Reflexionando en el tiempo: Del primer Viernes Santo al presente

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Reflexionando en el tiempo: Del primer Viernes Santo al presente

Reflexionar sobre el Viernes Santo es adentrarse en el corazón mismo de la fe cristiana, donde el dolor, el silencio y la esperanza se entrelazan de manera inseparable.

Desde aquel primer Viernes Santo vivido en Jerusalén, hasta nuestras celebraciones actuales en Totana, la Iglesia ha sabido conservar y transmitir, generación tras generación, el profundo significado de este día. No se trata únicamente de recordar un hecho histórico, sino de actualizar un Misterio que sigue interpelando al hombre de hoy.

Nuestras tradiciones, procesiones y símbolos no son meras expresiones culturales, sino caminos que nos ayudan a comprender y vivir más intensamente la Pasión del Señor. En este recorrido, pasado y presente se dan la mano, invitándonos a contemplar, con fe renovada, el sentido último del sacrificio de Cristo.

1.- ¿Qué ocurrió el primer Viernes Santo?

El primer Viernes Santo conmemora el Misterio de la Pasión y Muerte de Jesucristo, eje central de nuestra fe cristiana.

Tras su captura en el huerto de Getsemaní, Jesús fue conducido ante las autoridades religiosas judías y, posteriormente, ante el procurador romano Poncio Pilato, quien, pese a no hallar en él culpa, cedió a la presión popular y ordenó su crucifixión.

Después de ser azotado y coronado de espinas, Jesús cargó con la Cruz camino del Calvario, en un recorrido marcado por el sufrimiento y la humillación. Allí fue crucificado junto a dos malhechores, y durante sus últimas horas pronunció palabras de perdón, misericordia y entrega confiada al Padre.

Su muerte, acontecida tras varias horas de agonía, constituye el sacrificio redentor de Jesucristo por la humanidad. Este hecho, cargado de profundo significado espiritual, no se comprende de forma aislada, sino en relación con la Resurrección, que tendrá lugar al tercer día y que constituye la base de la esperanza cristiana.

2.- ¿Cómo conmemoramos en Totana el Viernes Santo?

El Viernes Santo, en la celebración de los Oficios, conmemoraremos de forma sobria y austera, pero cargada de simbolismo y solemnidad, la Pasión y Muerte del Señor.

Este es el único día del año en el que no celebraremos la Eucaristía, pero sí tendremos ocasión de comulgar, con la reserva que será depositada en los Monumentos, al finalizar los Oficios del Jueves Santo, y que nos servirá de alimento y fuerza espiritual para nuestro peregrinar en la vida.

En Totana, el Viernes Santo se celebran tres procesiones que nos acercarán con sus imágenes al Misterio que celebramos en este día. En la procesión de la mañana, conmemoraremos la Pasión de Jesús, y en las de la tarde y la noche, su Muerte. En todas ellas rendiremos culto a la Pasión del Señor y al dolor de su madre, la Virgen María.

En nuestra localidad, tenemos muchos simbolismos sumamente arraigados y relacionados con la Semana Santa, pero he de subrayar que estos no son importantes por la idiosincrasia totanera que los caracteriza, sino por el mensaje religioso que transmiten. Dos de estos simbolismos, los encontramos el Viernes Santo: la “Rueda del Caracol” y la “Puntoná”.

La Rueda del Caracol es una danza de porte militar, cuyo origen se vincula al simbolismo del caracol como imagen de la Resurrección en la tradición cristiana. De carácter marcial, esta representación consiste en trazar y deshacer una compleja espiral que refleja el camino vital del ser humano.

En una primera fase, los “Armaos” forman la espiral hacia el interior, simbolizando el extravío del hombre, hasta cerrarse completamente en un punto que representa la muerte. A continuación, la dinámica se invierte: la espiral se deshace, evocando el camino de vida abierto por la Resurrección de Cristo, que guía al ser humano hacia una nueva esperanza.

La Puntoná es otro peculiar y característico ejercicio ejecutado también por los “Armaos”, cargado de simbolismo. Se realiza durante el transcurso de las procesiones de Jueves Santo y Viernes Santo, y expresa el respeto, la entrega y la sumisión del poder terrenal ante la grandeza suprema del Amor de Dios.

3.- Tradiciones de Viernes Santo en Totana, de otras épocas.

En Totana existió hasta mediados del siglo XX una arraigada tradición vinculada al Jueves Santo y Viernes Santo: la visita a los Monumentos, inspirada en la práctica romana de las “Siete Iglesias”, iniciada por San Felipe Neri.

Esta tradición consistía en recorrer distintos templos donde se exponía el Santísimo Sacramento tras los Oficios, rememorando los episodios de la Pasión de Cristo. El itinerario incluía la visita a la Parroquia de Santiago, la Capilla de la Milagrosa, la Parroquia de las Tres Avemarías y el convento de las Siervas de Jesús (convento hoy desaparecido y que estaba ubicado en la C/ Mayor Sevilla).

De los visitantes a estos Monumentos, destacaban por su especial devoción y por su característica vestimenta de dolor negro, las Manolas que, a modo de cortejo fúnebre y recordando a las mujeres discípulas de Jesús, hacían el piadoso recorrido en actitud orante y reflexiva.

Los Monumentos eran elaborados con gran esmero, inicialmente con flores de papel hechas a mano. A partir de los años 70, estas fueron sustituidas progresivamente por flores naturales, especialmente claveles, reflejando la evolución de esta tradición hoy parcialmente conservada.

Para concluir:

El Viernes Santo no debe ser visto sólo como un día de luto, pues es también un día de contemplación amorosa y esperanzada del sacrificio redentor del que brotó la salvación del mundo. En la ceremonia de los Oficios, tras la liturgia de la Palabra, adoraremos la Santa Cruz, la cual será presentada solemnemente cantando tres veces la aclamación:

¡Mirad el árbol de la Cruz,

en donde estuvo clavada la salvación del mundo!

Los nazarenos hemos de aprender que la Cruz no es sólo la expresión del doloroso sufrimiento que padeció Jesús, sino que es, sobre todo, la expresión del Amor supremo que siente hacia toda la humanidad. Por eso, los cristianos decimos que obtuvo la salvación de todos los hombres, la Redención, mediante el sacrificio de su vida entregada en la Cruz.

Sólo quien abraza la Cruz siguiendo el ejemplo de Jesús, experimenta cómo su sufrimiento adquiere sentido pues, aunque no desaparece, se transforma en dolor salvífico. Únicamente con Jesús, la Cruz se transforma en el camino hacia la Luz, y sólo desde su sabiduría se podrá realmente cambiar el mundo.

Todos los acontecimientos que hemos conmemorado a lo largo de los siete días de la Semana Santa, sólo encuentran su verdadero sentido y significado en la celebración del Domingo de Resurrección. Este siempre ha sido, es y será, el verdadero motivo de la celebración de nuestra Semana Santa.

Detalle de la Piedra de la Unción, que se halla a los pies del Calvario. Sobre esa losa de piedra fue colocado el cuerpo de Jesús antes de trasladarlo al Sepulcro, Foto 1
Detalle de la Piedra de la Unción, que se halla a los pies del Calvario. Sobre esa losa de piedra fue colocado el cuerpo de Jesús antes de trasladarlo al Sepulcro
Detalle de la Piedra de la Unción, Foto 2
Detalle de la Piedra de la Unción
Al lado de la piedra de la Unción, un mural de mosaico nos narra de forma visual, el final de la Pasión de Cristo: Descendimiento, Unción y Sepultura., Foto 3
Al lado de la piedra de la Unción, un mural de mosaico nos narra de forma visual, el final de la Pasión de Cristo: Descendimiento, Unción y Sepultura.
Justo a la derecha de la entrada principal de la Basílica del Santo Sepulcro, se encuentran las escaleras que conducen al Gólgota o Monte Calvario, que se eleva unos cinco metros sobre el nivel del suelo de la iglesia. Estas escaleras flanquean lo que queda de la roca original del Calvario., Foto 4
Justo a la derecha de la entrada principal de la Basílica del Santo Sepulcro, se encuentran las escaleras que conducen al Gólgota o Monte Calvario, que se eleva unos cinco metros sobre el nivel del suelo de la iglesia. Estas escaleras flanquean lo que queda de la roca original del Calvario.
Detalle de la fachada principal del edículo que construyeron los cruzados en el siglo XII sobre la cueva del Sepulcro, Foto 5
Detalle de la fachada principal del edículo que construyeron los cruzados en el siglo XII sobre la cueva del Sepulcro
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