El paratriatleta español afronta una nueva etapa deportiva después de recuperarse de un grave accidente y volver a sentirse competitivo. Tras una temporada de regreso, resultados y buenas sensaciones, Agüera y su entrenador y handler, Víctor Sánchez Mariscal, se plantean ahora un nuevo objetivo: iniciar el camino de clasificación hacia los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028
Hace apenas un año, Emilio Agüera llegó a pensar que su carrera deportiva podía haber terminado.
Durante un entrenamiento, su silla de competición se partió en plena bajada. El accidente fue grave. Agüera cayó violentamente contra el suelo, sufriendo un fuerte impacto en la cara y el hombro. A las lesiones se añadió una dificultad que el deportista conoce bien: convivir con enfermedades que complican y ralentizan sus procesos de recuperación.
"Pensé que había llegado el momento de retirarme", reconoce.
No hubo, sin embargo, un día concreto en el que decidiera regresar. Porque, en realidad, nunca dejó de entrenar.
"Siempre he tenido claro que el día que me retire seguiré haciendo deporte, aunque sea a otro ritmo y adaptándolo a mis circunstancias. El deporte a lo mejor me puede abandonar a mí, pero yo a él no".
El apoyo de su entorno deportivo resultó fundamental. Su club, Inforhouse Santiago, mantuvo su confianza en él cuando ni siquiera Agüera sabía hasta dónde podría volver. Destaca especialmente el respaldo de su director deportivo, Pablo Leis, y el trabajo de su entrenador, Víctor Sánchez Mariscal.
La recuperación se convirtió en un proceso sin grandes declaraciones ni objetivos lejanos: entrenar, observar la respuesta del cuerpo y avanzar.
Poco a poco comenzaron a aparecer las primeras señales.
Volver a sentirse competitivo
Los Campeonatos de España de atletismo y ciclismo significaron el regreso al ambiente de competición. Los resultados todavía estaban lejos de lo que buscaba, pero volver a encontrarse con compañeros y colocarse de nuevo en una salida ya suponía un paso adelante.
El verdadero cambio llegó semanas después, en el Campeonato de Europa de Duatlón Paralímpico.
"Me sentí muy bien, con mucho motor. Más allá de ganar un título, lo importante fueron las sensaciones con las que me fui de allí. Fue decir: estamos, hemos llegado, lo hemos conseguido".
Después llegó el Campeonato de España de Triatlón en Mérida, donde la natación regresaba a la ecuación, y nuevamente aparecieron buenas sensaciones.
La confirmación más reciente llegó en la Copa del Mundo de Paratriatlón de Alhandra, Portugal. Una natación complicada por las corrientes del Tajo dejó a Agüera retrasado, pero una fuerte remontada en la handbike y, especialmente, en la silla permitió cambiar por completo las sensaciones de la carrera.
"La natación no salió bien porque hay días que simplemente no salen bien. Pero lo di todo. Conseguimos remontar con una gran bici y una silla todavía mejor. Me fui muy feliz porque comprobé que el motor existe, que estoy bien y que puedo seguir siendo competitivo".
Y entonces apareció una posibilidad que durante años Agüera había evitado plantearse. Los Ángeles 2028.
Un objetivo que antes estaba demasiado lejos
"Los Juegos nunca han sido una finalidad para mí". La explicación tiene poco que ver con falta de ambición. "Hace cuatro años me preguntaban si me veía en unos Juegos Paralímpicos y decía que no. Vivo el día a día. Mis enfermedades no me permiten pensar demasiado a largo plazo. Mis metas siempre han sido objetivos a corto plazo". Ahora la situación es diferente.
Su posición deportiva internacional y el rendimiento recuperado permiten que Agüera y Sánchez Mariscal se planteen disputar durante 2027 y 2028 las pruebas necesarias para intentar sumar los puntos que puedan acercarlos a una clasificación paralímpica.
Por primera vez, Los Ángeles deja de ser una hipótesis demasiado lejana.
"Lo hemos hablado Víctor y yo y queremos intentarlo. Hay que elegir bien las Copas del Mundo e intentar puntuar lo máximo posible. Por qué no podemos intentarlo".
Pero Agüera introduce inmediatamente un matiz. Llegar a Los Ángeles no determinará si el proyecto ha merecido la pena. "Si no se consigue, no pasa nada. Habremos disfrutado del camino, de competir en Copas del Mundo, de estar con los mejores y de vivir esas experiencias. Pero si estamos allí, evidentemente vamos a dejarlo todo para conseguir esos puntos y, por qué no, poder representar a nuestro país en Los Ángeles".
Un deporte individual que se compite en equipo
Cuando Agüera habla de sus resultados utiliza constantemente el plural. "Víctor y yo". No es casualidad.
En la categoría PTWC, el handler desempeña un papel fundamental durante las transiciones. Sánchez Mariscal es, además, su entrenador.
Agüera lo explica con una comparación sencilla. "Es parecido a la Fórmula 1 cuando el coche entra en boxes. Parece un deporte individual, pero hay un equipo trabajando para que todo suceda rápidamente. Víctor hace conmigo las transiciones, estudiamos los circuitos juntos y además es quien me entrena".
Por eso las victorias también se conjugan en plural. "Si sale bien, es una victoria de los dos. Y si sale mal, los dos somos partícipes de lo que ha sucedido".
El proyecto hacia 2028 tiene también una realidad económica. Competir internacionalmente en paratriatlón implica desplazar una handbike, una silla de atletismo, herramientas y material específico en cajas preparadas para el transporte aéreo, además de los propios gastos de viaje. A ello se suma la necesidad de disponer de material deportivo de alto nivel para poder competir.
Por eso es tan necesario encontrar empresas, patrocinadores y colaboradores que quieran acompañar el proyecto durante el camino hacia 2028. No para prometer unos Juegos. Para poder intentar llegar a ellos.
"Querer es poder" no siempre es verdad
Hay una frase que Agüera lleva años cuestionando: "Querer es poder". "Siempre me ha dado mucha rabia. Hay cosas que, por mucho que quiera, no puedo hacer".
Antes de la evolución de sus enfermedades practicaba triatlón. Cuando sus limitaciones físicas fueron aumentando tuvo que enfrentarse a una pregunta diferente. No qué quería hacer, sino cómo podía seguir haciéndolo. "Por mucho que quiera, yo no puedo correr. Por mucho que quiera, no puedo montar en una bicicleta convencional. Y en natación mis piernas se hunden. Entonces la pregunta que me hice fue: existe una adaptación".
La respuesta fue construyéndose disciplina a disciplina. Una handbike para continuar haciendo ciclismo. Una silla de atletismo para sustituir la carrera a pie. Y determinadas adaptaciones de flotabilidad para poder seguir nadando.
De ahí nació la frase que terminó convirtiéndose en su lema: Adaptarse es poder. "No creo en 'querer es poder', porque no siempre es cierto. Pero sí creo en adaptarse. Siempre tacho la palabra 'querer' y escribo encima 'adaptarse', porque es cuando realmente puedes".
Entrenar aunque no hubiera medallas
Quizá la explicación más sencilla de por qué Agüera continúa compitiendo no está en Los Ángeles ni en ningún campeonato. Está en su día a día. "Lo que realmente me gusta es entrenar. El triatlón me da vida".
Puede pasar horas en su taller estudiando modificaciones de la handbike y de la silla, analizando posiciones, biomecánica, ritmos o tiempos. Después están las sesiones de entrenamiento. "Salir tres horas con la handbike tiene esa mezcla de esfuerzo y libertad que es una maravilla. Con la silla me divierto muchísimo, tanto en pista como en carretera o incluso entrenando en rodillo. Y nadar también me encanta".
Por eso, cuando se le pregunta qué ocurriría si desaparecieran las medallas, los títulos y los rankings, la respuesta resulta sencilla. Seguiría entrenando. "Disfruto tanto entrenando y el deporte me da tanta vida que no necesito medallas para hacerlo".
Los Ángeles 2028 está ahora en algún punto del horizonte. Para acercarse habrá entrenamientos, viajes, Copas del Mundo, buenos días, malos días, puntos, decisiones deportivas y los recursos necesarios para mantener el proyecto internacional.
Agüera no sabe si llegará. Tampoco quiere fingir que sabe qué sentiría si algún día recibe la noticia de que ha conseguido una plaza paralímpica. Prefiere hablar de algo que sí conoce: el camino.
Por eso, cuando se le pregunta qué le gustaría decirse dentro de unos años al mirar atrás —independientemente de los resultados, de las medallas e incluso de Los Ángeles—, necesita solamente tres palabras: "Qué feliz fuiste".
