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Resistiré la fatiga pandémica

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Por María José Campillo, médica de Familia y vocal de Médicos de Ejercicio Privado del Colegio de Médicos de la Región de Murcia

Resistiré la fatiga pandémica

Ha pasado un año ya desde que el SARS-COV-2 -más conocido popularmente como coronavirus- llegó a nuestras vidas. Ha sido un largo año que se nos ha hecho a todos muy cuesta arriba y en el que hemos tenido que aprender a vivir con emociones y sentimientos que nos eran, en gran parte, desconocidos. El miedo y la incertidumbre se han apropiado de nosotros. Un miedo ya no solo a contagiarnos, sino a contagiar a nuestros seres queridos y a los más vulnerables. Y la incertidumbre de no saber qué pasará mañana, sin poder hacer planes ni tan siquiera a una semana vista.

Pero también dio un paso al frente la valentía de todos aquellos que, en los peores momentos, no dudaron en mantener el país en pie. Aquellos que, para salvar vidas, continuaron trabajando en el sector de la alimentación, la limpieza y desinfección, quienes ayudaban a sus vecinos más frágiles a hacer la compra, aquellos que confeccionaban mascarillas para todos cuando no había…

Todos hemos conocido la solidaridad y generosidad de aquellos que donaban todo lo que podían para ayudar. Los que cocinaban para aquellos que no podían, los que transportaban enfermos en situaciones de extrema necesidad…

Ha sido un año muy duro para todos, cada uno con sus circunstancias propias, y a los envites del virus, se ha sumado el desempleo, la quiebra de demasiados negocios, cierres de empresas, dificultades para poder sostener los meses de paralización de la actividad económica. Muchos han gastado sus ahorros y ya no tienen más. Muchas personas que jamás se habían visto en una situación de necesidad, engrosan ahora las "colas del hambre".

El virus nos ha obligado a abandonar nuestras zonas de confort, nuestras vidas más o menos- planificadas. La COVID19 nos ha hecho enfrentarnos al hecho de que no podemos controlar la naturaleza y de que, en pleno siglo XXI, cuando disfrutábamos de una "falsa tranquilidad" y pensábamos que las grandes epidemias eran "cosa del pasado", ha llegado una de las peores crisis sanitarias de la historia de la humanidad. El virus ha puesto en jaque a los seres humanos a lo largo y ancho del planeta y ha modificado nuestras formas de vida.

Ante esta situación, frente al miedo y la incertidumbre, hay distintas formas de enfrentarse. Diferentes métodos de supervivencia. Algunos prefieren negar la realidad y asegurar que nos encontramos ante una conspiración mundial que pretende controlarnos a todos no se sabe para qué o por qué-. Lo triste de las teorías negacionistas es que equivalen a que creer que quitarte un reloj detiene el paso del tiempo.

La pandemia es una realidad. Si no quieres aceptarlo, lo único que consigues es exponerte a un mayor riesgo para ti y para las personas de tu entorno por no haber tomado las medidas de prevención del contagio.

También hay quien piensa que es mejor contagiarse y acabar cuanto antes. Este tampoco es el camino adecuado. Más bien, todo lo contrario.

Durante este año, hemos ido avanzando en el conocimiento del virus. Y seguimos haciéndolo. Hemos avanzado en los tratamientos. Hemos conseguido reducir la mortalidad en un 40%. En estos momentos, varios tratamientos están en fase de ensayo clínico y, a corto plazo, pueden cortar la transmisión del coronavirus, disminuir la carga viral y evitar complicaciones. Lo más interesante es no contagiarse y seguir esperando a que dispongamos de un arsenal terapéutico que, cada vez, será mayor y mejor.

Sobre la vacuna, también escuchamos todo tipo de teorías: que si nos va a provocar otras enfermedades, que si no sabemos si es segura o efectiva, que si sus componentes hacen no se qué… De nuevo, la conspiración mundial, en esta ocasión en versión vacunas.

La comunidad científica ha garantizado que las vacunas son seguras y los médicos, que somos los que velamos por la salud de los ciudadanos, la recomendamos sin fisuras.

La vacuna contra el COVID no es una excepción. Su proceso de fabricación ha sido más rápido que otras vacunas dada la urgencia de combatir esta pandemia mundial. Se ha financiado potentemente y se han acelerado todos los procesos para poder empezar, cuanto antes, a inmunizar a la población. Además, se ha agilizado la burocracia para que no haya más retrasos de los necesarios.

Como en el caso de todas las vacunas, se desconoce cuánto durará la inmunidad hasta que no lleve años funcionando, porque esto se conoce siguiendo el comportamiento de una serie de personas que han sido vacunadas y de las que se mide la inmunidad cada cierto tiempo. Este control se hace con todas las vacunas.

Israel ha sido el país que, por el momento, ha vacunado a un tanto por ciento más elevado de su población y ya está comprobando el efecto beneficioso de las vacunas contra el COVID. Su número de contagiados está descendiendo de forma espectacular con solo la primera dosis de la vacuna administrada.

Curiosamente, las personas que se manifiestan como "antivacunas" no proponen ninguna solución alternativa, excepto la negación de la pandemia. Está demostrado que esta teoría no ha impedido muertes ni ingresos por COVID.

También podríamos pensar que vamos a tardar mucho tiempo para conseguir que la situación mejore o cambie y que ya no podemos más. Lo cierto es que no es así. Mientras conseguimos vacunar a la población suficiente para alcanzar la inmunidad de rebaño y puesto que la vacunación ha empezado en los más vulnerables, el panorama ya puede ir cambiando porque conseguiremos reducir la mortalidad en poco tiempo y evitar la cantidad ingente de ingresos hospitalarios que conducen al colapso sanitario.

Aunque no consigamos vacunar a la mayor parte de la población en pocos meses, sí que iremos mejorando y avanzando en ese proceso de inmunización de la población. Este proceso es largo porque la vacuna tiene que llegar a todos y somos muchos.

Aunque estés cansado de esta pandemia, harto de las restricciones y de la situación, hay razones para la esperanza. Estamos más cerca de salir de esto y, hasta entonces, tenemos que seguir protegiéndonos: usa correctamente la mascarilla, lávate frecuentemente las manos, ventila los espacios cerrados, evita las aglomeraciones y las interacciones sociales innecesarias, guarda la distancia de seguridad y no desesperes: ya queda menos para el fin de esta pesadilla.

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