El fenómeno del labeling, popularizado en redes sociales, llega a las oficinas con etiquetas para identificar cajones, carpetas, cables y zonas de almacenamiento
Etiquetar cables, cajones o carpetas ha pasado de ser una práctica de organización doméstica a hacerse un hueco en las oficinas. Se trata del labeling, una tendencia basada en identificar objetos y espacios para facilitar su organización.
Este fenómeno se ha popularizado especialmente a través de redes sociales, donde los contenidos de desk setup, rutinas laborales y organización de espacios muestran desde escritorios minimalistas hasta sistemas para clasificar prácticamente cada objeto.
Para 123tinta, especialista en cartuchos de impresoras y toners, el auge del labeling también refleja cómo han cambiado los espacios de trabajo. La extensión del trabajo híbrido y de los puestos compartidos hace que un mismo escritorio, armario o zona de almacenamiento pueda ser utilizado por diferentes personas, haciendo que la organización sea cada vez más visible y compartida.
"Cuando un espacio es utilizado por varias personas, identificar qué contiene cada cajón, carpeta o zona permite establecer una referencia común. La etiqueta deja de ser únicamente una cuestión de orden y se convierte en una forma sencilla de compartir cómo está organizado un espacio", señala Ramiro Bresler, ecommerce manager de 123tinta.
Del hogar a la oficina
El salto del labeling a los espacios profesionales tiene una diferencia respecto a la organización doméstica: ya no se trata únicamente de que una persona sepa dónde ha guardado algo, sino de que cualquier usuario pueda localizarlo sin necesidad de conocer previamente el sistema de organización.
Así, las etiquetadoras se han convertido en una de las herramientas asociadas a esta tendencia, al facilitar la creación de identificadores para cajones, carpetas, cajas o espacios de almacenamiento.
Cuando organizar también puede quitar tiempo
Sin embargo, el fenómeno tiene una paradoja: una práctica asociada a la productividad también puede convertirse en una forma de procrastinación. Crear categorías, reorganizar constantemente el escritorio o diseñar sistemas cada vez más complejos puede acabar ocupando el tiempo que precisamente se pretendía ahorrar.
"El labeling tiene sentido cuando simplifica una tarea o facilita encontrar algo. Cuando el sistema de organización se vuelve más complicado que aquello que pretende ordenar, pierde su función", explican desde 123tinta. Por lo que, lo fundamental para que funcione correctamente es encontrar una comunicación sencilla que esté acompañada de orden.
La popularidad de esta tendencia pone así de manifiesto una nueva relación con el espacio de trabajo. En un entorno marcado por la digitalización, las notificaciones y los modelos híbridos, el orden físico adquiere una nueva función: hacer que un espacio pueda entenderse de un vistazo y que sus recursos sean accesibles para diferentes personas.
Lo que comenzó como una tendencia de organización en redes sociales termina encontrando así una aplicación en la oficina: poner nombre a las cosas para que sea más sencillo saber qué son, dónde están y dónde deben volver.
