La UOC y la UB impulsan la primera asociación hispanohablante de investigadores del trastorno específico del lenguaje

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Las consecuencias sociales del trastorno específico del lenguaje (TEL) o cómo afecta a la memoria o a la atención son algunos de los estudios que se presentarán en el CHITEL 2021

La UOC y la UB impulsan la primera asociación hispanohablante de investigadores del trastorno específico del lenguaje

Se trata de un trastorno severo en la adquisición del lenguaje oral que ha pasado desapercibido durante años y que aún resulta bastante desconocido por la sociedad

Un 7,58 % de los niños tienen un trastorno específico del lenguaje (TEL), o lo que es lo mismo: en cada aula hay un alumno, o incluso dos, con este trastorno, ya que lo padecen aproximadamente uno de cada 14 menores, al menos, en el mundo anglosajón. Las cifras en el ámbito hispanohablante se desconocen porque no hay estudios epidemiológicos similares, y esta es una de las razones, entre otras muchas, que han llevado a investigadores del grupo de investigación en Cognición y Lenguaje (GRECIL), integrado por profesores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universidad de Barcelona (UB) y adscrito al eHealth Center de la UOC, a organizar el Congreso Hispanohablante sobre el Trastorno Específico del Lenguaje (CHITEL), que reunirá por primera vez en un mismo encuentro a más de un centenar de investigadores de los principales países hispanohablantes.

El objetivo no es solo establecer sinergias con las que llevar a cabo estudios que tengan en cuenta las particularidades del ámbito hispanohablante, sino también acordar criterios y denominaciones comunes que ayuden a avanzar en la investigación. Ambos objetivos se lograrán a través de la Asociación Hispanohablante para el Estudio del Trastorno del Lenguaje (ATLHI), que se creará en el CHITEL. “Es necesario sentar las bases para que todos usemos los mismos criterios, de forma que en todo el dominio lingüístico español se comparta y se use la misma terminología”, afirma Llorenç Andreu Barrachina, catedrático de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC y colíder de GRECIL, quien añade que, tras hacer una “radiografía” de la situación de la investigación del TEL en las zonas geográficas donde el español es primera o segunda lengua a través de cuestionarios a los participantes en CHITEL, se han constatado algunas diversidades, lo que refuerza la necesidad de intentar aunar conceptos, formas de diagnóstico y modelos de intervención.

Pero, además de sentar las bases para poder estrechar relaciones científicas vinculadas al TEL en el dominio hispanohablante, entre el 14 y el 17 de junio una treintena de investigadores presentarán sus trabajos en distintas líneas de investigación, que van desde el TEL en niños bilingües hasta las consecuencias del trastorno a nivel social y emocional, pasando por un largo listado de trabajos en temas muy diversos. “Hay un gran abanico de cuestiones: trabajos relacionados con la logopedia, la psicología cognitiva, estudios sobre cuestiones de identificación, estudios genéticos, investigaciones sobre cómo procesamos la información, cómo es la memoria o la atención en estos niños, estudios sobre en qué áreas tienen dificultades…

En la actualidad hay muchas líneas de investigación abiertas porque el lenguaje es la herramienta fundamental de comunicación y socialización, lo que implica que el TEL o TDL (trastorno del desarrollo del lenguaje) puede afectar a muchas áreas”, señala Mònica Sanz Torrent, catedrática del Departamento de Cognición, Desarrollo y Psicología de la Educación de la UB y colíder de GRECIL.

A esas múltiples líneas de investigación abiertas se han sumado recientemente otras vinculadas a la pandemia, y es que la llegada de la COVID-19 ha supuesto una dificultad añadida a los niños con TEL por el uso de las mascarillas. Uno de esos estudios es el que está llevando a cabo la investigadora Núria Esteve-Gibert, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC y también investigadora de GRECIL, cuyas conclusiones serán publicadas en la revista Frontiers in Psychology. Como explica Mònica Sanz Torrent, la mascarilla puede dificultar el aprendizaje del lenguaje porque cuando los niños aprenden a hablar se fijan también en las expresiones faciales y los movimientos que hacemos con la boca. “Es la llamada integración audiovisual: además de escuchar una palabra en su forma auditiva, tienen información visual de cómo se pronuncia gracias a los movimientos de la boca y otra información no verbal, algo que se pierde con el uso de la mascarilla, salvo que se usen las transparentes”, afirma, aclarando que, aunque esta situación no provoca un TEL, sí que puede ser un agravante más, especialmente si se da en períodos sensibles de aprendizaje del lenguaje.

Los orígenes

Pero, ¿qué es exactamente el trastorno específico del lenguaje? ¿Qué lo caracteriza? Como explica el profesor de la UOC, hace ya casi dos siglos que un médico alemán describió por primera vez el caso de un niño que tenía dificultades para aprender la lengua. Sin embargo, no fue hasta 1981 cuando Laurence Leonard, un investigador norteamericano, dio nombre a lo que hoy se conoce como TEL, y que Andreu define como un trastorno severo y persistente en la adquisición del lenguaje oral que no está asociado a ninguna condición médica, ya que no hay ninguna discapacidad intelectual, visual o auditiva que lo explique.

“No es un problema de lectura o de escritura, aunque si no se trata, los niños pueden tener problemas de lectura y escritura. Es una dificultad específica del aprendizaje del lenguaje oral que puede involucrar a uno o varios componentes, porque puede haber niños que tengan problemas fundamentalmente a nivel gramatical, a nivel morfológico, a nivel de estructura de palabras o a la hora de estructurar oraciones, pero también pueden tener problemas a nivel fonético, de habla, en el vocabulario o incluso en pragmática, es decir, que les preguntes una cosa y su respuesta no tenga relación con la pregunta”, señala, añadiendo que el TEL afecta además al desarrollo social, a la interacción con los demás y también a nivel escolar, pero a pesar de ello aún resulta bastante desconocido para la mayor parte de la sociedad. “Por eso las familias de estos niños dicen que son extranjeros en su idioma, y que el TEL es un trastorno invisible”, recuerda.

Una de las razones de que el TEL haya pasado relativamente desapercibido durante décadas es la importancia que se le da en nuestro sistema educativo a la lectura y la escritura en comparación con el lenguaje oral. Por eso, hace solo unos años las dificultades de un niño con TEL con frecuencia se pasaban por alto “o se confundían con fracaso escolar o con problemas de lectoescritura. Ahora sabemos que lo que les falla es esta herramienta tan importante para pensar, para aprender y para relacionarse con los demás”, explica Mònica Sanz Torrent.

De ahí que uno de los retos para poder diagnosticarlo de forma temprana sea difundir información sobre el TEL a la población general y sensibilizar a la sociedad. Aunque no es el único. Conocer las causas que lo provocan, desarrollar estudios científicos rigurosos con los que avanzar en la intervención, el tratamiento y la rehabilitación del TEL y averiguar qué papel puede jugar la tecnología en esta intervención son otros retos clave, según los colíderes de GRECIL.

Esta investigación de la UOC favorece los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) número 3, Salud y bienestar; 4, Educación de calidad, y 10, Reducción de las desigualdades. 

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