El acto de inauguración de la exposición LA INFINITUD DE LO ETÉREO, del artista Juan Fernández Saorín, organizada por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Molina de Segura, tiene lugar el viernes 2 de octubre, a las 20.00 horas, en la Sala de Exposiciones La Cárcel (en Calle Cervantes, n° 5). Asiste la edil de Cultura, María Hernández. La muestra permanecerá abierta al público hasta el día 26 de octubre, de lunes a viernes, en horario de 10.00 a 13.00 y de 17.00 a 21.00 horas.
Juan Fernández Saorín (Cieza, 1971) es un fotógrafo aficionado y autodidacta al que abordan inquietudes que le permiten llevar a cabo procesos creativos e imaginativos con los que trabajar aspectos que puedan llamar la atención y sorprender al espectador, encontrando perspectivas paralelas de una misma realidad, resultando a la vista del espectador oníricas, distópicas, irreales o inverosímiles.
Autor de la serie fotográfica Cieza: simetrías efímeras, que ya fue mostrada en la Sala El Jardín, vuelve a Molina de Segura para mostrar su segundo proyecto fotográfico, tras mostrarlo en la Sala Gregorio Cebrián de Totana y el Museo de Archena.
Su nueva propuesta lleva por título La infinitud de lo etéreo, una serie fotográfica con la que pretende adentrarse en el mundo de la abstracción, la vaporosidad de la realidad y la infinitud de la esencia. Así, el crítico Enrique Centeno González indica lo siguiente:
"En la frontera entre la inspiración y la audacia hay que situar la génesis del singular proyecto creativo del fotógrafo ciezano Juan Fernández, que con la exposición La infinitud de lo etéreo plantea una idea rotunda nunca un discurso ordenado- sobre las categorías universales. El autor sitúa su cámara frente a la pantalla del televisor, esa superficie comunicativa que preside la sociedad de nuestra época, y busca con una larga exposición abstraer el discurrir del relato representado del continuo del espacio y del tiempo: el resultado, más que una realidad deconstruida, es una realidad esencializada, desprovista de todas sus dependencias con el aquí y el ahora, y por eso mismo se hace libre, y se hace inevitablemente bella. Lo que se desdibuja en un edén sugerente y colorista no es lo cierto, sino lo cotidiano; de ahí lo radical de la propuesta al espectador, invitado a no dejarse llevar por una sugerencia onírica, sino a atisbar una verdad que no tiene contornos, pero que es auténtica. Quien contempla estas obras puede quedarse enredado, y no sin razones, en un atrio puramente estético, pero tiene una mano tendida para asomarse, efectivamente, a lo infinito; este es el logro que en Juan Fernández eleva la fotografía a la categoría de arte con mayúsculas".
