Con motivo del Día Mundial de la Salud Sexual, Platanomelón destaca la importancia de visibilizar que la sexualidad femenina no tiene fecha de caducidad
El 77,3% de las mujeres no ha hablado de su vida sexual con un profesional en el último año y el 78,6% considera insuficiente la información que ha recibido
Casi el 58% de las mujeres de más de 35 años asegura que el deseo se mantiene o aumenta
Con motivo del Día Mundial de la Salud Sexual, que se celebra el próximo 4 de septiembre, Platanomelón pone el foco en una realidad todavía poco visibilizada: la sexualidad de las mujeres no tiene por qué apagarse con la edad, aunque los estereotipos sociales sigan transmitiendo lo contrario.
Así lo demuestra la encuesta realizada por la compañía a mujeres de entre 35 y 65 años de edad, que pone de manifiesto la distancia entre la percepción social sobre cómo debería evolucionar el deseo femenino con la edad y la experiencia de las propias mujeres: el 57,6% de mujeres asegura que su deseo sexual se ha mantenido o incluso ha aumentado durante los últimos dos o tres años, frente a la creencia extendida de que el paso del tiempo implican necesariamente una pérdida de deseo.
El estigma interiorizado no coincide con la experiencia real
La experiencia de las mujeres no siempre encaja con la percepción social que existe sobre cómo debería evolucionar su sexualidad con la edad, de hecho, el 82,2% considera que existe una expectativa de que el deseo sexual de las mujeres disminuya o desaparezca a partir de cierta edad, un estereotipo que puede acabar condicionando la forma en que las mujeres se relacionan con su propio deseo.
Esta presión social parece tener también un reflejo en la forma en que las mujeres se relacionan con su propia sexualidad. El 67,3% reconoce haberse sentido “menos sexual” o menos deseable por su edad al menos alguna vez, una sensación que muestra cómo estas expectativas pueden llegar a interiorizarse. Sin embargo, esta percepción no implica necesariamente que las mujeres entiendan el paso del tiempo como el final de su vida sexual. De hecho, el 90,4% considera que es posible mantener una vida sexual plena y satisfactoria después de los 45 años, aunque pueda requerir cierta adaptación a los cambios propios de cada etapa.
Los datos apuntan así a una contradicción entre el relato social y la experiencia de las propias mujeres: aunque la idea de que el deseo disminuye con la edad está ampliamente extendida, esta no parece corresponderse necesariamente con la manera en que muchas mujeres viven o imaginan su sexualidad. Más que un deseo que desaparece, lo que aparece es el peso de una narrativa que puede acabar definiendo cómo se supone que deberían sentirse al cumplir años.
El cuerpo cambia, pero la falta de información dificulta entender esos cambios
La menopausia y la perimenopausia pueden traer consigo transformaciones que van más allá del deseo y que también pueden tener un impacto directo en la vida sexual. El 34,4% de las encuestadas afirma haber experimentado cambios físicos relacionados con esta etapa que han afectado a su vida sexual, ya sea de manera frecuente u ocasional. Entre ellos, el 44,3% señala haber experimentado pérdida de elasticidad, escozor o molestias en la zona íntima, aunque en la mayoría de los casos se trata de algo ocasional.
Pero entender la menopausia únicamente desde sus síntomas físicos dejaría fuera una parte importante de la experiencia. El 68% señala el impacto en el estado de ánimo o la salud mental como uno de los aspectos más duros o invisibilizados de esta etapa, mientras que un 59% destaca la dificultad de reconocer el propio cuerpo después de los cambios y no saber cómo abordarlos. Se trata, por tanto, de un proceso que afecta a distintas dimensiones del bienestar y que puede requerir nuevas formas de entender y acompañar el propio cuerpo.
Sin embargo, esta necesidad de comprender los cambios que pueden aparecer con el paso del tiempo convive con una importante falta de información. El 78,7% considera insuficiente la información que ha recibido sobre cómo el paso del tiempo puede afectar a la sexualidad, un 53,3% asegura haber recibido prácticamente ninguna y un 25,4% la considera incompleta. Sólo un 11,7% cree haber recibido información suficiente. Una carencia especialmente relevante en una etapa en la que el cuerpo puede experimentar distintas transformaciones que también pueden repercutir en la vida sexual.
Hablar de sexualidad sigue siendo una asignatura pendiente
Esta falta de información también se refleja en la escasa conversación sobre sexualidad en el ámbito sanitario. El 77,3% no ha hablado sobre su deseo o su vida sexual con ningún profesional de la salud durante el último año, y entre quienes no lo han hecho, una parte importante (63,6%) asegura que no lo ha necesitado, mientras que otras señalan la dificultad de encontrar un profesional o un espacio adecuado para abordar estas cuestiones. Ante esta ausencia de conversación especializada, el entorno cercano y los canales digitales adquieren un papel relevante como fuentes de información, con amigos y familiares, redes sociales e internet entre las principales vías a las que recurren las encuestadas.
Esta realidad cobra especial relevancia si se pone en relación con la experiencia de las propias mujeres: el 34,4% afirma haber notado cambios físicos que han afectado a su vida sexual, mientras que el 78,6% considera insuficiente la información que ha recibido sobre cómo los cambios asociados al paso del tiempo pueden afectar a su sexualidad. La distancia entre ambas cifras plantea una cuestión de fondo: si estos cambios forman parte de la experiencia de tantas mujeres, ¿por qué siguen siendo cuestiones de las que cuesta hablar y sobre las que no siempre se busca orientación?
“Que muchas mujeres digan que necesitan hablar de su sexualidad no significa necesariamente que no tengan preguntas o necesidades. A veces simplemente no hemos normalizado que el deseo, los cambios corporales y la vida sexual también forman parte de aquello que podemos consultar y cuidar a lo largo de toda la vida.” añade Anna Sánchez, sexóloga de Platanomelón.
