La parroquia de Santiago el Mayor de Totana ha vivido hoy una jornada profundamente emotiva, marcada por la fe, la tradición y el recogimiento, con la celebración del solemne acto de la Adoración de los Reyes Magos. El templo, envuelto en una cuidada penumbra y con una notable afluencia de familias, sobre todo niños, se convirtió en un espacio cargado de simbolismo que transportó a los asistentes hasta el humilde pesebre de Belén, recreando con gran sensibilidad el misterio del nacimiento de Jesús.
El párroco, Francisco José Fernández, fue el encargado de dar voz y unidad a esta narración sagrada, guiando al público a través de los pasajes evangélicos con un tono sereno y cercano. El relato se inició con la evocación del decreto del emperador Augusto que obligó a José y María a desplazarse hasta Belén para empadronarse, ciudad en la que finalmente nació el Niño Jesús, recostado en un pesebre ante la falta de alojamiento en la posada.
La escena cobró una fuerza especial gracias a la participación de personas de carne y hueso, lo que aportó un realismo conmovedor a la representación. Uno de los momentos más íntimos llegó con la interpretación de una delicada nana dirigida al recién nacido —“Duerme tranquilo, Jesús…”— que llenó la iglesia de silencio y emoción, subrayando la humanidad y ternura del pasaje.
La música desempeñó un papel fundamental en la creación de esta atmósfera de recogimiento. El grupo Albardín, junto a una representación de la Agrupación Musical de Totana, acompañó el desarrollo del acto con interpretaciones que reforzaron la carga espiritual de cada escena. Especial protagonismo tuvieron los pastores, representados por los infantes de Santa Eulalia, quienes recibieron el anuncio del ángel proclamando la buena noticia del nacimiento del Salvador y entonando el “Gloria a Dios en el cielo”. Tras el anuncio, acudieron presurosos a Belén, donde encontraron a María, a José y al Niño, compartiendo con gozo lo que les había sido revelado.
El punto culminante de la adoración llegó con la entrada de los Reyes Magos y sus pajes. Siguiendo la estrella que los guio desde Oriente, Melchor, Gaspar y Baltasar se postraron ante el Niño Jesús para ofrecerle sus dones cargados de profundo simbolismo: la mirra, destinada a calmar el dolor del mundo; el incienso, cuyo aroma envuelve y honra al nuevo Señor; y el oro, símbolo de pureza, realeza y grandeza incorruptible.
Durante el acto se elevó una sentida oración por el pueblo de Totana, integrando de manera natural la historia sagrada con la identidad local. Se pidió a los Reyes que llevaran hasta Belén las gracias nacidas en los hogares y calles del municipio, mencionando enclaves tan significativos como el Santuario de la Santa, lugar de confianza y consuelo; el Arco de las Ollerías, testigo del barro trabajado con paciencia; la Fuente de Juan de Uzeta, símbolo de encuentro y vida compartida; y las ermitas de San Roque y San José, reflejo de protección, silencio y cuidado humilde.
El párroco rogó especialmente por los niños, jóvenes, familias y mayores de la localidad, pidiendo que la bendición del Niño Jesús traiga paz, fraternidad y esperanza al pueblo de Totana. El acto, que contó con la colaboración del Ayuntamiento de Totana y de la Federación de Peñas del Carnaval, concluyó con un largo y sentido aplauso de los asistentes, que abandonaron el templo con la emoción aún presente y el corazón transformado tras una tarde vivida en comunidad y devoción.
