Más del 53% de los empleados de la Generación Z manifiesta una gran preocupación por su salud mental
La formación en competencias de gestión incrementa hasta un 22% el engagement directivo y un 18% el de sus equipos
A 22 de septiembre: El engagement de la alta dirección y de los cuadros ejecutivos se desploma a niveles preocupantes. Según los datos del informe State of the Global Workplace de Gallup, el compromiso de los profesionales con responsabilidades directivas cayó al 22% en 2025, lo que refleja una pérdida progresiva de nueve puntos con respecto al 31% registrado en 2022. Esta desconexión en los puestos de responsabilidad representa un riesgo estratégico de primer orden para las empresas, afectando directamente a la toma de decisiones, la visión de negocio y la retención del talento clave en un entorno de mercado cada vez más complejo y volátil.
A las responsabilidades habituales de gestión de negocio y consecución de resultados se suma hoy una presión organizativa sin precedentes. Los líderes ejecutivos deben guiar la integración acelerada de la inteligencia artificial, pilotar procesos de transformación cultural y liderar modelos de trabajo flexibles e híbridos. Esta acumulación de exigencias se traslada de forma directa al bienestar de la alta dirección. Según Gallup, en 2025, el 45% de los profesionales con funciones ejecutivas experimentó elevados niveles de estrés durante su jornada laboral cotidiana, una cifra que supera en seis puntos al 39% registrado entre los profesionales que no tienen equipos a su cargo.
El estrés y la sobrecarga operacional como freno al rendimiento directivo
En España, el panorama del entorno laboral sigue esta misma tendencia de desgaste. Casi cuatro de cada diez trabajadores afirman sentirse estresados a diario en sus puestos de trabajo, de acuerdo con los datos recogidos en el estudio Health on Demand elaborado por Mercer. En este contexto, cuidar la sostenibilidad de los roles directivos y aportar un respaldo estructural a la cúpula ejecutiva se ha convertido en una necesidad urgente para evitar la fuga de talento, el agotamiento profesional y el estancamiento de las organizaciones.
La transformación tecnológica y la rápida evolución de los mercados han exigido a los cuadros ejecutivos un esfuerzo constante de adaptación. Los directivos no solo deben dominar nuevas herramientas de gestión, sino también acompañar a sus organizaciones en la adopción de nuevas dinámicas de trabajo, lo que genera una sobrecarga funcional que impacta en la toma de decisiones estratégicas.
"Durante años hemos exigido a la alta dirección una capacidad ilimitada para absorber cambios, cumplir objetivos de negocio exigentes y liderar la transformación digital de sus organizaciones. El verdadero reto para las empresas es garantizar que sus ejecutivos cuenten con la autonomía estratégica, el acompañamiento adecuado y las herramientas necesarias para ejercer su rol de liderazgo sin que la presión continuada termine por desconectarlos de la organización", señala César Truan, Director de Synergie Executive España.
Autonomía, formación y desarrollo
Ante esta situación, las organizaciones afrontan el reto de revisar en profundidad el papel de sus cuadros directivos y proporcionarles un marco de trabajo que les permita ejercer su función con garantías en entornos complejos. La inversión en el desarrollo de capacidades de liderazgo directivo marca una diferencia sustancial en la retención del talento executive. Las empresas que forman a sus cuadros de mando e invierten en el perfeccionamiento de sus competencias de gestión logran incrementar hasta un 22% el compromiso de su alta dirección, al tiempo que impulsan un aumento del 18% en el compromiso general de sus equipos
Dotar a los directivos de mayor autonomía en la toma de decisiones, estructurar programas de mentoring directivo y diseñar itinerarios de carrera ejecutivos son medidas fundamentales para reforzar sus competencias y facilitar su adaptación a las nuevas exigencias del mercado. El objetivo de las organizaciones no consistiría únicamente en pedir a la alta dirección que lidere mejor, sino en construir las condiciones estructurales necesarias para que puedan hacerlo de forma sostenible.
"El compromiso directivo se construye otorgando a los ejecutivos un rol estratégico claro, capacidad real para tomar decisiones y oportunidades de desarrollo alineadas con los desafíos actuales del mercado. En este contexto, herramientas como los programas de coaching ejecutivo pueden desempeñar un papel relevante, al ofrecer a los líderes un espacio de reflexión y acompañamiento para reforzar sus capacidades, afrontar procesos de transformación y evolucionar junto a sus organizaciones. Si queremos empresas competitivas y resilientes, necesitamos que las personas que las lideran dispongan de las condiciones y el respaldo adecuados para ejercer bien su función", concluye César Truan.
