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López Miras exalta la grandeza de la Semana Santa de Lorca, y anima a disfrutar "de esta bendita y arrebatadora locura"

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El presidente pronuncia en la Colegiata de San Patricio un pregón muy personal, salpicado de "recuerdos inolvidables, impresiones subjetivas, sentimientos y emociones que nacen de lo más profundo"

Traslada su "dicha" por ser lorquino, su "orgullo" por ser blanco y su admiración y respeto por el conjunto de cofradías, y asegura que formar parte de un Paso en Lorca "es un veneno que se tiñe de color"

El presidente de la Comunidad, Fernando López Miras, exaltó hoy "la grandeza" de la Semana Santa de Lorca, "las singularidades" que la diferencian de las demás, "todas ellas valiosísimas y admiradas", y animó a todos a disfrutar "de esta bendita y arrebatadora locura", en la que "el sentimiento se hace pueblo".

Una Semana Santa en la que la parte religiosa y principal convive con "el arte en oro y sedas, la acrobacia imposible del caballo o ese viva rebelde que nace en el alma y se escapa", resaltó López Miras como algunas de sus singularidades, durante el pregón pronunciado en la Colegiata de San Patricio y salpicado de "recuerdos inolvidables, impresiones subjetivas, sentimientos y emociones exaltadas que nacen de lo más profundo".

Recordó "la euforia" del momento en que le ofrecieron ser pregonero, "una gran responsabilidad y un reto", y mostró su agradecimiento a todos los que lo han hecho posible. Expresó su "pasión" por la ciudad, por sus rincones y plazas, "porque mi sangre es de Lorca y mi Lorca está pintada con mis recuerdos y vivencias".

A lo largo del pregón, trasladó su propia experiencia personal y más íntima como cofrade y participante activo en la Semana Santa, y mostró su "dicha" por ser lorquino, su "orgullo" por ser blanco, y su admiración y respeto por el conjunto de cofradías, así como por "el caudal de arte que recorre la carrera cada noche", a lo que unió, como otras particularidades, la recogida de banderas, los caballos, los palcos y los 'vivas'.

Semana Santa de contrastes

López Miras, que hizo un recorrido por los diferentes actos, procesiones y desfiles bíblico-pasionales de la Semana Santa lorquina, resaltó que el Viernes de Dolores, "día azul con nombre propio, comienza puntual a las doce de la noche con esa Serenata que es como sumergirse en un profundo mar de aguas azules con el que felicitan a la Virgen de los Dolores mientras dan la bienvenida a la jornada largamente esperada".

Se refirió al "resplandor de velas como estrellas en movimiento por las calles del casco antiguo en el Sábado de Pasión", y señaló que es "un viaje hacia el medievo, al que invita el Paso Negro, la Curia, para acompañar a la Virgen en una soledad que nunca fue más numerosa". A través del Porche de San Antonio "flanqueamos la muralla, las piedras seculares sobre las que Lorca se sustenta, cruzamos el arco de Cava y regresamos a San Patricio".

López Miras confesó que el Domingo de Ramos "despierto nervioso, repito el ritual que me enseñaron, me pongo la túnica, anudo el pañuelo blanco al cuello y voy a la Capilla de Rosario a disfrutar de la misa y recoger la palma", porque, remarcó, "yo soy blanco hebreo, blanco de Domingo de Ramos". Un día en el que "un mar de hebreos tomamos las plazas, escoltamos a Jesús por las calles de la historia y vemos a San Juan de la Palma compartir la alegría sobre los hombros de sus costaleros, y a la Virgen de la Soledad, que preside y cierra otra gran noche", explicó.

"Sería un error creer que Lorca hiberna desde esa noche y hasta el Jueves Santo" porque, según dijo, "aún no se han enfriado las luces de la carrera en la noche de Ramos cuando en las sedes religiosas se desviste a toda prisa a personajes y figurantes", ya que antes de que amanezca el lunes tiene que estar montada la exposición. "Hay encuentros, viacrucis, saetas, hay Lorca viva en sus cofrades", añadió.

"Mantos, trajes, túnicas y capetas vuelan de la algarabía del desfile al silencio del museo o la iglesia", indicó el presidente, quien, igualmente, se refirió al trabajo en las naves de los pasos, a los ensayos de los caballistas y los talleres de bordados, "donde los ángeles siguen bordando, juntando noche y día, a contrarreloj, pues la procesión les ruega y les implora un nuevo trocito del cielo prendido sobre el raso o el terciopelo".

Ensalzó, igualmente, la importancia de los "músicos cofrades que marcan el ritmo, despiertan las gradas, encienden la emoción al dictado de sus tambores, sus trompetas, cornetas o cajas", y señaló que cuando "suenan los himnos, los pañuelos despiertan del letargo".

Para el presidente, "formar parte de un Paso es un veneno que se tiñe de color". Aseguró que "si cuando nace la primavera un tambor retumba en tu pecho, si lo sientes así, tú también eres de Lorca, tú eres Semana Santa". Recordó sus inicios en el Paso Blanco, donde limpiar botas fue su primera tarea, para luego salir "henchido de orgullo como 'armao'". De ahí a los ensayos con el Cristo del Rescate, "que, si me da las fuerzas, dijo, el próximo Jueves Santo llegaré a los 18 años portándolo".

Un Jueves Santo en el que, desde la mañana, con los rabaleros echados a la calle en su convocatoria, "sonríe cada rincón de una ciudad nerviosa porque empiezan las horas más aguardadas durante todo el año", aseguró el presidente, quien se refirió a las diversas imágenes y tronos que salen en carrera ese día hasta que "llega la madrugada dividida".

"Dividida hacia el Calvario paso a paso, estación a estación", y, por otro lado, hacia San Cristóbal, "donde el silente aullido del dolor y la quietud solo es roto por el aplauso o la lágrima". Según López Miras, "huracán de sentimiento estallando en cada pliegue del alma, es la respiración afectada del costalero, es el crujir del varal contra el hombro en la noche más cruel".

Amanece el Viernes Santo, "el Día del Lorquino", dijo, con calles abarrotadas, exposiciones, clavel en la chaqueta, encuentros en una mañana que "saboreamos sin prisas" y en el que "lo que era un privilegiado rincón del sureste se transforma de repente en el Egipto de los faraones, en la Babilonia de los monarcas, en la Roma imperial, mientras un son de tambores y cornetas se acerca, y escuchas tu Tres, quizás tus Caretas".

Por la tarde, tras la recogida de banderas, los palcos se convierten en "el teatro más fascinante del mundo". Unos palcos exaltados al paso del cortejo religioso, con los vivas de azules y blancos hacia la Virgen de los Dolores y la Virgen de la Amargura y, a partir de aquí "regresamos al hogar con ellas, con nuestro sentimiento", afirmó el presidente.

Resta el Domingo de Resurrección, "ese domingo exultante de alegría, rebosante y jubiloso, cuando los tonos de la paleta cromática se funden en un único rayo de sol para iluminar la Plaza de España bendiciendo a nuestro Palero". Y, a partir de ahí, ante el fin de la Semana Santa, dijo López Miras, "Lorca solo tiene una forma de curarse: empezar a descontar los días para la próxima".

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