La ciencia explica por qué nuestro cerebro se deja engañar por los trucos de magia

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Una revisión de estudios española revela cómo los ilusionistas aprovechan la atención y las expectativas para crear experiencias aparentemente imposibles

La ciencia explica por qué nuestro cerebro se deja engañar por los trucos de magia

El mago Alexander Main explica cómo el ilusionismo puede conseguir que el público no perciba acciones que ocurren delante de sus ojos

La magia es una herramienta de gran interés para estudiar el funcionamiento de la mente

 

Una parte importante del éxito de los trucos de magia está relacionada con nuestras limitaciones para procesar toda la información que recibimos. Así lo aseguran las conclusiones de una revisión de estudios llevada a cabo por investigadores españoles, que acaba de ser publicada en la revista científica "Frontiers in Psychology".

El trabajo, realizado por Miguel de Lucas y Jon Andoni Duñabeitia, de la Universidad Nebrija, examina 55 investigaciones para concluir que el ilusionismo constituye una herramienta de gran interés para estudiar procesos como la atención, el razonamiento y la memoria.

Para el ilusionista catalán Alexander Main, creador del espectáculo "La Magia Existe", estos mecanismos constituyen una parte fundamental del arte de sorprender al público. "La ciencia está empezando a estudiar fenómenos que los magos conocen desde la práctica. La magia no consiste únicamente en tener habilidad con las manos, sino también en comprender cómo funciona la atención del público", asegura.

Los hallazgos más consistentes de esta revisión se encontraron en el ámbito de la atención. La atención encubierta, aquella que se dirige hacia un estímulo sin necesidad de mover los ojos, desempeña un papel fundamental en las técnicas de distracción utilizadas por los magos. Los investigadores destacan que podemos estar mirando una escena y, sin embargo, no procesar conscientemente determinados acontecimientos. Este fenómeno ayuda a explicar por qué algunos movimientos esenciales para un truco pueden pasar inadvertidos, incluso cuando suceden dentro de nuestro campo visual.

"Cuando realizo un juego de magia, no solo importa lo que hago con las manos, sino también dónde mira el espectador, qué espera que suceda y cómo interpreta lo que está viendo. A veces basta una mirada, una pausa o una frase para cambiar por completo su percepción de lo que ocurre", precisa Main.

La magia también juega con aquello que esperamos que suceda

Nuestro cerebro utiliza experiencias y conocimientos previos para anticipar acontecimientos. Cuando un objeto parece desaparecer o atravesar una superficie sólida, se produce un conflicto entre lo que esperamos y lo que creemos haber visto. Así, las reacciones ante acontecimientos físicamente imposibles están relacionadas con el desarrollo temprano de nuestro conocimiento intuitivo sobre cómo funciona el mundo físico.

La revisión analiza cómo estas situaciones pueden desencadenar curiosidad, sorpresa y la necesidad de encontrar una explicación. A nivel neuronal, los resultados sugieren que observar efectos de magia activa redes cerebrales relacionadas con la detección de conflictos, el procesamiento predictivo y la ruptura de expectativas.

La magia como objeto de estudio para los neurocientíficos

El interés científico por el ilusionismo no es nuevo, aunque en los últimos años se ha consolidado como una línea de investigación.

En 2024, la revista Scientific Data ya publicó los resultados de un experimento en el que 50 personas observaron 36 trucos de magia, preparados específicamente para investigaciones mediante resonancia magnética funcional. El objetivo era facilitar el análisis de procesos como la memoria, la curiosidad y las respuestas cerebrales ante situaciones que contradicen nuestras expectativas.

Estos trabajos muestran que la magia puede servir para investigar fenómenos difíciles de reproducir mediante pruebas convencionales de laboratorio.

Para Alexander Main, que actúa estos días en Madrid con su espectáculo de magia, "la revisión que acaba de ser publicada demuestra que la magia va mucho más allá de hacer aparecer o desaparecer objetos. Nos ayuda a entender cómo funciona nuestra mente y hasta qué punto podemos confiar en lo que vemos. Lo más bonito de nuestro trabajo es que, aunque el público sabe que hay un truco, sigue siendo capaz de sorprenderse".

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