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Aldeas Infantiles SOS exige un pacto migratorio europeo que priorice el respeto a los derechos del niño

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Aldeas Infantiles SOS exige un pacto migratorio europeo que priorice el respeto a los derechos del niño

El desastre humanitario de Moria evidencia el fracaso de Europa en el cumplimiento de la Convención de 1989, en su deber de proteger a los niños más vulnerables y brindar a todos ellos un entorno seguro y familiar donde puedan desarrollarse plenamente.

Aldeas Infantiles SOS atiende a cerca de 200 niños al día en el campo de Kara Tepe, en Lesbos, y a otros 400 refugiados en Atenas, Creta y Salónica cada mes.

Aldeas Infantiles SOS, que atiende de forma directa a niños, niñas y familias en Lesbos desde hace cinco años, denuncia la extrema vulnerabilidad de los niños y sus familias en los campos de refugiados griegos y reclama que la nueva propuesta sobre migración y asilo en Europa cumpla con los compromisos internacionales y favorezca la reunificación familiar, así como la integración y participación de los niños y niñas en nuestras sociedades.

"Las familias están exhaustas, no reciben el apoyo necesario para poder cuidar de sus hijos. Muchas de ellas se están rindiendo y no saben cómo gestionar los altos niveles de angustia y estrés que están sufriendo los niños", sostiene Irene Spireli, coordinadora de campo para Aldeas Infantiles SOS en Lesbos.

La organización de atención directa a la infancia está presente en Grecia desde 2015 proporcionando atención psicosocial y educativa a los niños refugiados y apoyo a sus familias. Atiende diariamente a 200 niños en el campo de Kara Tepe, en la isla de Lesbos, así como a otros 400 refugiados cada mes en Atenas, Heraclion (Creta) y Salónica a través de programas de fortalecimiento familiar e integración en la comunidad. Igualmente, acoge a niños no acompañados en la Aldea Infantil SOS de Vari y en las Residencias de Jóvenes, desde donde se facilita la reunificación con sus familiares.

Tras la nueva emergencia humanitaria derivada del trágico incendio en Moria del pasado 9 de septiembre, los equipos de Aldeas continúan sobre el terreno para prestar asistencia básica a las madres y sus bebés, artículos de higiene (como pañales o toallitas), así como apoyo emocional. Están adaptando los programas y actividades a las necesidades específicas de la población en este momento.

Sin embargo, la proliferación de nuevos casos de COVID-19 hace más insostenible la situación actual. Una situación que podría agravarse aún más. "Todas las tiendas de campaña están justo al lado del mar, ese es el nuevo campamento, solo tiendas de campaña, sin instalaciones saludables. No sé qué pasará cuando tengamos los fuertes vientos viniendo del mar en unas semanas", explica Spireli. Aldeas Infantiles SOS recuerda que todas estas personas, antes del incendio, vivían hacinadas en el campo de Moria, que a pesar de estar previsto para 3.000 personas, albergaba a más de 12.000 refugiados, 4.000 de ellos niños y más de 400, menores no acompañados.

La historia de Moria es la historia del fracaso de la Unión Europea en sus políticas de migración y asilo. Ilustra la constante violación de tratados internacionales como el Convenio Europeo de Derechos Humanos, la Convención de Ginebra para los Refugiados y la propia Declaración Universal de Derechos Humanos. En lo relativo a la infancia, representa la ignominia del sistemático incumplimiento de la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño de 1989. Todos ellos reconocen la especial vulnerabilidad de la infancia y determinan que los niños en peligro requieren un tratamiento especial. Pero, hemos olvidado nuestro pasado migratorio y los más elementales principios de humanidad.

El nuevo pacto migratorio debe construirse bajo un enfoque de derechos del niño

Tras el fallido intento de 2015 de establecer cuotas fijas en el sistema de distribución de refugiados, en plena exacerbación de la crisis migratoria en Europa, ahora la Unión Europea puede abrir una ventana a la esperanza. Ireni Spireli habla de las familias de refugiados en la isla de Lesbos: "Su principal esperanza es establecerse y comenzar a construir una nueva vida para ellos y sus hijos. Todos los padres tienen el sueño de enviar a sus niños a la escuela y seguir adelante con su educación y futuro".

El nuevo Pacto sobre Migración y Asilo europeo, cuyas primeras propuestas se dieron a conocer el pasado 23 de septiembre, viene a ampliar y sustituir el Convenio de Dublín de 1990 y sus posteriores revisiones. La crisis sanitaria y socioeconómica y las diferencias entre los países miembros no pueden obviar los derechos de los niños ni la especial vulnerabilidad de los refugiados.

En una propuesta que se encamina hacia un control más exhaustivo de fronteras, aceleración de las devoluciones, creación de nuevos centros de recepción o desaparición de la cuota de reubicación vinculante en favor de una "solidaridad flexible" supeditada a las decisiones de cada país, los derechos fundamentales del niño pueden ser, de nuevo, ignorados.

"Con demasiada frecuencia, la retórica política sobre los refugiados es tóxica y los niños quedan atrapados en ella, pero no podemos mirar para otro lado en aras de la conveniencia política. Proteger a los niños es una obligación que no puede estar sujeta a negociación", sostiene el presidente de Aldeas Infantiles SOS, Pedro Puig.

Por eso, Aldeas Infantiles SOS solicita de forma urgente las siguientes medidas:

Los Estados deben alinearse con los principios de las Directrices para el Cuidado Alternativo de los Niños y la Resolución de 2019 sobre los Derechos del Niño que hace especial hincapié en los niños y niñas que han perdido el cuidado parental o están en riesgo de perderlo.

Hay que establecer una política de fronteras abiertas para los niños, niñas y jóvenes que huyen del hambre, la falta de oportunidades, conflictos armados, persecución por razones ideológicas, étnicas o de género, así como otras formas de violencia o discriminación.

Los Estados acogedores deben proporcionar cuidados de calidad en un entorno comunitario. Y esto ha de incluir el acceso a servicios clave como atención médica, educación y refuerzo psicosocial de los que carecen los niños refugiados en la mayor parte de los casos.

La UE debe fomentar la inclusión y participación de los niños y jóvenes en nuestras sociedades, apoyar a las familias para que permanezcan juntas y trabajar por la reunificación familiar en caso de separación.

Se deben desplegar campañas de sensibilización para informar y combatir la incipiente xenofobia, racismo e intolerancia contra los niños migrantes y refugiados.

Ante todo, los niños deben ser tratados como niños y Europa ha de garantizar la inversión y salvaguardas necesarias para lograrlo. 

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