No renovar el acuerdo de los cereales puede ser demoledor para el Sahel

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No renovar el acuerdo de los cereales puede ser demoledor para el Sahel

Acción contra el Hambre condena la utilización de este acuerdo con fines políticos y espera que su renovación responda a las necesidades de los países que se enfrentan a la inseguridad alimentaria.

A principios de 2023, en todo el mundo había al menos 110 conflictos armados activos en los que participaban fuerzas armadas nacionales y/o grupos armados no estatales. Reducir el impacto que los conflictos tienen en la seguridad alimentaria puede contribuir a una paz sostenible.

Mientras Rusia se niega a prorrogar su participación en el acuerdo sobre los cereales del Mar Negro, Acción contra el Hambre condena la utilización de este acuerdo con fines políticos y espera que su renovación responda a las necesidades de los países que se enfrentan a la inseguridad alimentaria.

“El mundo se ha comprometido y ha creado marcos para proteger a los civiles y evitar que el hambre se utilice como arma de guerra. Ahora que millones de personas se enfrentan a la inseguridad alimentaria en los conflictos, es el momento de traducir estas promesas en acciones significativas”, afirma el director de incidencia y relaciones institucionales de Acción contra el Hambre, Manuel Sánchez-Montero. En el caso de la Iniciativa Diplomática sobre Cereales, “vemos que ha contribuido a frenar la subida de los precios del trigo en los mercados, que habían aumentado más de un 40% en los tres meses anteriores a su firma”, añade.  

El acuerdo sobre cereales firmado por Rusia, Ucrania, Turquía y Naciones Unidas ha permitido exportar más de 33 millones de toneladas de cereales desde julio de 2022. Este acuerdo ha desempeñado un papel clave en la estabilización de los precios de los cereales en los mercados internacionales al limitar la especulación.

Un año y medio después del inicio del conflicto en Ucrania, los precios de los alimentos básicos en los mercados han vuelto a sus niveles anteriores a la guerra, o incluso han bajado respecto a 2021, lo que demuestra que la volatilidad de los precios internacionales puede ser objeto de considerable especulación.

Prorrogada por 120 días en noviembre de 2022, luego se renovó por solo 60 días en marzo y mayo de 2023, volviéndose cada vez más volátil y alejándose de su propósito original de garantizar el acceso a los cereales a los países más vulnerables. 

"Este acuerdo debe ser a largo plazo si queremos que tenga un impacto real y que el hambre de miles de personas en todo el mundo no se convierta en un arma política a intervalos regulares", incide Manuel Sánchez-Montero, al tiempo que añade: “Acción contra el Hambre advierte de que el efecto de no renovar el acuerdo puede ser demoledor para regiones como el Sahel”.

De todos los cereales exportados por Ucrania, China, España y Turquía siguen siendo los principales beneficiarios. Aunque, gracias al acuerdo, los países en desarrollo representan el 57% de estas exportaciones, algo menos del 6% del total que se destinó a países menos desarrollados como Etiopía, Yemen o Sudán, donde existen altos niveles de inseguridad alimentaria. Y es que más del 85% de los 258 millones de personas en el mundo que sufren hambre en su fase más severa viven en países afectados por conflictos e inseguridad, según se desprende del reciente informe de Acción contra el Hambre No importa quién esté luchando, el hambre siempre gana.

Además de su función en la regulación de los precios, la Iniciativa de Cereales del Mar Negro también ha desempeñado un papel crucial a la hora de garantizar un alto el fuego en la zona de Odessa. Este apaciguamiento del conflicto garantizó el acceso de la ayuda humanitaria y salvó vidas al impedir que la ciudad y el puerto fueran blanco de los ataques.  

Más que nunca, este acuerdo es necesario y debe ampliarse a largo plazo para responder a las necesidades de los países que se enfrentan a la inseguridad alimentaria. La politización periódica del hambre y la movilización de la crisis alimentaria mundial con fines geopolíticos son especialmente preocupantes, mientras que el sistema humanitario sigue estando constantemente infra financiado y los sistemas alimentarios son incapaces de garantizar el derecho a la alimentación para todos. 

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