y alteraciones en el audio o el vídeo para verificar su autenticidad. Del mismo modo, una IA puede rastrear automáticamente vulnerabilidades en una infraestructura tecnológica, mientras otra monitoriza continuamente la superficie de ataque para identificarlas y corregirlas antes de que puedan ser explotadas.

"Durante años hemos invertido en proteger infraestructuras. Ahora también tendremos que aprender a confiar -o a desconfiar- de lo que vemos y escuchamos. La inteligencia artificial ha reducido drásticamente el tiempo necesario para crear un fraude creíble y eso obliga a las empresas a replantear cómo verifican cualquier interacción digital. No podemos aspirar a recuperar la confianza automática que teníamos hace unos años, porque ese escenario ya no existe. Lo que toca es construir, desde una desconfianza razonable, una verificación que antes no hacía falta", explica Juan Francisco Cornago, director de ciberseguridad de Babel.

Ese enfrentamiento entre sistemas deja a las personas en un lugar nuevo: ya no son solo el objetivo del ataque, sino el árbitro final que decide si algo es real. Cuando ni el atacante ni el defensor son humanos, la verificación deja de ser un paso ocasional y pasa a ser parte del diseño de cualquier proceso digital.

Esta evolución también está cambiando el papel de los equipos de ciberseguridad. La inteligencia artificial permite asumir buena parte de las tareas de monitorización, correlación de eventos o respuesta inicial ante un incidente, mientras que los profesionales centran cada vez más su trabajo en el análisis, la supervisión y la toma de decisiones estratégicas.

Para Babel, el objetivo no es sustituir a los expertos, sino dotarlos de herramientas capaces de multiplicar su capacidad de respuesta en un entorno donde los ataques evolucionan continuamente. El escenario que identifica Cornago pasar porque las empresas se doten de herramientas que les ayuden a identificar las amenazas antes de que éstas sean un riesgo, el ejecutivo lo explica así; "La próxima guerra digital ya no enfrentará únicamente a personas. La verdadera batalla será entre sistemas de inteligencia artificial capaces de aprender y evolucionar más rápido que el adversario. El reto para las organizaciones ya no es solo incorporar IA, sino asegurarse de que la suya sea capaz de anticiparse a la del atacante y de que sus empleados serán capaces de decidir si la información que consumen es real".

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