Un hermanamiento con corazón

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Un hermanamiento con corazón

Murcia tiene hermanamientos con quince ciudades repartidas por varios continentes, el último con Santa Maria Capua Vetere (Italia), ciudad natal de Nicolás Salzillo, firmado en Murcia el 25 de noviembre de 2025 y rubricado en la ciudad italiana el 5 de mayo de 2026.

Los hermanamientos se firman con el compromiso de establecer relaciones de amistad entre los pueblos, expresadas mediante intercambio cultural, turístico, comercial, etc., tal fue el propósito de esta figura surgida en el ámbito europeo tras la traumática Segunda Guerra Mundial. Sin duda, se hacen con las mejores intenciones, pero, en el caso de Murcia, qué huella han dejado hermanamientos como el de Quzhou (China), Irapuato (México) o Solapur (India), por nombrar algunos. La mayoría son desconocidos por los murcianos.

Es, sin embargo, el de Santa María Capua Vetere un hermanamiento vivo, con un camino recorrido y mucho horizonte por delante. Fundado en base al potente vínculo que propicia Nicolás Salzillo y su hijo Francisco —este último, columna vertebral de nuestro patrimonio barroco—, se ha forjado con el trabajo de la sociedad civil (como le gustaba resaltar a Ballesta) durante 20 años, desde que en 2006 descubrí el apunte del bautismo de Nicolás Salzillo. Amigos de Santa María y amigos murcianos hemos ido tejiendo lazos de amistad a través de la investigación sobre Nicolás y su familia de carpinteros, comerciantes y clérigos; exposiciones, conferencias, artículos y viajes de italianos para conocer Murcia y el Museo Salzillo, e incluso, visitas de alcaldes sucesivos de aquella ciudad (Giancarlo Giudicianni y Antonio Mirra), que han sido recibidos por nuestros alcaldes, Miguel Ángel Cámara primero y José Ballesta después.

En abril de 2019, el alcalde de Santa Maria Capua Vetere vino con su familia a Murcia para conocer, por fin, el Museo Salzillo y los desfiles procesionales. Mantuvo su viaje a pesar de que se anunciaba un temporal histórico, tanto fue que, para su desolación, no pudo presenciar ninguna procesión. Era un viaje privado, pero Ballesta, conocedor de su presencia en nuestra ciudad, propició un encuentro en La Glorieta, dándole el rango de solemnidad merecido, pero también la llaneza y familiaridad en la que nuestro alcalde era un maestro. La sintonía entre ambos fue inmediata y no necesitaron muchas palabras para llegar al compromiso de hermanar las dos ciudades salzillescas antes de acabar sus respectivas legislaturas. Lo han cumplido.

Este es un hermanamiento que palpita, porque hay mucho corazón puesto entre los dos pueblos. Muestra es la corriente de murcianos que están viajando a Santa Maria Capua Vetere; la voluntad de la Universidad de aquella ciudad de potenciar el convenio erasmus con Murcia, o el propósito de los Salzillo italianos de venir a Murcia y conocer a los descendientes de Francisco Salzillo, que los hay, y muchos, aunque no lleven el ilustre apellido.

Otro ejemplo de lo genuino de este hermanamiento es el encuentro de celebración que tuvimos en Santa Maria Capua Vetere, unos días después de los actos oficiales, con una de las familias Salzillo que más han “conectado” con Murcia. Se sienten orgullosos de su apellido y ya están organizando su viaje para conocer las obras de su “pariente” Nicolás y encontrarse con sus “primos” murcianos. En la foto de familia, Salzillos de S. Maria y murcianos, ante el Teatro Garibaldi, donde se celebró el acto de hermanamiento. En el centro del grupo, el último bambino en llegar a la familia Salzillo, el pequeño Nicola: después de 325 años de la venida a Murcia del escultor veremos llegar a otro Nicolás Salzillo. 

La triste noticia del fallecimiento del alcalde José Ballesta, que no pudo cumplir su deseo de estar en Santa María Capua Vetere para firmar personalmente el hermanamiento, nos golpeó en plena celebración. Amó la ciudad de Nicolás Salzillo, sin conocerla. Que Dios lo tenga en su Gloria.  

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