El pasado viernes, 21 de agosto, en el templo de Santa María, en la hermana población de Aledo, a la que nos unen vínculos de cariño y veneración, en el contexto de sus fiestas patronales, José Antonio Sánchez Pravia presentaba, arropado del afecto y la estima de vecinos y amigos, la obra que lleva por título, "Templos de Aledo. La iglesia de Santa María y las ermitas de San Sebastián, San Cristóbal y San Agustín". Se trata de una cálida invitación a acercarse al templo principal de la villa, al igual que a aquellas otras sencillas construcciones religiosas, extramuros de la población, hoy desparecidas, pero que ofrecieron amparo, protección y seguridad a sus moradores durante siglos.
Esta composición, tejida desde el corazón, nace de la sabiduría serena y reposada del arqueólogo Sánchez Pravia, de su fecundo quehacer fraguado en el estudio lento, minucioso e impregnado de rigor que caracteriza su profesionalidad en esa disciplina y que él ha transmitido a sus escritos en los diversos campos de la investigación histórica, convirtiéndose en imprescindibles fuentes de consulta sus valiosas y meritorias monografías.
La iglesia de Santa María necesitaba un aliento firme y fundamentado para afrontar su análisis, pero también enraizado en el amor a tan emblemático referente de la vida material y espiritual de los aledanos, hombres y mujeres forjados en la lucha, en el esfuerzo, celosos custodios del legado que los constituye. Con esmerado cuidado han sabido conservar tradiciones e incorporar otros programas argumentados con tan excelso contenido que transcienden los límites de lo local. Tiene ese enclave la fragancia de lo hogareño, de lo auténtico, el suave bálsamo que va otorgando el imparable discurrir del tiempo, cuando, además, está fecundado por la creatividad, por el espíritu de colaboración, por la generosidad que define a sus vecinos. Con profunda admiración y reconocimiento seguimos los logros de la villa, las iniciativas de sus gentes, sorprendiéndonos por la grandeza con que brota todo aquello que se tamiza en el carácter diligente y cuidadoso que los significa.
En este cauce de consideración a tan relevantes logros nos alegra intensamente contar con un estudio cercano, vibrante de belleza y arropado de fidelidad como el que ha presentado Sánchez Pravia. Recordar e identificar el sentido de muralla espiritual que creaban las ermitas extramuros, salvaguardando el cercado defensivo de sus paramentos y otorgando certezas a sus gentes, revela la fortaleza que emana de la fe, el impulso que mueve la existencia al depositar las esperanzas en el auxilio de lo divino. El témenos que ya aglutinara al mundo griego en torno a sus templos, se hace realidad también en este modo con que los aledanos de los siglos XV y XVI quisieron plantear su existencia.
Esta publicación convoca a saborearla, a deleitarse en la limpieza de su diseño, en la claridad de su maquetación, en los delicados detalles que la complementan y, especialmente, en un texto que habla directamente al alma, apoyado en documentos y testimonios de solidez. Todo ello sitúa al lector ante un amplio horizonte de oportunidades para entender y valorar tan preciada herencia. El encuentro con las expresiones artísticas que forman parte del patrimonio del templo parroquial de Santa María, con su configuración arquitectónica, a la vez que descubrir la vitalidad de una comunidad creyente, comprometida y solidaria, son fascinantes incentivos para adentrarse en esta obra.
Juan Cánovas Mulero
